Herberth Cuba

Debate electoral, agenda, realidad y salud

La salud quedó excluida de la agenda del debate

Debate electoral, agenda, realidad y salud
Herberth Cuba
03 de abril del 2026

 

Ha concluido la última ronda del debate entre candidatos presidenciales organizado por el Jurado Nacional de Elecciones. El Centro de Convenciones de San Borja –con transmisión televisiva en vivo, durante dos fases, la primera del 23 al 25 de marzo y la segunda del 30 de marzo al 1 de abril– fue el escenario de la participación de 34 de los 36 candidatos, distribuidos en hasta 12 candidatos por fecha. Dos no participaron: uno que falleció durante la campaña y el otro, por tener orden de captura en su contra. Ambos partidos cuyos líderes no participaron, quedaron en una situación desventajosa porque continúan en la contienda electoral y el Jurado Nacional de Elecciones no ha organizado alguna propuesta alternativa para que los ciudadanos conozcan esas propuestas.  Los temas abordados, que según el Jurado Nacional de Elecciones fueron aprobados por los propios partidos políticos, han sido: seguridad ciudadana, lucha contra la corrupción, educación, innovación y tecnología, y empleo, desarrollo y emprendimiento. 

El contexto en que se produce el debate dentro del proceso electoral, en primer lugar, es de polarización política, con matices irreconciliables, bajo consignas incluidas entre derecha e izquierda y el concepto “anti” (anti-fujimorismo, anti-caviar, anti-aprismo, etc.). En segundo lugar, en la desconfianza de la población en la política y en los políticos. La percepción difundida es que los políticos usan la política para defender su propio interés. En tercer lugar, se percibe un cansancio en la gente por la confrontación estéril y el “juego de tronos”, rotación de puestos y reparto de influencias, fuera de los recintos oficiales asignados al debate político.  En cuarto lugar, desmotivación para la participación ciudadana debido a los sucesivos cambios de presidentes, sin mayor impacto en la solución de sus demandas. Se sienten como fichas del gatopardismo, es decir, de los políticos que en la búsqueda de que todo siga como está, plantean que se cambie todo, aunque sea en apariencia. 

En quinto lugar, la población sufre el alza del precio de combustibles y su impacto en la economía familiar, debido a los conflictos geopolíticos, que se sumaron a incidentes internos, como la rotura del ducto del gas de Camisea o el “accidente” del oleoducto de la selva norte, sin que se perciba preocupación o salidas por parte de los políticos.  En sexto lugar, en el fragor de la confrontación política, la población ha perdido la capacidad de discernir entre verdad y mentira, por tanto, busca fuentes confiables y evaluación crítica, sin embargo, esa tarea es compleja debido a la cantidad de candidatos a la presidencia y de listas al Congreso. Los análisis que circulan en las redes sociales no son ajenos a los intereses de los propios partidos políticos. En séptimo lugar,  debido a la dispersión del voto que se avecina, la población percibe que el candidato que gane las elecciones presidenciales debe tener dotes de “negociador y concertador”  y un norte claro y sistémico que le permita ejercer liderazgo y pueda sobrevivir. Los demás atributos propios del cargo de presidente depende, eso sí,  de las preferencias de los electores.  

El debate, ha recibido críticas, por un lado, por su formato, con tiempos escuetos de un minuto para la exposición temática, 2.5 minutos para la interacción entre candidatos, 1.5 para respuestas a las preguntas de los ciudadanos seleccionados por el Jurado Nacional de Elecciones y 1 minuto para el mensaje de cierre.  Si bien es cierto que el formato permitió conocer a los candidatos, evaluar sus propuestas genéricas y, sobre todo, su habilidad conceptual en el desarrollo de estas. También es cierto que la falta de tiempo obligó a dejar de lado las propuestas técnicas y que se fomente la utilización de aspectos superficiales, de frases hechas y ataques personales. Por otro lado, por los temas abordados se evidenció una desconexión de los candidatos con las aspiraciones y deseos de la población. Además, el Jurado Nacional de Elecciones ha atribuido a los partidos políticos la agenda del debate, por tanto, se ha transmitido la idea de que se han puesto de acuerdo para no debatir los temas “de fondo” que afectan a la población y al país. Por ejemplo, la geopolítica en un mundo cada día más convulso, la economía y las reformas estructurales, en áreas como la tributación y la infraestructura logística, agua y saneamiento; sistema de pensiones; descentralización y gobiernos regionales, conflictos sociales y minería, los derechos laborales; la salud; y otros más que quedaron excluidos o ausentes del debate. 

El tema de la salud es el ejemplo más evidente de la desconexión del debate de los candidatos a presidencia con la población. La exclusión de la agenda de debate muestra, en primer lugar, el "desprecio" a las preocupaciones ciudadanas, más aún, cuando persiste la crisis sanitaria. En segundo lugar, el cálculo en el acuerdo político de la agenda, para que los candidatos no sean criticados por el manejo de la pandemia y de la crisis sanitaria durante el debate. En tercer lugar, la justificación del Jurado Nacional de Elecciones demostró su falta de responsabilidad para asegurar un debate de acuerdo con las necesidades, intereses y aspiraciones del país y su población. En cuarto lugar, al estar fuera de la agenda, el tema de salud fue abordado en modo tangencial, sin análisis serio y sin propuestas. En quinto lugar, se ha generado malestar social, con afectación de la estabilidad y la previsibilidad del futuro gobierno,  sobre todo, el tema de EsSalud y la precariedad sanitaria de los trabajadores y la falta de acceso a medicamentos. En sexto lugar, se ha ocultado o silenciado, las propuestas de los candidatos para lograr la cobertura universal de salud, el sistema unificado de salud, las redes integradas de salud y el fortalecimiento del primer nivel de atención de salud, el incremento del gasto público en salud en al menos el 6% del Producto Bruto Interno y el fortalecimiento del Seguro Integral de Salud hasta universalizar la seguridad social. En sexto lugar, ha quedado fuera el acceso a los medicamentos, más aún, luego del escándalo de la escasez de insulina y el drama de los pacientes para conseguirla. En séptimo lugar, ausencia de inversiones para el cierre de brechas en infraestructura, equipos, insumos y recursos humanos. 

La exclusión del tema de salud de la agenda del debate de candidatos a la presidencia demostró que la población pobre y vulnerable, así como, los trabajadores y servidores que dependen del sistema público de salud no han sido, ni son una prioridad para la agenda política, ni para el futuro gobierno. ¡Aún hay tiempo para enmendar!

Herberth Cuba
03 de abril del 2026

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