Gustavo Rodríguez García
Cuidado con las buenas intenciones

Discurso tradicional de defensa del consumidor es engañoso e indolente
Usted ha visto películas. La escena es la siguiente: un grupo terrorista acaba de tomar cómo rehenes a los pasajeros de un avión comercial y amenaza con estrellar el avión si no se les paga una suma descomunal de dinero. El presidente de los Estado Unidos debe decidir qué hacer. Alguien levanta la mano y le propone pagar porque eso mejoraría las probabilidades de los pasajeros de salir vivos. El presidente responde que el gobierno no negocia con terroristas. ¿Se le ocurre el porqué es correcto que el gobierno no negocie con terroristas? Piense que la negociación incrementa las probabilidades de que los pasajeros salgan vivos. El problema es que eleva las probabilidades de que otros pasajeros sean tomados como rehenes en el futuro.
Para regular se necesita mucho más que buenas intenciones. Se necesita haber efectuado un análisis cuidadoso de las consideraciones técnicas correspondientes y de las consecuencias no queridas que podrían producirse por haber regulado de la forma en que se hace. En el Perú, la regulación suele sustentarse en dos consideraciones: las anécdotas y las buenas intenciones. Ninguna funciona bien. Tome por ejemplo un caso obvio: la denominada ley de comida chatarra, que en realidad no es más que legislación chatarra. La ley pretende mejorar la salud de los niños y adolescentes exponiendolos a productos que podrían ser bastante más dañinos que ciertos productos industrializados.
En nuestro país hay gente que vive de haberle vendido a los consumidores la idea de que deben ser protegidos porque son débiles, en lugar de venderles la idea de que deben ser responsables porque es lo que permite generar riqueza. Hace algunos meses publiqué un libro titulado "El consumidor en su isla" (Universidad del Pacifico, 2013). En ese libro discutí esta idea: el sistema de protección al consumidor de nuestro país, en la forma en la que está estructurado, nos conduce a resultados adversos para la gente a la que queremos proteger. Ha llegado la hora de que los consumidores sepan la verdad: el discurso tradicional de los organismos de defensa del consumidor hace poco por defenderlos. Es engañoso e indolente. En especial cuando se aproximan los periodos electorales. Resulta necesario e importante decirle a la gente que tenga cuidado con las buenas intenciones.
Por Gustavo Rodríguez García
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