Ángel Delgado Silva
Cuando a la trampa se le denomina pacto
Se debe desenmascarar la entraña totalitaria de la reforma política

Sí, pues; en un santiamén los incautos vocacionales, deslumbrados por el “pacto” anunciado el 28, olvidaron sus acerbas críticas antigubernamentales. Presurosos y entusiastas, se apuntan para ingresar al nuevo tiempo concertador, entretanto la pandemia hace de las suyas en el día a día y la crisis económica ahoga las expectativas de futuro. ¡Oh maravilla! Asistimos a la apertura de un escenario para pensar las políticas en el largo plazo y lograr acuerdos trascendentales, mientras la gente sucumbe ante las olas de mortandad, los contagios que no cesan y la angustia por el desempleo de consuno con el hambre.
Con qué rapidez los actores políticos, que debieran estar conectados con los problemas cotidianos, se enganchan con las cuestiones abstractas e intemporales. Parecen huir de las urgencias de la hora, que los fatigan. Y se justifican reflexionando sobre las visiones del mañana, que los solaza. No diremos que es impropio atisbar más allá de la coyuntura, pero cuando cuatro de los cinco puntos del “pacto” son réplicas del Acuerdo Nacional –es decir, políticas de Estado desde el 22 de julio del 2002– advertimos un diletantismo fraudulento que adrede busca desenfocarnos de la realidad.
Pero más grave que este embeleco distractor es la petulancia vizcarrista de volver eternas sus “reformas políticas”. En efecto, el susodicho “pacto” pretende amarrar a las futuras generaciones a los estropicios institucionales cometidos. A esas contrarreformas en esencia, cuya intención era erigir un régimen autocrático sin equilibrio de poderes, con parlamentos arrumbados, política judicializada, jueces y fiscales sometidos, partidos de pacotilla, prensa parametrada, etc.
Las fuerzas democráticas no pueden atizar este juego continuista y pérfido. No solo se debe desenmascarar la entraña totalitaria de estas seudo reformas, sino impedir que se perpetúen más allá del propio Vizcarra. Este sueño propio de los dictadores, de perdurar en el tiempo, deberá ser disipado sin contemplaciones, porque no es constitutivo de la tradición republicana, en la que persistimos por casi doscientos años. Reivindicamos el derecho de los pueblos a la alternancia, a la diversidad y a escoger su propio camino con plena libertad. ¡Ninguna hipoteca para el porvenir!
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