Giancarlo Peralta
Congresistas de oposición al Perú
Boicotean el desarrollo del país

Para algunos, resulta curioso ver a un grupo de congresistas de izquierda, de todo calibre, abriéndose paso entre una multitud que no superaba las cien personas en el valle de Tambo. Esos mismos congresistas se apresuran a agruparse cada vez que aparece alguna iniciativa que se orienta a la reducción de la pobreza.
Parece que compitiesen por ser el primero en traicionar al Perú. Se presentarán ante la opinión pública como defensores del ambiente, aire, mar y tierra, cuando su verdadera intención es lo que cínicamente han manifestado personajillos que lograron colocarse la banda presidencial de sus respectivos países: “Si sacamos a la gente de la pobrez, se convierten en clase media y dejan de votar por nosotros”. Clarísimo, la izquierda necesita de los pobres para sobrevivir en el espectro político.
El cinismo es tan grande que lo manifiestan abiertamente, sin tapujo alguno, sin el menor rubor; pero no toman en cuenta que cada vez que logran sus objetivos millones de seres humanos son condenados a la miseria, a la necesidad de huir de sus países. Como los siete millones de ciudadanos venezolanos que deambulan por el mundo gracias al Socialismo del Siglo XIX.
Lo que se olvidan estos representantes es que los peruanos no son colectivistas, se reúnen con fines pragmáticos, participan de la invasión de terrenos –privados o públicos– para acceder a un área donde vivir, no buscan donde compartir, con excepción de su propia familia extensa. Por más costoso y esfuerzos que le represente, el pobre del Perú sabe que requiere alcanzar objetivos básicos como el acceso a la vivienda y al agua, inicialmente. Porque dicho espacio significa el primer paso para instalar un taller y empezar a actuar como un capitalista más. Si le es necesario recurrirá al apoyo político para lograrlos.
Por lo que el pobre que logra superar su actual condición rechaza los movimientos de izquierda. Más todavía si se identifican con el grupo “caviar” hablan, ponderan realidades que han visitado con el dinero aportado por todos los ciudadanos honestos que pagan sus impuestos.
Presentarse ante un grupo de pobladores como sus representantes, vociferar, alardear oposiciones, etc. cuando es conocido que si esos parlamentarios se presentasen a una reelección difícilmente volverían a ser electos porque en realidad no representan nada más que una formalidad embadurnada de democracia.
Diferente sería el resultado si los congresistas que boicotean el desarrollo del país propusiesen y respaldasen la generación de puestos de trabajo, porque el trabajo genera ingresos y éstos resultan indispensables para que un jefe de familia –varón o mujer– pueda proporcionar calidad de vida de manera sostenible para las próximas generaciones.
Tengamos presente que los congresistas que comparten la misma ideología se opusieron al gas de Camisea, se oponen al desarrollo de proyectos mineros, pero no se les escucha gritar, salir a la calle o protestar si la minería ilegal y delincuencial irrumpe la jornada de trabajadores honestos en la provincia de Pataz en la región La Libertad. Tampoco los hemos escuchado encresparse si se trata del narcotráfico. O, será que, además de ideologías ¿comparten los frutos de estas actividades ilícitas?
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