Jorge Varela

Cómo superar nuestra fragilidad

La pandemia del Covid-19 y sus consecuencias

Cómo superar nuestra fragilidad
Jorge Varela
01 de abril del 2020


Nadie ha pintado con tanta perfección a la humanidad ausente de este siglo como el Covid-19. Se trata de un cuadro casi irrealista, pero demasiado real, que muestra el vacío y la soledad de calles desiertas y silentes, donde no se ven hombres ni mujeres. El virus que comenzó asolando a Wuhan ha puesto al hombre contemporáneo ante un desafío de grandes dimensiones; un desafío múltiple de tipo biológico, social, económico, político, cultural, espiritual, ético.

En pleno avance de la pandemia que se expande como plaga por el planeta Tierra es difícil evaluar todos sus disímiles alcances y consecuencias, las que van más allá del descontrol, el pánico y el miedo irracional, expresiones enfermizas de la inseguridad que nos agobia como habitantes de un mundo estremecido.

No es solo la vida y la supervivencia de millones de seres la que está en peligro en estos instantes, también están en riesgo las formas futuras de convivencia, las diversas estructuras de la sociedad y de los Estados, el funcionamiento de los sistemas económicos, de los organismos internacionales, y hasta la supremacía de los principios valóricos, la vigencia de las normas y la convicción de las creencias. Ni la globalización, ni el liberalismo, ni el socialismo en sus variadas formulaciones, ni la democracia, ni el totalitarismo han permanecido inmunes a los efectos de este azote mundial. 

 

Miradas, esperanzas y visiones de pensadores 

Varios filósofos contemporáneos han abordado la crisis actual desde enfoques distintos. Slavoj Zizek sostiene que “el punto es reflexionar sobre el triste hecho de que necesitamos una catástrofe para repensar las características básicas de la sociedad en la que estamos viviendo”. Es "una señal" de que la humanidad no puede vivir más como de costumbre y que es necesario un cambio radical”. "Quizás otro virus, ideológico y mucho más beneficioso, se propague y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global… el dilema al que nos enfrentamos es barbarie o alguna forma de comunismo renovado”. Aunque Zizek reconoce que “la vieja lógica autoritaria de los comunistas en el poder también ha demostrado sus limitaciones”. (RT, 29 de febrero de 2020)

A su turno, Byung-Chul Han afirma que el capitalismo no será derrotado, pero “habrá que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad”. Según Byung-Chul Han, aunque el virus no remecerá a China, en todo caso Pekín podría exportar su modelo de control policial basado en la vigilancia digital y que le ha permitido manejar exitosamente la epidemia. “Ojalá que tras la conmoción que ha causado este virus no llegue a Europa un régimen policial digital como el chino”, precisa el pensador sudcoreano. De ocurrir ese escenario, añade, “el virus habría logrado lo que ni siquiera el terrorismo islámico consiguió del todo”. “China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza”. “El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse”. Su conclusión es que ¨ningún virus es capaz de hacer la revolución”. “El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte (…) La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus”.

En tanto, Yuval Noah Harari –autor de Homo Deus–, afirma que “sin la confianza y la solidaridad mundial no podremos detener la epidemia de coronavirus”. Harari refuta a quienes atribuyen la pandemia a la globalización y promueven cerrar fronteras y restringir viajes. “Si bien la cuarentena a corto plazo es esencial para detener las epidemias, el aislacionismo a largo plazo conducirá al colapso económico, sin ofrecer una protección real contra las enfermedades infecciosas”. “El verdadero antídoto contra la epidemia no es la segregación, sino la cooperación” (ensayo, “En la crisis del coronavirus, la humanidad carece de liderazgos”). A juicio de Harari “la epidemia del coronavirus podría marcar un hito importante en la historia de la vigilancia… Podría legitimar y normalizar el despliegue de herramientas de vigilancia masiva en países que hasta ahora las han rechazado”. “La crisis de Covid-19 se perfila como el momento decisivo de nuestra era”. “La historia se está acelerando. El viejo libro de reglas se está haciendo pedazos, y se está escribiendo un nuevo libro de reglas. En el próximo mes o dos, los gobiernos y organizaciones de todo el mundo llevarán a cabo grandes experimentos sociales que darán forma al mundo en las próximas décadas”.

Harari ha declarado: “deseo enfatizar que hemos entrado en un agujero de gusano histórico. Las leyes normales de la historia están suspendidas. Durante algunas pocas semanas, lo imposible es lo ordinario. Eso significa que, por un lado, debemos tener mucho cuidado. Este es un momento en que los tiranos pueden llegar al poder en las democracias, y las distopías pueden fraguarse y ser impuestas. Pero, por otro lado, también debemos permitirnos soñar. Este es un momento en el que se pueden impulsar reformas muy esperadas y, cuando se pueda, reparar sistemas injustos. A finales de este año, viviremos en un mundo nuevo. Espero que sea un mundo mejor”.

 

Reflexiones para superar la fragilidad y construir el futuro

La inseguridad agobiante que invade la psiquis e impide razonar, la falta de certezas que paraliza el ejercicio libre de las voluntades con una eficacia que ya la quisiera el más feroz de los tiranos, conforman la realidad de esta tragedia que provoca muerte, dolor e impotencia. Es la fragilidad de nuestra condición humana que algunos no desean ver y otros no quieren aceptar. El Covid-19 ha desenmascarado a los sistemas que rigen en nuestras sociedades –desnudando sus límites, sus miserias y contradicciones–, y ha puesto en jaque a las ideologías y a los gobernantes actuales. 

¿Estamos ante el desarrollo hostil de una de las tantas fases de la evolución natural de la que formamos parte? ¿Cuánta responsabilidad nos cabe en lo que ocurre, como individuos de una especie que ha engendrado una civilización idiota, insensible y soberbia? ¿Seremos capaces de comportarnos como personas que se califican de inteligentes y solidarias, o sería mejor que la vida prosiga su curso inexorable e infinito, que requiere de la muerte para trascender más allá del tiempo y del espacio? Sin vida eterna e infinita la humanidad no habría surgido ni existiría, ni podría subsistir; en cambio, la vida ha existido y existirá sin la presencia de esta especie animal dominante, depredadora y contaminante, que se ha creído y se cree superior. Nuestra especie –casi primitiva, atrevida y egoísta–, ni siquiera ha podido conocer hasta ahora los grandes misterios de la mente y del multiverso en el que continúa girando la pequeña y castigada casa azul que todavía nos cobija. 

¿Seremos capaces de construir una sociedad mejor o será que nosotros los humanos no tenemos conciencia, ni moral, al igual que el virus que nos está atacando? ¿Podrá esta humanidad antihumana apostar esperanzada al advenimiento de un futuro construido por generaciones crecidas y criadas en un ambiente en que se respire un aire más puro, felices de compartir su tránsito existencial con semejantes cuya dignidad común consista en no truncar sus proyectos y destinos, sus ansias de libertad, su sed de justicia, su espíritu solidario, su búsqueda sin descanso de lo bueno y lo bello del alma, y su noble afán por lograr aquello que nos incita a volar cada vez más alto y lejos?

Jorge Varela
01 de abril del 2020

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