Juan Manuel Ponce

Aviones versus drones y misiles: ¿qué comprar?

Una aeronave puede ser empleada tanto para la defensa como para el ataque

Aviones versus drones y misiles: ¿qué comprar?
Juan Manuel Ponce
17 de julio del 2026

 

Desde el inicio de las hostilidades entre Rusia y Ucrania hasta el actual conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el mundo es testigo del cambio en el paradigma de la guerra, en el que tanto los drones como los misiles pasaron a ser las estrellas del conflicto. Atrás quedó la guerra Tormenta del Desierto, donde la aviación de combate prácticamente aplastó la resistencia del ejército iraquí; ahora el protagonismo de aquellos lo comparten con tecnologías relativamente sencillas y fáciles de producir, como los drones, así como sorpresas tecnológicas, como los misiles hipersónicos, que hasta el momento son imposibles de interceptar.

Es en este contexto muchas personas se preguntan si aún es necesario realizar la adquisición de aviones de combate y por qué no adquirir drones y misiles, por la eficacia demostrada en estos últimos conflictos. Este tema tiene diversas aristas, tanto a favor como en contra.

A favor de los drones tenemos su facilidad y sencillez de producción. Son baratos de producir. Se puede producir en masa. Esto nos da como consecuencia la capacidad de saturar en el campo de combate y sobrepasar la capacidad de los sistemas de defensa aérea adversarios, con el fin de conseguir los objetivos planteados.

A favor de los misiles tenemos que son más baratos que una aeronave, pueden volar a muy bajas alturas, ocasionando que su detección sea casi imposible por los radares, tienen una alta precisión y vuelan a altas velocidades, llegando a velocidades hipersónicas. Siendo estos últimos virtualmente imposibles de interceptar “hasta el momento” (tenemos que entender que no existe el arma definitiva, solo que su contramedida aún no ha sido creada o adaptada).

Ahora bien, en contra tenemos los desafíos logísticos. Para que los drones cumplan su función no solo se pueden comprar unos cientos de estos, se requiere tener unas decenas de miles listos para ser utilizados, además de una cadena logística que permita su reposición a medida que se vayan usando; acá tenemos diferentes problemas.

El primero es dónde se va a almacenar este material. Al ser explosivos, este requiere ciertas condiciones de humedad y temperatura para evitar que se degrade el explosivo y este se vuelva inestable, lo que puede causar una tragedia, por lo cual se deben construir polvorines especialmente para el resguardo de estos. Por otro lado, para generar la saturación por masa, que es la finalidad de este tipo de armamento, más allá de las condiciones de almacenamiento, también requiere que la distribución y la cantidad de polvorines sea inmensa: “no se puede poner todos los huevos en la misma canasta”.

También está el cambio de doctrina militar para el empleo de estos, así como el entrenamiento del personal, lo que implica contar con cientos o miles de operadores del sistema y que todos, al menos una vez al año, deban realizar un disparo al año; si no, sería como tener un militar con un fusil y no sepa cómo usarlo.

Ahora, si vemos lo que corresponde a reposición, acá también tenemos otro problema: de acuerdo con lo establecido en la ONU respecto a la proscripción de la guerra, se encuentra prohibido vender armas a cualquier país que se encuentre inmerso en algún conflicto, porque por los medios normales no se podría adquirir dicho material, teniendo que recurrir al mercado negro, con los sobrecostos que ello implica.

Una solución radicaría en la fabricación local de los mismos, para lo cual se requeriría no solo contar con los conocimientos técnicos y las diferentes empresas proveedoras que permitan su fabricación local, sino que estaríamos teniendo los mismos problemas con los que actualmente está afrontando Irán. Cabe mencionar que los iraníes cuentan con una capacidad de producción de al menos mil drones Shahed por mes, pero estos dependen de componentes clave que deben importar, por lo que su producción se ve disminuida. Esta situación se puede observar al ver que la intensidad y periodicidad de los ataques han ido disminuyendo a medida que pasa el tiempo. Por esta situación, si nosotros nos decidimos por esta opción, deberíamos ser completamente autónomos y no depender de tecnologías foráneas.

Por el lado de los misiles también presenta los mismos desafíos, tanto en su almacenamiento como en el entrenamiento para su empleo, teniendo presente que el coste de los mismos es muy superior al de los drones y que las condiciones para su almacenamiento son más estrictas, sin contar que este material para ser empleado no es tan sencillo como sacarlo de la caja y usarlo; requiere una cantidad de pasos técnicos para calibrarlos y ponerlos en condición de empleo, para lo cual se requiere de personal altamente calificado para tal fin.

Ahora nosotros debemos entender que en cualquier conflicto armado, sea este focalizado o total, existen reglas y límites impuestos desde las políticas nacionales; parafraseando al general prusiano Carl von Clausewitz, la guerra en la continuación de la política por otros medios, por lo que en nuestro caso nosotros tenemos como política impuesta ser defensivos, por lo que nuestro armamento debe estar en concordancia a la política impuesta.

Por otro lado, no existe ninguna arma capaz de resolver un conflicto por sí misma, mientras exista en la población el deseo de seguir combatiendo en defensa de su territorio. Y acá debemos mirar nuestra aviación de combate y la importancia de contar con aeronaves de caza, ya que los aviones de caza hacen lo que no pueden hacer los drones, que es el resguardo de los cielos, más allá de la capacidad del ser humano y su capacidad de discernimiento, quien al mando de su máquina puede tomar la decisión final de realizar o no un ataque, de acuerdo con las circunstancias.

Además, una aeronave de combate puede ser empleada tanto para la defensa como para el ataque, mientras que los misiles y drones son netamente ofensivos.

Cuando miremos a los aviones de caza no solo los debemos ver desde un punto de vista de la inversión, sino de lo que representan en sí: la presencia y reafirmación de que mantenemos la soberanía de nuestros cielos, convirtiéndonos en una fuerza disuasoria de cualquier mal vecino.

Juan Manuel Ponce
17 de julio del 2026

COMENTARIOS