Guillermo Molinari

¿Áreas por competencias o cursos con solo contenido?

La encrucijada actual del sector Educación

¿Áreas por competencias o cursos con solo contenido?
Guillermo Molinari
02 de noviembre del 2023


   

El Congreso de la República acaba de aprobar la Ley 31900, que afecta al sector Educación. En los últimos meses, el Congreso viene asumiendo un rol más protagónico que el propio Ministerio de Educación en los aspectos pedagógicos e institucionales: normas referidas al nombramiento docente de interinos sin ningún tipo de evaluación (observada por el Ejecutivo), que docentes contratados por más de tres años ingresen directamente a la Carrera pública (observada por el Ejecutivo), la ley que prohíbe la alteración de la gramática y lingüística y enfoque de género en el sistema educativo nacional, la ley que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas (a fin de fortalecer la prevención del acoso escolar) y el decreto legislativo 1218, que regula el uso de las cámaras de videovigilancia. Estas normas afectan lo que en dos décadas se ha avanzado en los ejes de los docentes, de la gestión de instituciones educativas en diferentes niveles y el quehacer pedagógico.

En la Ley 31900, que figura publicada en el boletín de normas legales del diario oficial El Peruano, dispone que los cursos de Educación Financiera y Tributaria, Contabilidad, Economía y Derechos del Consumidor, sean incorporados al listado de materias que regular, legal y anualmente reciben como enseñanza los estudiantes de educación primaria y secundaria. 

Los expertos en educación deberíamos preguntarnos y no guardar silencio de lo que viene sucediendo en el sector Educación. Esta ley muestra un desconocimiento de lo que es manejar un currículo desde un enfoque por competencias como es el actual CNEB, en el que se especifican de los que los estudiantes tienen que alcanzar en el desarrollo de sus competencias y los contenidos siendo importantes se convierten en los disparadores que movilizan las habilidades, capacidades y competencias de los estudiantes en cualquier nivel educativo.

Un currículo por competencias asume el desarrollo de contenidos temáticos que permitan un nuevo tipo de sujeto: autónomo, independiente, cooperativo, capaz de tomar decisiones, de autorregularse, con derechos y deberes, es decir, una persona, una individualidad competente que será capaz de interactuar eficientemente en su medio y enfrentar los retos y desafíos. 

En cambio, cuando nos referimos a un currículo por cursos o por materias, generalmente lo asociamos con diseño, desarrollo, contenidos que pretenden ser aprendidos y enseñados, con finalidades, fundamentos curriculares, modelos de organización del currículo, evaluación, metodologías, etc. Según Da Silva (2004), esta concepción se fundamenta en una teoría tradicional del currículo. 

   

 

Si bien esta forma de concebir la educación a la hora de diseñar un currículo y convertirlo como parte del proyecto educativo del estado, así como de cada institución presenta varias limitaciones. Un currículo no solo es importante por lo que vamos a enseñar, es importante por lo que deben aprender los futuros ciudadanos. El mundo de hoy nos exige que el estudiante de hoy no solo aprenda solo contenidos que le ayuden a desarrollar algunas capacidades cognitivas, lo que se requiere es un currículo que integre los conocimientos, actitudes, desempeños y actitudes en la demostración de las competencias alcanzadas. 

Mientras el mundo cada vez más países articulan sus currículos a partir de las competencias clave que fijan instancias supranacionales, en nuestro país se piensa regresar a un currículo por materias (término cada vez menos utilizado en el mundo educativo).

Coll incidió en la necesidad imperiosa de “renunciar definitivamente a las visiones enciclopédicas” del currículo. Lo cual, dijo, no implica “vaciarlo de contenidos, sino vincular estos a las competencias”. 

 

El informe de la Unesco Aprender a ser, de 1972, ya insistía, explica Valle, en que, ante “un contexto de cambio y acumulación de conocimiento sin precedentes, la escuela tenía que dedicar menos tiempo a transmitir información y más a enseñar modos de acceder a ella y transformarla en conocimiento”. Señores hace 50 años se hicieron estos planteamientos, pero aquí se nos plantea un currículo por competencia que tenga materias ¿Cómo funciona ello? ¿Cómo serán ahora las capacitaciones docentes por competencias o por materias? Podemos seguir haciéndonos preguntas. 

Planteemos lo siguiente: los cinco países con la mejor educación del mundo, ¿cómo lo hicieron? La lista de los países con mejor educación en el mundo ha cambiado drásticamente en los últimos 20 años. Sin embargo, aunque sus sistemas educativos pueden ser muy diferentes entre sí, existe un rasgo académico que todos tienen en común. 

 Para entender mejor qué define a los países con el mejor sistema educativo del mundo, debemos empezar por definir con claridad el concepto de “sistema”, ya que en la mayoría de los casos se tiene una idea sesgada y, con frecuencia, se suele confundir el término. 

Por ejemplo, se suele pensar que un sistema educativo se encarga solamente de lo siguiente: 

  • Transmitir contenidos a los estudiantes a través de clases. 
  • Dichos cursos se dividen por niveles.
  • Los alumnos cursan estos niveles según su edad y conocimientos. 
  • A medida que se aprueban los cursos se obtiene un certificado que avala los conocimientos adquiridos. 

El sistema educativo va mucho más allá, porque en este caso solo estaríamos hablando del “proceso educativo”, pero no de un sistema como tal, y es que, en teoría, un sistema educativo es un conjunto de procesos estructurados por instituciones. El estado se encarga de regular su desempeño según las políticas educativas de cada país, así como los intereses y necesidades de la sociedad.

Los países con mejores resultados en el mundo han comprendido que el currículo constituye un engranaje esencial de la educación moderna. La comprensión de su sentido educativo depende de la comprensión que a su vez tengamos del fenómeno educativo en general. Y es aquí donde precisamente existe un problema. 

El desarrollo de las competencias es fundamentalmente resultado de los procesos de aprendizaje que el individuo es capaz de realizar a partir del aprovechamiento de su propia experiencia. De tal modo son, en lo esencial, “el fruto de una experiencia buscada y explotada activamente por aquel que participa en ella” (Lévy-Leboyer 2002, p. 133)

No ponerse de acuerdo sobre lo básico imprescindible que deben aprender todos los alumnos cuestiona la existencia misma de un proyecto social compartido. Hay que tener en cuenta que una misma capacidad o competencia puede desarrollarse o adquirirse a menudo a partir de saberes distintos, o al menos no totalmente idénticos. Una competencia es la capacidad para responder a las exigencias individuales o sociales o para realizar una actividad o una tarea.

El cómo debemos enseñar a los alumnos para favorecer al máximo sus procesos de aprendizaje no es ajeno a qué queremos que aprendan y por qué queremos que lo aprendan. Mientras el mundo camina en el sentido de la internalización del currículo como aspecto central del desarrollo y crecimiento de las naciones y en el que las competencias que le permita al futuro ciudadano integrarse a las diferentes realidades y contextos.

Aunque no es fácil aceptar una conceptuación del término competencias podríamos reconocer que supone la combinación de tres elementos: a) una información, b) el desarrollo de una habilidad y, c) puestos en acción en una situación inédita. La mejor manera de observar una competencia es en la combinación de estos tres aspectos, lo que significa que toda competencia requiere del dominio de una información específica, al mismo tiempo que reclama el desarrollo de una habilidad o mejor dicho una serie de habilidades derivadas de los procesos de información, pero es en una situación problema, esto es, en una situación real inédita, donde la competencia se puede generar.

El sector Educación necesita retomar el liderazgo en la conducción de la gestión pedagógica e institucional.

Guillermo Molinari
02 de noviembre del 2023

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