Cecilia Bákula

A una semana del proceso electoral

Llamado a hacer un voto reflexivo

A una semana del proceso electoral
Cecilia Bákula
06 de abril del 2026

 

A una semana del proceso electoral, quizá el más determinante para el futuro del país, un alto porcentaje de peruanos no  decide aún por quién votar ni sabe cómo se debe y puede votar. Ello se debe a la complejidad del panorama electoral, por la cantidad de candidatos; y lo confuso que puede resultar para el elector común tanto la cédula de votación, como la aplicación de los porcentajes para la definición de los ganadores. El concepto de “voto válido” es perfectamente claro; pero aun así, la validez del voto se asocia a la posibilidad de que haya, al momento de votar, muchos errores involuntarios que descalificarán miles de votos, que pueden ser declarados nulos o viciados. Ello se enmarca en la dificultad que implica la enorme cédula de votación, con cinco columnas y más de treinta líneas en las que están presentes las opciones de igual número de candidatos y partidos.

Esto es inédito en el Perú, es grave y tendrá consecuencias para la gobernabilidad a partir del próximo 28 de julio. El gobernante que asuma el poder podría enfrentar, de inicio, la grave realidad de la legalidad versus la legitimidad. Y a esto han llevado muchos de los aspirantes al sillón presidencial, pues ha habido gran incapacidad para formar alianzas que debieron ser una opción privilegiada de acuerdos y entendimiento, dejando de lado el mesianismo nefasto, el personalismo de muchos, la poca visión de futuro de otros y la ambición de no pocos.

No obstante el panorama incierto que significa estas elecciones y la manipulación de muchas de las encuestas que pretenden orientar –intencional y mercantilistamente– el voto de los indecisos; el resultado nulo de las fechas de debate y la ambigüedad que se ve en muchos de los planes de gobierno a lo que se agrega la oferta imposible y las promesas fáciles de los candidatos, están llevando a la población a enfrentar un minuto ante la cédula de votación, sin que se tenga una opción preferente definida y más bien una sensación de “voto porque tengo que votar”. 

Percibo un gran desánimo en los jóvenes que se expresan mayoritariamente a través de las redes sociales y eso que antes se llamaba el “quemeimportismo” aparece ahora como una gran indiferencia ante el futuro pues parece que no se toma real conciencia de que votar implica ejercer un derecho, pero, sobre todo, significa asumir una responsabilidad.

Sin duda habrá una segunda vuelta y si bien en la primera fecha, muchos votaremos por convicción, habrá los que opten por una decisión tomada en ese instante, lo que significa que, en una segunda vuelta, optaremos por el mal menor o por el anti histórico que ha marcado los últimos procesos electorales.

Estamos jugando el futuro de una inmensa cantidad de ciudadanos que en estas últimas décadas han visto esfumarse su posibilidad de ser parte de una nueva clase media pues la informalidad va ganando terreno y con ello, el crecimiento necesario no se dará en las cifras y porcentajes que se requiere. Parece que nos contentamos con señalar que a nivel macro, las cifras nos son favorables y la estabilidad económica se mantiene como una buena realidad, pero no es eterna y para que se mantenga es necesario que podamos elevar a la primera magistratura del Estado a una persona que crea en los valores de ese Estado y no sea un antisistema, porque de esa enfermedad, no podremos sanarnos en décadas.

El necesario y urgente crecimiento económico no puede verse detenido ni por los antisistema ni por aquellos que aparecen como lobos con piel de corderos y buscan el poder por el poder. Ese ansiado crecimiento pasa, necesariamente por una vida en democracia, pero con orden, rigor y apego a la ley. Hay que desenmascarar radicalmente a quienes insisten en una narrativa anti la minería formal, anti crecimiento de las industrias asociadas al agro, anti la buena inversión extranjera, que buscan el crecimiento desmedido de las planillas gubernamentales lo que quita valor a la meritocracia y genera gastos desmedidos en una estructura estatal en exceso elefantiásica, a lo que se suma la inseguridad que vivimos y el crecimiento de la violencia, la extorsión y el avance del poder de las mafias.

Hay un debilitamiento grave en la credibilidad de los políticos y si a ello añadimos la falta de propuestas realistas tanto por parte de los grupos de derecha, como en los de izquierda y ni hablar de los de extrema izquierda, estamos enfrentado una elección crítica que podría poner en jaque el desarrollo y la gobernabilidad. Tendremos un parlamento altamente polarizado y, los acuerdos que no se lograron antes de la definición de los candidatos y grupos políticos en competencia, tendrán que darse y aceptarse al interior de cada una de las cámaras; tanto en Diputados como en Senadores.

Al margen de ello, hay gran desinterés político en la mayoría de los electores a lo que se agrega mucha ignorancia culposa y, por supuesto, desconocimiento total de lo que significa, para la historia política del Perú, la implementación de la bicameralidad porque en su gran mayoría, los ciudadanos, que no le otorgan credibilidad ni respaldo al actual Congreso (y vaya que si se han ganado a pulso ese rechazo) no alcanzan a comprender la bondades que debemos ser capaces de lograr y poner en práctica con la existencia de dos cámaras, con funciones muy distintas y complementarias.

El próximo 12 de abril nos jugamos el futuro y aún en condiciones tan complejas como las que enfrentamos en este proceso electoral, el Perú no puede ni debe optar por un gobierno que vaya contra la historia y la tendencia de toda la América, en la que vemos cómo gobiernos de derecha o centro derecha, van construyendo un futuro halagüeño para sus sociedades. Debemos elegir a quien nos representará y será la máxima autoridad de todos los peruanos pero que además sea un claro y radical defensor de nuestra Constitución y del Estado de derecho, a fin de evitar la inestabilidad política e institucional que vivimos en estos momentos. Al margen de ello, es necesario convocar a una elección seria de senadores y diputados para que la gobernabilidad y estabilidad sean un logro pleno como consecuencia del voto consciente de los ciudadanos.

El futuro está en nuestras manos, y no podemos arriesgar ni el bienestar, ni el crecimiento, ni el desarrollo, ni la urgente atención a una inmensa población que sufre las consecuencias de la injusta postergación por la incapacidad de gobernantes irresponsables. Autoridades advenedizas que, en muchos casos, hicieron del robo una forma de vida que, a mi criterio, ha de ser calificado como de alta traición a la Patria. A ellos no se les debe permitir, nunca más, asumir las riendas de nuestra historia.

¡Vayamos a votar, con fe, ilusión y responsabilidad!

Cecilia Bákula
06 de abril del 2026

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