Renatto Bautista
A 108 años de la ejecución de los Romanov
Un crimen que recuerda la perversidad de la izquierda más radical
El 17 de julio de 1918 en Ekaterimburgo, por órdenes del Soviet Regional de los Urales y de la alta jerarquía de los bolcheviques en Moscú (me atrevo afirmar que esta barbaridad sucedió con la aprobación del dictador Lenin), fueron ejecutados el último zar, Nicolás II; su esposa, la zarina Alejandra; sus hijas, las duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia; el zarevich Alekséi; el médico de la corte imperial, Eugenio Botkin; la doméstica imperial, Anna Demídova; el ayudante del zar, Alekséi Trupp; y el cocinero imperial, Iván Jaritónov.
Indudablemente, este bárbaro crimen demuestra la perversidad de la izquierda más radical, llamada en esa época bolcheviques, hoy llamados comunistas, quienes para impedir que el ejército blanco, cercano a la ciudad Ekaterimburgo, rescatasen a la familia imperial decidieron cometer tal magnicidio, que fue el inicio de los 110 millones de seres humanos vilmente asesinados por el comunismo y sus denominaciones más cercanas, desde el inicio de la revolución bolchevique hasta nuestros días.
La mayor orgía de sangre es la de los 110 millones de seres humanos asesinados por no rendirse al comunismo; pero para ellos qué importa, si lo fundamental es establecer el “paraíso terrenal” basado en la revancha que ellos siempre representan.
Además, los 110 millones de seres humanos asesinados por los comunistas, en todo el mundo, son las víctimas necesarias en nombre del proletariado y de los más pobres para crear un “orden” donde no haya injusticia social ni pobres. Obviamente, ni en la Rusia soviética ni en la China de Mao, ni en la Cuba de los hermanos Castro se ha podido establecer una panacea terrenal, todo lo contrario, se estableció un reinado de la perversidad y del terror.
Permítanme a todos recordarles lo siguiente: los restos humanos de la familia imperial y de sus empleados fueron llevados al bosque Koptyakí, donde fueron desnudados, mutilados con granadas, desfigurados con ácido para acabar siendo quemados. Esto representa la maldad del comunismo que nunca debe ser olvidada y que recuerde, hasta el día de hoy, no hay ningún comunista, en ninguna parte del planeta, que ha pedido perdón por tremenda barbaridad. Ellos claramente nos dicen que pretenden emular la perversidad de sus referentes, si llegaran a tener el poder absoluto como lo tuvieron en la Rusia soviética.
¡Ya estamos advertidos! ¡No matar! Es el quinto mandamiento dado por Dios a Moisés en el monte Sinaí.
















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