Víctor Andrés Ponce

LA COLUMNA
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La guerra del fin del mundo contra el fiscal

Chávarry y la historia universal de la infamia

La guerra del fin del mundo contra el fiscal
Víctor Andrés Ponce
03 de September del 2018

 

En el Perú se viven días sombríos para el periodismo que, tarde o temprano, afectarán el ejercicio de la libertad de prensa. Todo se está organizando para que cualquier autoritario se cargue este sagrado derecho con el más amplio apoyo popular. La campaña contra el fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, que desarrollan el ex fiscal Pablo Sánchez y un sector judicial, funciona por una sola razón: el rebote mediático.

Desde que IDL-Reporteros lanzó los CNM-audios, que desnudaban el tráfico de influencias de un sector de magistrados, hubo una segunda ola de grabaciones que solo pretendía vincular con la corrupción a los enemigos judiciales y políticos de IDL y la izquierda. El objetivo principal: evitar que Chávarry asuma el Ministerio Público. El fiscal cometió el grave error de negar una reunión con periodistas organizada por magistrados comprometidos en el tráfico de influencias, no obstante que en esa junta no había delito ni nada irregular. De allí IDL-Reporteros —convertido en “la Meca del periodismo” por propalar audios que un sector del Estado filtraba— y otros medios lanzaron una serie de infundios contra Chávarry: desde sus notas, supuestamente fraguadas, para ratificarse como supremo hasta exculpaciones de fiscales. Todas las imputaciones fueron mentiras, sin embargo la coalición mediática anti-Chávarry las rebotó sin pudores.

Mientras la coalición mediática desarrollaba esta feroz campaña —a la que se sumaron el presidente Vizcarra y las ONG de izquierda, encabezadas por Transparencia— Chávarry volteaba la justicia: concretaba los acuerdos con la justicia brasileña que hacen posible investigar, procesar y quizá sentenciar a Toledo, Humala, PPK, Villarán y a todos los implicados en el caso Lava Jato. El acuerdo con la procuraduría brasileña había sido sistemáticamente bloqueado por el ex fiscal Sánchez , pero Chávarry lo concretó a horas de asumir el cargo. Chávarry y la Fiscalía también avanzaron a golpear el crimen organizado: Los Intocables de la Victoria, Los Intocables de Ica, las organizaciones criminales de El Porvenir, jueces superiores y fiscales comprometidos en corrupción.

Cuando pasaban estas cosas en la Fiscalía, cuando los fiscales estaban a punto de viajar a Brasil para desmontar la corrupción organizada en la democracia peruana en las los últimas dos décadas —que sucedió a la de los latrocinios de los noventa— Pablo Sánchez, encargado de investigar a César Hinostroza, uno de los principales implicados en el tráfico de influencias, pretendió lanzar la bomba atómica contra Chávarry: un supuesto colaborador había escuchado que los implicados en el tráfico hablaban de apoyar la elección de Chávarry como fiscal de la Nación. Eso era todo. Los testimonios no estaban corroborados por un juez, eran versiones de terceros, pero Sánchez incorporó el dicho a una fiscal provisional en su informe. Y se desató la tercera y posiblemente última guerra mundial contra Chávarry.

Las portadas de la coalición mediática —algunos diarios se habían convertido en epifenómenos de La República en cuanto a estilos y métodos de propaganda y anti propaganda— ardieron durante tres días, los reportajes televisivos fueron hogueras y la mayoría de los locutores de la radio lanzaba fuego y azufre contra el fiscal. Ni siquiera los dichos del colaborador sobre una supuesta junta de Keiko Fujimori e Hinostroza interesaban a este batallón mediático. Era la guerra del fin de mundo contra Chávarry. ¿No es extraño? Hasta los abogados de los principales acusados en la gran corrupción Lava Jato se convertían en analistas y lanzaban pedradas legales contra el fiscal. Únicamente faltaba que PPK —impedido dos veces por Chávarry de salir del país— opinara sobre el tema.

Varias conclusiones necesarias: la coalición mediática hoy ya no tiene el poder que presume. Las redes sociales y el mal periodismo han erosionado gravemente su influencia. Esa es la razón principal por la cual, seguramente, se cerrarán diarios y se ajustarán redacciones. De otro lado, el Perú sigue envenenado por una izquierda que mangoneaba a las instituciones para desarrollar investigaciones selectivas contra los casos menores (pájaros fruteros), mientras se protegía a la gran corrupción, a los verdaderos Al Capone. Aparentemente todo eso empieza a terminar. Pero no por una gran reforma institucional o por la acción política de un sector, sino por la terquedad de un fiscal. El otoñal fiscal, luego de una trayectoria intachable de más de tres décadas, no quiere terminar su carrera estigmatizado por una campaña infame.

Las horas pasan y Chávarry empezará a ganar, y las investigaciones que se vienen demostrarán de qué lado están la verdad y la justicia.

 

Víctor Andrés Ponce
03 de September del 2018

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