Víctor Andrés Ponce

LA COLUMNA
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La “democracia plebiscitaria” aplasta a la política

Nos gobiernan las encuestas y la coalición mediática

La “democracia plebiscitaria” aplasta a la política
Víctor Andrés Ponce
15 de October del 2018

 

La suma de yerros políticos de Fuerza Popular no solo explica la detención de su lideresa Keiko Fujimori y la anulación del indulto a Alberto Fujimori (dos medidas políticas antes que judiciales), sino también esta especie de “democracia plebiscitaria” en que se ha convertido el sistema político, en la que Martín Vizcarra pretende conducir el país en base a las encuestas de Ipsos y GFK, e ignorando la Constitución y las instituciones.

Los yerros fuerzapopularistas (oposición por oposición, sin reformas) y la derogada Ley Mulder —que prohibía la publicidad estatal en los medios privados— gestaron la coalición que relanzó la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo a niveles impensados, aceleró el deterioro de las instituciones y arrinconó a la primera fuerza de las elecciones nacionales del 2016. A partir de allí emergió “la democracia plebiscitaria”.

En este contexto, no importa el mandato constitucional. Por ejemplo, el jefe de Estado no tiene prerrogativas para el proceso de reforma de la Constitución; sin embargo, él impone los temas, los mecanismos de aprobación y los plazos. Y los congresistas lo aceptan, sobre todo por la clamorosa impericia del fujimorismo. En el acto, las encuestas de Ipsos y GFK legitiman el acto. El jefe de Estado pretende remover al fiscal de la Nación, no obstante que el Congreso respalda al magistrado, pero las encuestas respaldan a Vizcarra y así sucesivamente.

En la democracia plebiscitaria manda la encuesta, el apoyo popular y la estrategia de una coalición mediática. La Constitución, las leyes y los procedimientos son relativos. Pero el problema no solo está en la estrategia del Ejecutivo, ciertas redacciones y algunas encuestadoras, sino también en la actitud de los políticos de oposición. La democracia plebiscitaria los termina aplastando. Me imagino que salir un domingo y ver las portadas de los diarios registrando que Vizcarra sube con cada golpe propinado al Congreso debe ser desmoralizador. Y en vez de hacer lo que enseña la política, el manual, las grandes tradiciones —es decir, cambiar las percepciones, las correlaciones— el político de la “democracia plebiscitaria” sigue retrocediendo para evitar el golpe final. Una clara expresión de la democracia sin partidos.

Si el Congreso solo hubiese aprobado tres reformas para el referéndum y no las cuatro, el resultado hubiese sido favorable para la democracia y la institucionalidad, a menos que Vizcarra desgraciara su vida forzando la Constitución para disolver el Congreso. Con ese escenario se habría gestado algún nivel de entendimiento entre Ejecutivo y Legislativo. Hoy Vizcarra plantea el “no” para la bicameralidad, mientras propone el “sí” para la no reelección congresal. Es decir, sigue la guerra contra el Congreso. Y como las encuestas de Ipsos seguirán registrando trepadas en la popularidad del jefe de Estado, es evidente que la confrontación continuará. En otras palabras, la democracia plebiscitaria no solo se explica por un líder que postula para mesías sobre las instituciones, sino porque se aplasta a la política, se desmoraliza a los políticos.

Por ejemplo, la manera como Fuerza Popular ha reaccionado ante la arbitraria detención de su lideresa, simplemente ha terminado legitimando la detención. Una encuesta de Ipsos y asunto terminado. Los fuerzapopularistas, con una ingenuidad que empieza a conmover, presentan argumentos legales frente a un acto político. En cualquier democracia del mundo, la detención de la lideresa de la oposición sería un escándalo mundial, sobre todo considerando las veladas amenazas de cierre del Congreso. Otra clara expresión del político aplastado por la “democracia plebiscitaria”.

Cuando los mecanismos de la “democracia plebiscitaria” se desatan, la República entra a cuidados intensivos. Los asesores marxistas que rodean al jefe de Estado seguramente se envanecerán atribuyendo los resultados a sagacidades propias, antes que a las limitaciones clamorosas del adversario; el encuestador que camina al lado del mesías también sentirá que todo se atribuye a su industria, y así sucesivamente.

En este contexto, la única estrategia que vale es preservar las instituciones ante la arremetida del plebiscito diario. Cualquier salida es valedera con tal de preservar esta República que avanza hacia su quinta elección nacional sin interrupciones. Ojalá Dios ilumine al jefe de Estado y a los políticos, y que todos entiendan qué significa hacer política en grande.

 

Víctor Andrés Ponce
15 de October del 2018

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