EL MONTONERO | Primer Portal de opinión del país
UN FRAGMENTO DE LA HISTORIA

Columna

UN FRAGMENTO DE LA HISTORIA

12 de Enero del 2017

Entre 1930 y 1931 tuvimos tres presidentes, incluyendo un cura

Encontré un libro que llamó mucho mi atención porque hablaba de un tema que no ha sido esclarecido totalmente. Fueron tres años en que el Perú, de una u otra manera, se llenó de sangre; defendiendo pasiones, pasiones de poder, defendiendo ideas políticas. Una época en la cual el Perú tenía cerca de 400,000 votantes, las mujeres no tenían derecho al sufragio, en la que votaban solo los que sabían leer y existían los hijos “ilegítimos”, porque en las partidas de nacimiento figuraba si eras legítimo o no. Hablo de una época en la que el indígena no votaba y se podría decir que no existía el Perú.

En esas circunstancias, en nuestro país, según lo que escribe Federico More en Zoocracia y canibalismo (1933), se unieron el dinero y el poder fáctico para imponer un presidente que debía borrar de las filas de la política nacional a un grupo que proponía la creación de ministerios que no existían, como de Educación, Salud y Agricultura. Era el año 1930 y el Perú no tenía los ministerios que cubren las necesidades de la mayoría de la población.

En esa época, entre 1930 y 1931, tuvimos tres o cuatro presidentes; incluso un cura se convirtió en presidente del país. Hubo una revolución hecha por la gente que representaba el agro peruano, cuya capital era Trujillo en aquél tiempo. De todo se habla, excepto de que la mayoría de quienes hicieron la revolución de Trujillo de 1932 provenían de haciendas.

Entonces, un hombre del norte, piurano, que había participado junto con Oscar R. Benavides (1914) en el golpe de Estado contra G. Billinghurst, habría sido bendecido por Don Augusto B. Leguía con una legación en el exterior de nivel diplomático después de haber pasado por prisiones de diversas zonas del Perú. Nadie sabe cómo un militar que intentó encabezar dos o tres golpes de Estado con distintos grados pudo convertirse en diplomático y volver al Perú con un grado mayor, ser jefe de una región o provincia, y de repente encontrarse dando un golpe de Estado.

Federico More dice que ese hombre costó muchísimo dinero, recolectado entre cierto número de caballeros de esta capital para hacerlo presidente. Él fue el encargado de enjuiciar a todos los leguiistas que hubieran hecho fortunas ilegales en contratos con el Estado. Ese hombre se encargó de deportar y matar al primer aprismo. Ese hombre fue muerto.

Esa parte de la historia, de la cual siempre los peruanos quisimos saber, la acabo de encontrar en un libro que pertenece a una colección; pero no está como un tomo más de dicha colección, sino como una adenda de un período determinado de nuestra historia, que abarca de 1930 a 1933, escrito por el más grande –dicen- historiador de la República. Yo creo que no lo es. El verdadero historiador fue un tío de ese escritor, llamado Don Modesto Basadre, quien escribió la historia de los cien primeros años de la historia de la república. A este historiador, conversaba con algunos amigos, para hacerlo famoso como artistas de cine que se fabrican por la comercialización o marketing, se borró los nombres de historiadores increíbles de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX como son Ulloa, Urteaga, Valcárcel, Larco, Muso, Martínez y Leguía.

¿Por qué el Perú no conoce su historia? ¿No creen que en el estado de desconocimiento de nuestros orígenes están los problemas de entendimiento entre peruanos? Espero que esta columna sirva como una reflexión.

Por Arturo Valverde