Nancy Arellano

Nancy Arellano

¿Qué implica la renovación partidaria en el Perú y Latinoamérica?

¿Qué implica la renovación partidaria en el Perú y Latinoamérica?
Nancy Arellano
27 de abril del 2016

Los partidos del futuro serán funcionales, mutables y empáticos

Los partidos políticos eran la forma de organización en la disputa democrática por el poder, y la garantía de orden del sistema. Ahora deben ser gestores de poderes. Lo que sí se mantiene es que si ellos fallan, el sistema colapsa.

Los partidos son, por excelencia, "fábricas" de funcionarios públicos; y estos de políticas públicas, agendas públicas y de fiscalizadores del gobierno, en el caso de ser oposición. Necesitamos que los partidos funcionen porque su amplitud, profesionalismo, representatividad y transparencia son el "caldo de cultivo" para mantener a la política sanamente dinámica. Hoy muchos discuten si el "modelo" funciona o no, y caen en el error de decir que el "modelo" es un tema meramente económico y de cuánta intervención del Estado es suficiente. El problema real es que quienes ejecutan el llamado "modelo" no se suscriben a partidos políticos neuronales y consustanciados con la peruanidad actual. El reto de la renovación está en que los partidos comprendan la dinámica de sus tiempos, quieran o no.

Hay cinco características ausentes hoy en el estándar de los partidos políticos: 1) Falta de “profesionalización” de los líderes políticos, 2) Falta de “creatividad política” para ofrecer soluciones a los problemas cotidianos, 3) Falta de “innovación en políticas públicas”, 4) Crisis de representación efectiva o de socialización de los partidos y 5) Ausencia de ciudadanización de la política.

Cambiar el "modelo" sin cambiar la mentalidad de los que conducen a los fallos del sistema, es como pretender que cambiando el vaso el agua pasa a ser jugo. Si quiere jugo, empiece por buscar la fruta.

 

¿De dónde venimos?

Los partidos políticos han mutado con el tiempo, y se pueden diferenciar tres generaciones. Resumiré brevemente. La primera generación (siglo XIX) es la llamada “de cuadros” y sus representantes han sido definidos como elitistas, funcionales y técnicos; alejados de la democracia. La segunda generación, es la de los partidos de masas; son articulados, combativos y rígidos en su estructura. Su rigidez los ha hecho lejanos y disfuncionales. Por apetitos electorales, mutaron a la tercera generación, a la cual corresponden los partidos electorales, consecuencia de la clientelización de los partidos de masas o de la generación, más o menos circunstancial, de agrupaciones “atrapatodo” que por lo general tienen una postura antisistema y pragmática. Son, en este sentido, electoralistas, clientelares y masivos. Hoy día su mayor problema es la “crisis de credibilidad” y la “conveniencia” de aparecer fuertes solo en elecciones.

La cuarta generación son los llamados partidos ciudadanos, partidos fractales o de “mosaico”, que se definen como relacionales, solventadores, horizontales, mediáticos y descentralizados. Buscan politizar a la ciudadanía. El problema es que terminan siendo blanco de críticas por demasiado utilitarios; asimismo, hallan difícil capitalizar votos que no sean "voto castigo". Su mayor debilidad es que resultan más simpáticos que empáticos. Prescriben mucho y describen poco; pretenden formar, informar, relacionar e influir desde una perspectiva de “lo bueno”, “lo deseable” y “lo ético”. Y todo es importante, pero terminan solo cambiando el vaso y no el contenido.

 

¿A dónde deberíamos ir?

La quinta generación de partidos estará conformada por partidos descriptivos, de redes hipercomplejas, o partidos neuronales, nacidos de la asociación de intereses de los distintos factores de la sociedad contemporánea. Serán funcionales, mutables y empáticos. consustanciados con los principios de la sociedad del siglo XXI; y no con las críticas al sistema, sino con la sistematización social de la glocalización1. Asumirán la política como hecho social de distribución y conciliación del poder (en contraste con la consecución del poder) porque parten de la interdependencia entre actores sociales y políticos.

Comprenderán la constante yuxtaposición de fuerzas de la sociedad contemporánea, los flujos de información, las migraciones, la economía transnacional, los grupos de interés transversales y la fragmentación actual del poder. Partirán de los gestores de éxito naturales o liderazgos sociales con conciencia política. De lo que se trata es de construir una estructura sin partidizar a la sociedad, sino más bien socializando a los partidos. Esto significa que se identificará a los líderes naturales en diversos ámbitos para que establezcan lazos empáticos en función a un programa mínimo, que derive de la asunción de los Derechos Humanos de primera, segunda y tercera generación, así como del reto de la cuarta generación.

Establecerán satelitalmente, como sistema, sus fuerzas electorales y se moverán en periodos no-electorales, socializándose. El concurso de la academia, los movimientos sociales, las agrupaciones de oficio, los grupos de interés y la clase política constituyen un “nuevo ente”, con fines naturalmente políticos que definen, con el programa mínimo, esquemas de comunicación y actualización constantes, con los medios de comunicación tradicionales y nuevos cumpliendo un rol amalgamador: el debate, disenso y consenso público. Se desempeñarán en el ágora digital, mediática y cotidiana, y usarán el soft power.

Deberán lograr una dirigencia gestora de actividad, como estímulo para la generación de la actividad neuronal, que se articula en función del estímulo, en una suerte de sinapsis de intereses en coyuntura. La empatía entonces, como esa “energía”, debe ser medida, cuantificada y estratégicamente sopesada para el diseño de políticas públicas eficaces y eficientes, producto de la “especialización” de la dirigencia. Esta deberá aprender a “fabricar” liderazgos empáticos, grupos estratégicos que se mantengan en constante sociabilización con sus representados; lo que permitirá adherir votos a las figuras centrales en periodos electorales y disminuir los “costos políticos” en gobierno.

 

¿Cómo construirlos desde las posturas actuales? Seguiremos en el siguiente artículo.

 

Nancy Arellano

@nancyarellano

Analista Político y Consultor en Politing® y Estrategias de Mercados. Es magíster en Gobierno y Gestión Pública para América Latina de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España), especialista en Finanzas Internacionales y Licenciada en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas (Venezuela).

1) Término que habla de lo Global y lo Local, en respuesta a la dinámica de la globalización y el reconocimiento de las identidades nacionales, regionales y locales. Este escenario comporta el imperativo del paso de la gobernabilidad a la gobernanza multinivel.

 

 
Nancy Arellano
27 de abril del 2016

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