Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

País de violadores

Una hipérbole con el objetivo de sensibilizar

País de violadores
Raúl Mendoza Cánepa
30 de octubre del 2017

Solo Etiopía y Bangladesh nos superan en las estadísticas. El Perú es el tercer país en el que más violaciones se reportan: 15,000 denuncias al año ¿Y lo que no se denuncia? ¿Y lo que queda impune en el traspapelo de la comisaría? ¿Y si en África el coraje de denunciar nos supera? ¿Y si somos campeones mundiales? Lo que los testes no logran en el deporte, lo logran en el abuso de los bíceps y las manos. Entre enero y setiembre de este año se registraron en el Perú 356 violaciones a niños de cero a cinco años. Monstruoso, ¿verdad? Aunque muchos odien el #perupaisdevioladores y otros lo asuman como un discurso izquierdoso, lo cierto es que la hipérbole no es gratuita y como tal tampoco es real, pero tiene un objetivo: sensibilizar. ¿Qué hacemos los hombres al respecto? ¿Cómo evitamos la cantaleta vieja que incrimina más a la víctima que al violador? ¿Un escote atenúa el crimen? ¿Ya no te sobresalta cuando violan a un neonato? ¿Ya no te quedas perplejo? ¿Cuánto nos indignamos realmente los peruanos?

Para ser sincero me hincha el hashtag porque ni soy violador ni conozco a violador alguno; pero sin duda no dejaría a mis hijas en manos de nadie en un país cuya estadística me espanta. La deshonrosa copa de bronce me convierte en un padre desconfiado, como en desconfiadas torna a miles de mujeres que temerían estar a solas en un ascensor con un extraño; o acaso ir vulnerada a una comisaría, donde un policía teclea con más morbo que ciencia sobre la mini con la que iba puesta o el tamaño de la abertura de la blusa. Sí, sí somos un país de violadores y no porque tu amigo, tu pariente o tu colega haya violado, sino porque de alguna manera lo consentimos sin darnos cuenta, como consiente la violencia quien señala que siempre hay que entender el contexto en que se produce ¿Acaso hay que entender las sacadas de quicio que terminan en “sacadas de m…”? ¿Hay que comprender cuando un macho vil se desabrocha para saciar sus apetitos? Tan igual te conviertes en uno cuando callas, cuando te jode el hashtag, cuando nunca estás, cuando preguntas cómo iba vestida la agraviada.

Pero estamos en el Perú y aunque no somos un país de violadores, bien hace el hashtag en hincarnos, socavarnos, involucrarnos. Obvio, nos sentimos aludidos y la damos a la bravata: “No es un país de violadores porque yo no soy violador”. De seguro no lo es ninguno de mis centenares de conocidos ni lo sea usted ni lo soy yo, pero esa no es más que la evasiva fácil para ignorar un problema, la de no quejarse, la de no poner abogadas en las comisarías, la de pasarle pañitos a la impunidad, la de cerrar los ojos, la de no capturar a los depredadores.

Un porcentaje alto (no tomado en cuenta) es la del primitivo que viola a su pareja, la del que cree tener visado para poseerla sin resistencia. La mujer cosificada en los anuncios también se ha cosificado en casa, es propiedad, posesión. Elegir otro destino, otra pareja, la condena a ser quemada (Tarapoto), taladrada (Arequipa), violada o rociada con ácidos (cosa que nadie más ve).

¿Ven? No es cosa de machos, el abuso es inversamente proporcional a la testosterona. Pocos se liarían a puños con un congénere, con uno que le puede torcer las muñecas o las vértebras. Como que macho con macho no “pega”, ¿no? En todo violador habita un cobarde. Suscríbase al hashtag no porque lo aluda sino porque a todos nos toca como sociedad ser una vitrina de científicos, deportistas, escritores…nunca de monstruos y sátiros. Contra ellos es la guerra. Por tal, ningún ranking nos debiera ser ajeno.

 

Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa
30 de octubre del 2017

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