Hugo Neira

Hugo Neira

«La religión de los datos»

«La religión de los datos»
Hugo Neira
18 de septiembre del 2017

El flujo de datos es algo más que información

Bienvenido el nuevo Gabinete. Sin embargo, no creo que desaparezca la polaridad en la que hemos estado inmersos en los últimos meses. Hay medios de prensa, o miembros de una que otra poliarquía —para llamarlos de alguna manera— que le echan leña al incendio. Ya casi no hay partidos, y a los pocos que existen los tratan como si fueran tumores de los cuales cabe deshacerse. Se supone que en la proximidad del 2021 ambas fuerzas, el oficialismo y la oposición, se habrán desvalorizado mutuamente. Pero esa estrategia parte de una premisa falsa: el electorado no va votar por aquellos que perdieron en las elecciones del 2016.

Al paciente lector le propongo esta crónica de circunstancias. La componen tres elementos. El primero, «La religión de los datos». El segundo, la organización de FP (artículo de Carlos Meléndez, El Comercio). Y mis observaciones sobre las ciudades del interior cuando la huelga de docentes, en Puno, Juliaca y Abancay.

Es por azar que en estos días, bajo un fuerte gripazo, me pongo a leer un libro excepcional. Se titula Homo Deus. Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari, traducido a varias lenguas y con un millón de ejemplares. «La religión de los datos», propia de nuestro tiempo, ocupa desde la página 400 a la 432. El autor piensa que los algoritmos informáticos van a continuar aplicándose en el corto y mediano plazo y, en consecuencia, prevé un mundo laboral sin panaderos, cajeros, camareros, televendedores. Lo que augura no es un mundo de desempleados, sino algo peor. La aparición de una clase inútil, inempleable. Sin embargo, es probable que la prosperidad tecnológica hará viable alimentar y sostener masas inútiles. Es la primera vez que en la larga historia del Homo Sapiens, este no tiene gran cosa por hacer. «Las personas tendrán que hacer algo o se volverán locas» (p. 358). Desde mi lectura juvenil de 1984 ningún futuro me ha parecido peor que esa economía glacial en la que no hay trabajadores. Espero que Harari se equivoque.

¿Qué es el datismo? Es el flujo de datos libres. Es algo más que la información, «Google puede detectar nuevas epidemias más deprisa que organizaciones sanitarias» (p. 417).

Aterricemos. «El cierre del Parlamento y la convocatoria a nuevas elecciones congresales no atemorizan al partido liderado por Keiko Fujimori» (Meléndez). Y en párrafo siguiente, claramente dirigido a PPK y a sus ministros: «¿Se ha puesto a pensar qué organización política está en capacidad de llevar adelante una actividad proselitista por todo el territorio nacional? ¿Realmente cree que la izquierda dividida, el pepekausismo inexperto y los moraditos startup van a desplegar mayor maquinaria que la naranja?» Y una frase anterior, lapidaria. «Los parlamentarios (…) naranja están en permanente contacto con sus bases». Meléndez no tiene nada de fujimorista, hay que decirlo. Es doctor en Ciencias Políticas, acude a los hechos. Terrible ironía de la historia. Desde 2016, con PPK, se ha querido gobernar sin partidarismos y con un elenco de personas competentes en negocios. Eso puede parecer muy sensato, pero no lo es. Se lo están diciendo hace rato. El Estado no es una empresa.

Por mi parte, ya he explicado en El Montonero la emergencia política de algo nuevo tras los docentes en huelga. Estando en Puno, Juliaca, Abancay era imposible dejar de ver su praxis, aposentarse en una plaza pública o en el atrio de una iglesia, a lo largo del día. Me puse entonces a hacer etnopolítica. ¿La comida? Venían los informales. Los discursos, no los había, sino datos. Los celulares permiten captar noticias que eran transmitidas inmediatamente a la muchedumbre. Una victoria de lo oral y las nuevas aplicaciones en informática. Durante el mes de agosto, tuve la ocasión –fuera de mis clases y conferencias– de conversar con profesores, estudiantes, gente corriente, con el chofer o la cocinera. Y no hubo una persona, una sola, que me dijera que el Gobierno marchase bien.

¿Y el datismo? Hubo un tiempo en que el Estado peruano tuvo un Servicio de Inteligencia. Pero con Toledo, desapareció. Ya había sido vencido Sendero Luminoso. Como si la sociedad peruana no dejase de producir grandes huracanes y sorpresas.

Hay en nuestro país, dos grandes mitos. Desde arriba se cree que unos veinte años de crecimiento económico ya han hecho olvidar el retorno del Inkarri, la posibilidad del gran salto hacia adelante. En suma, la posibilidad de una revolución sangrienta. En otros países de América Latina he escuchado, «la revolución es cosa del pasado». Aquí no. La terquedad de unos alimenta a los otros. Arriba, seguirá reinando el pensamiento único. Se gobierna con ideas fijas. «La baja de tasas facilita el crecimiento». Una ilusión. «Lo económico prima sobre lo político». Perverso.

Los neoliberales creían en el “Estado mínimo”. Pero eso fue Margaret Thatcher y Reagan. Hoy no. Para manejar un Gobierno, y en términos de poder, piensan en la pura economía. Pero la sociedad humana es más ancha que una sola disciplina. Dejan de lado los datos de la antropología, la psicología, la sociología. Y ya lo están diciendo, «no se avanza con cuerdas separadas».

Hugo Neira

 

Hugo Neira
18 de septiembre del 2017

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