Édgar Villanueva

Édgar Villanueva

La “papa caliente” y la sangre que derrama

La política es el arte de gobernar

La “papa caliente” y la sangre que derrama
Édgar Villanueva
02 de febrero del 2018

 

Cuando el “nuevo” gabinete no mostraba nada relevante en el mes que tiene a cuestas, hoy, al momento de escribir este artículo, ya sumaban tres muertos y decenas de heridos en el conflicto de los agricultores “paperos”, como producto de las movilizaciones derivadas de la sobreproducción del tubérculo. La sangre ha llegado al río y el Gobierno se ve atrapado, aparentemente sin saber qué hacer.

La situación del Gobierno se ha convertido en una crisis permanente. Las últimas evidencias mostradas respecto a una presunta conexión entre el Presidente y sus empresas para obtener dinero ilícito —haciendo funcionar las puertas giratorias en los años 2004 a 2006 en que fue ministro y premier, han agravado su situación. El descrédito, en política, es fatal.

Hace unos días conversando con un connotado dirigente pepekausa le decía que el Gobierno está una situación de sobrevivencia, y estábamos de acuerdo en que el riesgo de caer definitivamente al abismo era inminente, si no existía una estrategia política y se organizaba un trabajo que buscara una salida política ordenada a esta crisis. El factor fundamental para solventar la sostenibilidad del Gobierno es la prevención y el manejo adecuado de los conflictos sociales que se han estado incubando al interior del país. Y para eso, por un lado, es crucial un trabajo ágil e inteligente del viceministerio de Gobernanza Territorial de la PCM; y por otro, una afinada labor política de Palacio con el Congreso y las fuerzas allí representadas para establecer una línea de base consensuada en favor de una salida conversada.

Por lo que hoy se ve, ni lo uno ni lo otro. Por ejemplo: el conflicto de los “paperos” fue manejado de un modo burocrático, populista y torpe, en la creencia de que regalando alguito de plata de los Gobiernos Regionales (S/ 1.5 millones por región) los agricultores de Apurímac, Ayacucho, Junín, Huancavelica y Pasco se iban a quedar tranquilos. Grave error: la antitécnica y burocrática salida de dar una aspirina resultó agravando la enfermedad, y hoy los afectados piden cuatrocientos millones de aspirinas para aliviar los problemas derivados de su sobreproducción.

Sería imposible discutir el tema de fondo respecto al asunto agrario del país en un artículo como este; lo que sí diré es que el Estado es incapaz de formular una política agraria nacional bajo el concepto de que la seguridad alimentaria es parte de la estrategia de seguridad y la soberanía de todo país, y que por eso que en USA y todo Europa, los Estados subsidian su agricultura y ganadería. Algo que en el Perú no se hace en el mundo andino ni en la selva, donde se concentran la mayor producción agrícola y de donde, paradójicamente, provienen los alimentos a nuestra mesa.

Los agricultores tienen razón respecto a la responsabilidad del Estado, ya que esta crisis agrícola es cíclica y previsible; pero como los gobiernos no planifican, y por ende no tienen políticas de prevención, les revientan en la cara estallidos sociales como el actual. El Ejecutivo tiene que buscar una solución inmediata a este conflicto social alrededor de una mesa de diálogo. No le queda otra.

Respecto a tender puentes con las fuerzas políticas, a estas alturas todo será más difícil. Nadie quiere hablar en serio con el Gobierno, después del canje “no vacancia express por indulto express”, hay mucha sangre en el ojo en diversas bancadas, y el Ejecutivo tendrá que hilar fino, haciendo política. En un artículo anterior, respecto a la coyuntura, sostuve lo siguiente:

“Si próximamente a la crisis política irresuelta se suman conflictos sociales (…) se producirá un cóctel que, al estallar, tendrá consecuencias letales para este Gobierno, débil y aislado después de la frustrada vacancia y el polémico indulto. (…) Es que el Gobierno ha perdido legitimidad; el Ejecutivo no tiene base social de soporte y su apoyo político está , en lo fundamental, en su grupo parlamentario. Todo eso se agrava porque no tiene iniciativa política ni muestra una estrategia para salir del atolladero”.

Rematando, sostuve que: “Se avizora una tormenta perfecta si el Gobierno no gobierna. Y peor si no tiene la muñeca suficiente para galvanizar un plan de consenso democrático que, sin perjuicio de luchar contra la corrupción, tenga como línea de base que cualquier solución será en el marco de la democracia. Siempre hay salidas políticas”.

Hoy día, ante la parálisis política del Gobierno, a falta de una, corren dos mociones de vacancia presidencial en el Congreso. Yel fujimorismo, para recuperar la iniciativa política, ha decidido, públicamente, apoyar la que tenga “como fundamento la corrupción de PPK”. O sea: “sobre cuernos palos”, ya tenemos nuevo intento de vacancia a la vista.

¿Sufriremos nuevamente el mismo expertise, cálculo, inteligencia y sagacidad de los tecnócratas, burócratas antipolíticos que hoy nos gobiernan y que han arrastrado al país hasta este punto?

Ilegitimidad+incapacidad política+conflictos sociales= Dios nos coja confesados.

Esperemos que el Papa ilumine al Gobierno y que el conflicto de la papa sea resuelto, sin más sangre derramada.

 

Édgar Villanueva
02 de febrero del 2018

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