Eduardo Zapata

Eduardo Zapata

La hipocresía

Ineficiencia y corrupción tapadas por el velo de la hipocresía

La hipocresía
Eduardo Zapata
12 de julio del 2018

 

Ha usted cotizado 20, 30 o 40 años a ESSALUD —supuestamente ha pagado por un servicio a futuro—, pero cuando lo requiere el retraso en otorgarle una cita termina siendo una cita con la inmediatez de la muerte. Va usted a una posta médica y en medio del desaseo y la atención despreocupada, ocurre que no hay médico en ese instante y las medicinas son inexistentes: hasta el alcohol. Manda usted a sus hijos a la escuela y —a veces casi entre escombros— ellos reciben una educación paupérrima, donde cada día que pasa la ideología se impone sobre el conocimiento.

Y ni qué hablar de la policía. Hoy la gente le teme tanto al policía como al delincuente, porque las fronteras se han diluido. Sentar una denuncia policial es un ejercicio de retórica vacía, porque —por diversas circunstancias— su urgencia devendrá en un parte intrascendente, redactado de tal forma que si media un abogado “hábil” hasta usted puede ser culpable del hecho denunciado. Y ni qué decir de la Fiscalía o del Poder Judicial.

Obviamente en el mundo oficial todo será alegría y felicidad, gracias a los supuestos comunicadores. El grado de ejecución presupuestal ya nos dice bastante acerca de la ineficiencia, para no hablar de que cuando se ejecuta se ejecuta mal. Y, claro, el Congreso no se queda atrás en contribuir a la atmósfera de alegría y felicidad. En vez de leyes polémicas pero necesarias, se aceleran leyes de agendas privadas y se aprueban leyes supuestamente en beneficio de las mayorías que a nadie se le ocurre jamás reglamentar.

De modo que las “revelaciones” periodísticas sobre casos de ineficacia o corrupción terminan siendo solo news anecdóticas y coyunturales. Generadoras de rating transitorio. Pero el hombre de a pie sabe —en su día a día— que nuestro actual Estado ha hecho de la ineficiencia y la corrupción un sistema.

Los llamados petroaudios nos hacían escuchar términos desagradables, pero con un lenguaje que siquiera mantenía un cierto nivel de “ponderación”. Los audios de personajes de la judicatura de los últimos días nos acercan a un lenguaje abiertamente hamponesco. Como ayer el toma y daca de los mamanivideos desnudaba una despreocupación por el lenguaje con un trasfondo de absoluta inmoralidad. Clarísimo está, a la luz de todo esto, que razón tenía el personaje —cuyo nombre ha ocultado sistemáticamente desde hace varios meses la prensa porque no se apellida Mamani— cuando decía a propósito de la gestión pública: “Tú ya sabes cómo es la nuez”.

El mundo oficial —prácticamente desde los orígenes de nuestra República— se ha venido mintiendo, y aun percatándose de la mentira persiste en ella. Ineficiencia y corrupción son tapadas por el velo de la hipocresía social. Todos saben, pero —si conviene— nadie sabe.

Decir la verdad conllevará una serie de medidas radicales, urgentes y hasta dolorosas. Acaso extrañas a nuestra políticamente correcta democracia inercial. Pero alguien tiene que tener el valor de hacerlo.

Hace muchos años el presidente Kennedy señaló lo siguiente: “Los que hacen imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta”. Y termino con Hannah Arendt: “Si el pasado y el presente son tratados como partes del futuro —esdecir, devueltos a su anterior estado de potencialidad— el terreno político queda privado no solo de su fuerza estabilizadora… sino también del punto de partida para el cambio, para empezar algo nuevo”.

 

Eduardo Zapata
12 de julio del 2018

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