Raúl Mendoza Cánepa

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Ganar la oportunidad

Ganar la oportunidad
Raúl Mendoza Cánepa
16 de octubre del 2017

Consejos laborales para llegar a donde quieras llegar

Inés Temple es una de las profesionales que más sabe qué debemos hacer para lograr un empleo, escalar posiciones o sobrevivir en él. Precisamente, el 14 de octubre, en el diario El Comercio, escribió un artículo cuyo título invita a pensar: “Nueve maneras de perder un ascenso”. En un país donde el rigor normativo o las cargas empresariales tornan complicado colocarse o recolocarse, “estar adentro” es una oportunidad y hay que entrar preparados.

 

Recomienda Temple, entre sus maneras de perder un ascenso: “Haz lo justo y solo lo que te pagan por hacer”. Nada más desatinado que eludir encargos fuera de contrato o no mostrar proactividad y cooperación, imaginación y aporte. Un viejo maestro y jefe me solía decir en los inicios de la abogacía (con relación a la actitud de un tercero): “Nunca hay que quejarse del trabajo, hay que quejarse cuando no se tiene trabajo”. El factor oportunidad no es igual adentro que afuera.

 

Temple continúa en sus lecciones para no obtener un ascenso: “Quéjate de todo y siempre. Quéjate de la cantidad de trabajo que tienes, de la falta de recursos que te dan…Y, por supuesto, quéjate de tu jefe”. Importantes claves para estancarte o morir. El éxito es un tema de actitud constructiva y mejor es “darle al esfuerzo y compartir la visión con tu superior” que asumir el empleo como un empleo, y no como una pasión o una misión. Bondadoso destino del que hace lo que le gusta y, como decía el padre de quien estas líneas traza: “cuando no te guste algo, aprende a que te guste”.

 

Temple nos dice cuan suicida puede ser demostrar nuestro estrés y que nuestros ojos hinchados o nuestro mal humor revienten en la cara de todos. Dos consejos sobre el particular: primero, la pasión nunca estresa; y segundo, deja los problemas en casa (son escenarios que no deben mezclarse).

 

Temple nos señala el peligro de discutir con el jefe delante de todos. Vale añadir, desde esta columna, que ser asertivo prudente y aportante es mejor que creer que de lo que se trata es de dártela de genio en una discusión. Ser asertivo es decir lo que pensamos sin agresividad, con humildad y, en este contexto, impedir que el jefe sea devorado por el abismo. La verdad salvífica es mejor que el silencio criminal, pero la vanidad es peor que la primera.

 

Si quieres que no te asciendan, señala con razón Temple, “habla mal de la empresa, habla mal de tu jefe. Cuéntale a todos lo que piensas y hazlo en las redes sociales, que guardártelo puede hacerte daño y hasta sacarte una úlcera…”. Harakiri y muerte laboral. En reversa: nunca hables mal de la empresa. Mejor aún, nunca hables mal de nadie (razón tenía Benjamín Franklin, que se hizo tal promesa). Para ser más radical, agradece cuando firmes, cuando estés y cuando ya no estés. Salvo que trabajes en un contenedor cerrado con llave (obvio que no me refiero a ese tipo de “empresas” en este artículo), recuerda que de tu empleo brota el maná del que alimentas a tus hijos, pagas escuela y la haces a una vida mejor. Son millones los que ven tu silla desde afuera. Ninguna actitud supera a la gratitud, aún en el estertor de los adioses.

 

Temple dice que mala opción es “no asistir a cursos ni a entrenamientos”. Superarse, crecer o aprender es una oportunidad y una gracia cuando ni siquiera tienes que pagar por ello. Luego añade algunos puntos que sugieren ser puntual con los plazos, añadir valor al resultado, no hacer las cosas como siempre (de la evolución, la madurez; recuerda que es probable que alguna vez te toque ser jefe).

 

Quizás muchos no comulguen con una décima recomendación que agregaría: aprende a trabajar bajo presión; más aún, que la presión te congestione de adrenalina, sustancia que debes segregar también cuando la pasión es motor y visión de futuro personal y corporativo. El hombre se adapta, requiere un tiempo, aunque es mejor andar premunido del fuego interior que quema los nervios iniciales del más sensible.

 

Puede que guste o no, depende de hasta dónde quieres llegar. Y eso es clave para definir tu potencial o tu medianía.

 

Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa
16 de octubre del 2017

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