Martin Santivañez

Martin Santivañez

Contemplando el Perú

A propósito de la misa del Papa en Las Palmas

Contemplando el Perú
Martin Santivañez
01 de febrero del 2018

 

Cada cierto tiempo mi hija Rafaela lanza frases para el bronce. Es un don que ha ido desarrollando conforme avanza en edad, y estoy seguro que este talento especial será para ella motivo de alegría y reflexión. Por ahora, este extraño don, cuando se manifiesta, me hace reflexionar. Hace unos días, en la misa del Papa en las Palmas, Rafaela me pidió ver a la multitud “desde arriba, papá”. “¿Para qué?”, le pregunté. “Es que quiero contemplar al Perú”, me respondió muy seria. A los diez años, Rafaela lanza frases para el bronce que a mí me hacen reflexionar.

El millón y medio de personas que fueron a encontrarse con Francisco representan a la mayor parte del Perú. Ver ese mar humano, contemplar a la Iglesia peruana caminando para ver al Santo Padre es una experiencia que todo el país recordará para siempre. El catolicismo está en la médula de nuestro pueblo. El catolicismo forma parte de la esencia nacional. El Perú no se comprende sin la huella de la Iglesia católica. Nuestra historia es inexplicable sin el aporte decisivo del cristianismo. La Iglesia católica ha construido la peruanidad. El pasado, el presente y el futuro del Perú están unidos por la argamasa sólida del catolicismo.

Conviene resaltar este extremo porque en la actualidad un sector reducido, pero bien organizado, intenta eliminar de la esfera pública al cristianismo. La construcción de este mundo etsi Deus non daretur (como si Dios no existiera) es el objetivo político de una progresía caracterizada por su adhesión a la posmodernidad relativista y al marxismo del siglo XXI. Esta mezcla multicolor pretende imponer una agenda totalitaria en la que hay espacio para todo y para todos, menos para Dios.

La imposición ideológica tarde o temprano generará una reacción popular, porque si algo nos enseña la historia es que la dimensión religiosa del ser humano es incontenible. Son varias las ideologías que intentaron borrar de la faz de la tierra el signo de la cruz. Lo hizo el nazismo y su teoría del superhombre. El fracaso fue absoluto. También el comunismo, intentando reemplazar la santidad con el voluntarismo utópico de los revolucionarios. Tras el infierno provocado por estas ideologías totalitarias y anticristianas, el resurgimiento de la fe fue indetenible. Siempre que se ha intentado derribar la cruz los cristianos han vuelto a ponerla de pie. Estas son las lecciones de la historia que hemos de meditar cuando reflexionemos sobre el destino del Perú.

La visita del Papa ha dejado claro que el Perú es una potencia católica, un país pivote de la Iglesia universal, y esto genera una inmensa responsabilidad. La nueva evangelización, como todo proceso global, tiene que partir de ciertos territorios. Y allí la Iglesia peruana, con humildad pero también con decisión, ha de jugar un papel importante. Para ello hemos de contemplar el Perú con los ojos siempre nuevos de la fe, con la inteligencia de la tradición, examinando nuestra realidad, también la realidad política, sin temor a transformarla, sin perder de vista que este país que hemos heredado tiene en la fe católica el depósito necesario para la regeneración.

 

Martin Santivañez
01 de febrero del 2018

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