Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa

Conquistar el mundo

La inventiva y el espíritu emprendedor

Conquistar el mundo
Raúl Mendoza Cánepa
24 de julio del 2017

La inventiva y el espíritu emprendedor

Escuchaba sobre la historia de McDonald’s, la cadena de restaurantes de comida rápida de fama mundial. Si usted rastrea los datos, el fundador es Ray Kroc en 1955; pero ¿es realmente así? Fueron dos hermanos (Dick y Mac McDonald) quienes crearon la técnica de servicio y comida sin plato en 1940, en su pequeño restaurante en San Bernardino (California), algo revolucionario para su tiempo. El servicio de atención tradicional empezaba a fracasar y a los McDonald se les ocurrió un ingenioso y bien estructurado sistema de atención: una manera veloz de hacer y una eficiente forma de servir, todo en el menor tiempo posible, ahorrando platos y mesas. Mientras esto ocurría en San Bernardino, un vendedor fracasado de 52 años, Ray Kroc, recorría, desanimado, con su auto viejo todos los restaurantes del Estado vendiendo sus batidoras. Nadie estaba dispuesto a comprarlas, y Kroc creyó haber ya liquidado su existencia con una derrota irredimible.

Una noche, desalentado y a solas, colocó sobre su tocadiscos un LP de autoayuda. Una ronca voz desde el parlante le decía entre chirridos que el éxito no reside en el conocimiento o el genio, sino en la perseverancia y la audacia. Las circunstancias en ocasiones llegan sin que las llamen, y en el momento adecuado. Precisamente por un error, Kroc pensó que un restaurante pequeño, irrelevante y desconocido en California llamado McDonald’s (al decir del telegrama), le había solicitado seis batidoras. Tras innumerables rechazos previos Kroc creyó ver la luz, corrió hacia ellos solo para descubrir el yerro del pedido; desalentado decidió marcharse del lugar, pero algo que llamó su atención lo retuvo. Una magia manaba como luz de ese pequeño y aislado restauratinto cercano a la Ruta 66. Era novedoso, diferente a todo lo que había visto en su vida. Las personas se apilaban para recibir sus hamburguesas envueltas en papel y sus sodas en envases descartables. El entusiasmo y las ganas con las que el público devoraba los sándwiches animaron al fracasado vendedor.

Los dueños lo invitaron a recorrer el negocio y tras vislumbrar el potencial, Kroc decidió dar un salto al abismo, les propuso una franquicia. Sin avisarle a su mujer hipotecó su propia casa y logró la franquicia del restaurante (la franquicia contempla el know how, la técnica). Ni los hermanos supieron ver su propio potencial. Un visionario extraño entendió de pronto que el éxito no reside en el talento, sino en la audacia para llevar las grandes ideas muy lejos. Capitalizó progresivamente y logró llevar McDonald’s por todo Estados Unidos, y luego por el mundo. Si él no hubiera aparecido en la vida de los hermanos McDonald’s nadie conocería esta marca que hoy está en cientos de ciudades de cada continente, el local hubiera desaparecido a la muerte de sus creadores, como un local abandonado en el margen de la Ruta 66. Ocurre, simplemente que ambos, conservadores y siempre dubitativos, tenían el genio para el invento, pero no para la empresa. Solo la visión empresarial, el entusiasmo y el espíritu de riesgo de un extraño inmortalizarían el apellido de los ingeniosos hermanos. Kroc, desde luego, se volvería multimillonario.

Si bien fue Dick McDonald quien creó el famoso arco que distingue a los restaurantes, pintándolo en un cuadro (el restaurante de San Bernardino nunca lo erigió), fue Kroc quien vio el “concepto” del arco dorado en el acrílico. Observó desde su auto los emblemas sobre los techos de los suburbios californianos: cruces y banderas, y se preguntó ¿por qué no también un arco dorado en cada pueblo? Kroc solía repetir que en el “concepto” está todo y vendió un concepto al mundo. McDonald’s se tornó, con su arco, en un emblema estadounidense, incluso en Moscú post soviético. Sin esa mística, visión y entusiasmo, ni usted lector ni yo sabríamos siquiera que ese restaurante existió alguna vez en un paraje del oeste norteamericano.

Marcus Lemonis salva negocios al borde de la ruina. Según él se deben atender tres elementos: persona, proceso y producto. Su olfato y las sacudidas a todos los que entremezclan el negocio con sus miedos o pasiones son celebrados. Sin embargo, siempre hay un elemento más del que Lemonis no nos habla y sobre el que el inefable Kroc nos sugirió debemos empeñarnos en mirar. Pero usted ya por fin lo sabe.

 

Raúl Mendoza Cánepa

Raúl Mendoza Cánepa
24 de julio del 2017

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