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¿Concepción o Carhuancho?

Columna

¿Concepción o Carhuancho?

17 de Agosto del 2017

Racismo y discriminación en medios de comunicación

El juez que dictaminó prisión preventiva para Ollanta Humala y Nadine Heredia se llama Richard Concepción Carhuancho. Concepción es su apellido paterno y Carhuancho es su apellido materno. Sin embargo, la frecuencia con la que se escucha o lee el apellido Carhuancho ha llevado a que la mayoría de la población considere que ese es su apellido paterno. ¿Cómo así se ha generalizado esto? La respuesta está en el papel que han cumplido los medios de comunicación en torno al asunto.

Como a todos les consta, el hecho fue cubierto por toda la prensa y allí coincidieron tanto periodistas como distinguidos (o no tan distinguidos) comentaristas. Antes del dictamen del juez, y antes de que se resolviera la apelación presentada por la pareja Humala-Heredia, fue más que evidente —sobre todo en el período inmediato a la resolución de la apelación— que tanto los acusados como sus defensores y también varios periodistas intentaron una defensa basada en la lástima de unos niños que quedaban sin cuidado. Una apelación directa a la sensiblería popular, por encima de lo que mandasen decir el expediente y la conciencia del juez. Sin embargo —y lo hemos adelantado ya— el juez Concepción Carhuancho se convirtió en el juez Carhuancho. Y por extensión su dictamen llevó ese apellido.

Llamaba la atención que algunos periodistas que habían escrito anteriormente sesudos artículos sobre la discriminación y otros que habían hecho denuncias en torno a esta lacra social, e incluso participado en marchas, hiciesen invisible el apellido paterno del juez. Cuando por elemental deber periodístico tenían que saber el nombre y apellidos completos del señor magistrado.

Es triste decirlo, pero en el Perú no resulta lo mismo referirse al juez al que hacemos referencia como Concepción o como Carhuancho. Porque mientras Concepción es un apellido inocuo, Carhuancho evoca y convoca rápidamente el prejuicio ante lo cholo. Al privar al juez de su primer apellido y nominarlo por el segundo se deslizaba —no muy sutilmente— que sus argumentos “deberían” carecer de fuerza porque se trataba de los argumentos de un cholo. Que se atrevía no solo a decidir negativamente la suerte de un ex presidente y de una señora que había ocupado la carátula de una prestigiosa revista social limeña, sino que por su propia choleidad hacía oídos sordos a la victimización lacrimosa.

¿Tan difícil nos es a los peruanos entender que si bien todos somos diferentes, el trazo político, social y económico del país hace rato ha empezado a transitar por caminos de la choleidad? Cierto es que el empoderamiento económico de las nuevas clases medias en los últimos años ha abierto los ojos a algunos. Lamentablemente, la mirada dirigida a esa emergencia es todavía la del político que busca votos, pero en el fondo discrimina. O la del empresario que no ve personas, sino simplemente target.

No olvidemos que el juez del cual estamos hablando se llama Richard Concepción Carhuancho.

 

Eduardo E. Zapata Saldaña