Víctor Andrés Ponce

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Un tercer año diferente

Apuestas e interpretaciones sobre el conflicto político

Un tercer año diferente
Víctor Andrés Ponce
04 de diciembre del 2017

 

Peligrosamente el Perú puede avanzar a un tercer año de polarización entre Ejecutivo y Legislativo, mientras se acumulan potenciales conflictos sociales, en el norte y el sur, que pueden jaquear la gobernabilidad. Y podría avanzar en el enrarecimiento político no obstante que existen todas las condiciones para que el país vuelva a recuperar la senda de crecimiento, con la trepada del precio del cobre y de los términos de intercambio comerciales. No obstante que en las elecciones nacionales pasadas disputaron la segunda vuelta dos fuerzas promercado, y pese a la mejora del contexto internacional, el Perú, pues, podría seguir bloqueando sus posibilidades en el tercer año de la administración PPK.

En el primer año, el el Gabinete Zavala, no se pudo armar la gobernabilidad porque en el oficialismo se creyó que se podía gobernar manteniendo la alianza antifujimorista de la segunda vuelta, pese a que el fujimorismo, en medio de murmullos y bajando la voz, sostenía que algo raro había pasado en las elecciones nacionales. Era evidente que mantener esa alianza política y designar ministros del nacionalismo como Jaime Saavedra era una manera sencilla de ir a la guerra, a menos que la mayoría legislativa se disolviera. Y algo de eso se intentó con el tema del indulto y la sobrevaloración de un histriónico Kenji. Finalmente la mayoría no se fracturó, pero si hubo una polarización Ejecutivo - Legislativo sin precedentes en los últimos quince años.

En el segundo año de la administración PPK se vino el Gabinete Aráoz, con una nueva política de alianzas que convocó las simpatías de la mayoría legislativa, pero la izquierda caviar —acostumbrada a mangonear instituciones— pretendió judicializar a Keiko Fujimori y Fuerza Popular hasta el 2021, sin razones legales valederas, y la mayoría legislativa reaccionó con una virulencia extrema. La acusación contra el fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, produjo el milagro de acelerar todas las investigaciones y los casos Susana Villarán, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Mariano González salieron a la luz del día y se reforzaron. Allí estamos, y la gobernabilidad parece demasiado complicada.

Sin embargo, el Perú necesita un tercer año del gobierno de Kuczynski absolutamente diferente. Y la fuerza política que más lo necesita es el fujimorismo. Extraña paradoja: solo si al Perú le va bien le irá bien al movimiento naranja. No hay otra. Y es que el Perú, en las grandes imágenes, es la herencia del fujimorato, de las reformas económicas y sociales de los noventa. Si ese Perú se desintegra, el fujimorismo entra en cuidados intensivos.

Sorprendentemente un buen tercer año demanda un fujimorismo prorreformista, con propuestas, con capacidad de abandonar la esquina de la pura defensa a la que lo ha arrinconado la estrategia caviar. Si los naranjas solo reaccionan ante el ataque caviar y olvidan que tienen todas las herramientas institucionales para desarrollar las grandes reformas que el Perú necesita, entonces estarán pisando todas las cáscaras de plátano que les lanza la frivolidad caviar.

Y tienen las mejores oportunidades. Si bien la estrategia fujimorista es incomprendida por un sector del país, en la práctica ha logrado demoler la estrategia caviar en el Estado, la media y la sociedad. Por eso todo el panteón politeísta del antifujimorismo comienza a ser procesado y, tarde o temprano, se embutirá en algunas cárceles. Algo más: el poder de los medios antifujimoristas ha sido reducido casi a su mínima expresión. ¿Por qué entonces el fujimorismo no debería pasar a modo de propuesta?

La cosa comenzará a ser grave para los naranjas. Si el fujimorismo no se presenta como garante de la democracia, evitando el adelanto de elecciones —al margen de las vicisitudes de PPK— e impulsando las reformas promercado de segunda generación, a lo que está obligado por historia y tradición, de una u otra manera, dejará en claro su incapacidad para gobernar. Si cuando eres mayoría legislativa no haces las reformas que te corresponde, ¿por qué deberías ganar las elecciones el 2021?, puede ser un razonamiento de absoluto sentido común. Y si el modelo económico se desorganiza, peor todavía.

 

Víctor Andrés Ponce
04 de diciembre del 2017

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