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Uff, existe una mayoría legislativa

Columna del director

Uff, existe una mayoría legislativa

5 de Junio del 2017

El antifujimorismo recién asume consciencia de realidad política

El hecho de que la administración pepekausa empiece a malgastar aceleradamente la segunda luna de miel con la ciudadanía —luna de miel obtenida por la acertada atención de la emergencia pasada— y que el fujimorismo se fortalezca ante el estupor del estratega antifujimorista, de pronto parece haber despertado la consciencia en todo el universo anti naranja —organizado luego de las elecciones nacionales— acerca de que en el Perú existe una mayoría legislativa.

Por ejemplo, el diario El Comercio —en un arranque de objetividad que se debe aplaudir— informa que las citaciones de ministros al Congreso, que ha propiciado la mayoría legislativa actual, es menor en número a las desarrolladas durante los gobiernos de García y Humala. El presidente Kuczynski asevera que el Legislativo tiene derecho a pedir explicaciones a los ministros y, de una u otra manera, cualquiera percibe que se producen cambios de fondo en las reflexiones oficialistas. De otro lado, la mayoría de analistas que solía cargarle las tintas al fujimorismo en la polarización Ejecutivo-Legislativo, hoy señala las culpas del Gabinete Zavala. Es evidente que luego de casi un año de las elecciones nacionales, un sector del país recién se percata de que existe una mayoría legislativa en la democracia peruana.

En realidad constatar esta tardía consciencia de la realidad política nos revela la falta de cultura democrática en el Perú. Para algunos existen mayorías que valen y otras que no valen, tal como sucedía en el Perú oligárquico del siglo pasado.

Al margen de los méritos tecnocráticos del ex ministro de Educación, Jaime Saavedra, queremos reflexionar sobre los motivos que subyacen a su pasada censura. Saavedra era un ministro del cogollo nacionalista que desarrolló una de las polarizaciones políticas más impresionantes contra la oposición de la reciente historia. De otro lado, se conocía que Saavedra había sido rodeado por un aparato de izquierda que alimentaba y promovía el antifujimorismo sin rubores. Sin embargo, el gobierno de Kuczynski lo ratificó en el cargo y lo mantuvo hasta el final. ¿Qué podía suceder en ese escenario? No se necesitaba ser muy zahorí para avizorar el desenlace.

No obstante, lo que nos interesa es desentrañar el porqué se ratificó a Saavedra. Y la respuesta es sencilla: al pepekausismo y a la coalición mediática casi oficialista no les interesaba la opinión de la mayoría legislativa. Y no les interesaba a tal extremo que la voluntad de ninguneo y de veto político llegó a plantear la posibilidad de disolución del Congreso. Hoy nadie se atreve a plantear esa propuesta delirante, porque todos sabemos quién ganaría esa elección, quizá de manera abrumadora.

La idea de un gobierno sin políticas de alianza con la mayoría legislativa —como suele suceder en las democracias de buena salud— fue reemplazada por el acuerdo con una coalición mediática que podía cabalgar en la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo de acuerdo a las circunstancias. Allí reside el pecado capital del Gabinete Zavala y el origen de la debilidad y la crisis del pepekausismo. Es decir, en la renuncia a la buena política.

Ahora el gobierno parece relajar el ceño fruncido hacia el fujimorismo ante una posible caída libre de la popularidad gubernamental. No es suficiente. Debería recordar lo que significó para el país —en términos políticos de mediano y largo plazo— ratificar a Saavedra y entender que gobernar buscando la buena onda con la mayoría legislativa no significa ponerse de rodillas (como dicen los filósofos del antifujimorismo), sino hacer lo que se hace en cualquier democracia: buscar gobernabilidad. Nada más.

Si la política no es una bronca callejera ni tiene que ver con explicaciones sicológicas (el rostro adusto de la lideresa de la oposición), entonces PPK debería hacer los cambios ministeriales respectivos antes de que lo obliguen a hacerlo. Es lo que aconseja la política. Lamentablemente así es la democracia. Diferente son las cosas en los regímenes oligárquicos y las monarquías absolutas.

 

Víctor Andrés Ponce