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Los ministros son fusibles. Punto.

Columna del director

Los ministros son fusibles. Punto.

30 de Agosto del 2017

Sobre la necesidad del relevo del Gabinete Zavala

El terrible manejo de la huelga magisterial no solo ha subrayado que la política está totalmente ausente en el Ejecutivo, sino también que el cambio del Gabinete Zavala está sobre la mesa. Casi todos los observadores señalan que se necesita un nuevo Gabinete, mientras que la caída libre de la popularidad del Jefe de Estado, de una u otra manera, parece resolver cualquier duda con respecto a la necesidad de los relevos ministeriales.

El consenso es uno solo: se necesita un Gabinete con políticos. ¿Qué significa una afirmación de este tipo? En los últimos 25 años, desde el fujimorato hasta el Gobierno de Humala, los tecnócratas siempre estuvieron acompañados de políticos. El Gabinete Zavala es quizá el primer equipo ministerial sin políticos, con el agravante de que el presidente Kuczynski es el decano de la tecnocracia peruana del último cuarto de siglo. Los ministros de izquierda —que se suponía eran los políticos— no han dado la talla o les faltó capacidad de imponer lógicas diferentes.

La huelga magisterial desnudó todas las deficiencias. Un jefe de Estado que convocó al radicalismo a negociar en Palacio para desatar una crisis de legitimidad de sus ministros y de todas las instancias del Ejecutivo es la postal exacta de la crisis. En este contexto, solo debemos recordar un estribillo de nuestras mejores tradiciones políticas: los ministros son fusibles y están subidos arriba para asumir responsabilidades políticas y preservar la figura del jefe de Estado. Y, a estas alturas, no parece haber mejor manera de poner a buen recaudo la primera magistratura de la Nación que mediante un cambio de Gabinete.

El asunto, pues, es demasiado grave, a menos que se pretenda que la caída de la popularidad siga rodando hasta un solo dígito. Y en momentos en que el radicalismo antisistema parece haber tomado nota de que se puede crear una crisis de gobernabilidad trasladando el centro de las decisiones desde las instituciones de la democracia hacia la presión de la turba callejera.

Sin el necesario relevo del Gabinete Zavala el oficialismo se asemejará a un ejército en desbande. Un jefe de Gabinete cruzando espadas con los propios congresistas pepekausas sobre apoyos y distancias con Palacio es el mejor dibujo de la desorganización que avanza. Con las calles encrespadas, con el desorden generalizado en el Ejecutivo, hoy los peruanos tenemos que agradecer a la providencia que el fujimorismo se haya convertido en mayoría absoluta del Legislativo. ¿Se imaginan ustedes si el Frente Amplio fuese mayoría? Es casi seguro que el adelanto de elecciones y la crisis de gobernabilidad estarían en desarrollo, no obstante los alucinados editoriales del antifujimorismo mediático.

Se puede argumentar con propiedad que el problema no está en el Gabinete, sino en el estilo de ejercer la jefatura de Estado. Hay una gran verdad en esa afirmación. Sin embargo, en democracia los fusibles se han creado para ser descartados y las instituciones para ser preservadas a cualquier costo. Así funciona el razonamiento democrático.

Los demócratas solo podemos seguir apostando por la gobernabilidad con un nuevo Gabinete, en el que participen políticos de reconocida trayectoria democrática. Únicamente un nuevo Consejo de Ministros con políticos de raza, que no le deban nada a nadie, podría detener efluvios presidenciales como el de convocar a los radicales y extremistas a Palacio en circunstancias en que se lanzaba una ofensiva radical a la boliviana. Solo un Gabinete con políticos de raza podría desmontar la conspiración en contra del Corredor Minero del Sur del Perú —en el que se produce el 60% del cobre nacional—, que organiza el radicalismo como una manera de paralizar la economía, acrecentar la impaciencia social y armar el escenario perfecto para favorecer a las propuestas antisistema en el 2021. No hay mucho que pensar ni demasiado tiempo para las correcciones.

 

Víctor Andrés Ponce