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¿El regreso de los partidos?

Columna del director

¿El regreso de los partidos?

30 de Junio del 2017

A propósito de la renuncia de Donayre a Fuerza Popular

La renuncia de Patricia Donayre a Fuerza Popular, porque no le dejaron convertirse en la “gran reformadora del sistema electoral peruano”, es una instantánea que nos permite reflexionar sobre si acaso algo está cambiando con respecto a la idea partidos y el sistema político peruano.

No obstante la virulencia de la coalición mediática antifujimorista que existe en el Perú, Donayre no parece convertirse en una “heroína de la libertad” individual frente a “la tiranía de Keiko Fujimori”, sino que, poco a poco, se empieza a recordar su trayectoria veleidosa en casi todos los partidos habidos y por haber en la última década y media. Donayre avanza a la isla de la soledad a la que ha sido confinada Yeni Vilcatoma, la compañera de viaje que la precedió en la audacia.

¿Qué puede significar todo esto? Que de alguna manera la conducta interna de Fuerza Popular y el desarrollo de sus estrategias políticas podrían estar representando el regreso de una lógica partidaria e institucional que, paradójicamente, se perdió durante el autoritarismo de los noventa. Si  es apropiado hablar de una nueva lógica quizá se debería señalar que la ley antitránsfuga que se aprobó en el Congreso y que convierte en paria al congresista disidente de la bancada —como sucede en las democracias desarrolladas— es el punto de partida de esta nueva realidad. En todo caso, y más allá de las dos renuncias, el fujimorismo aparece como un ejército ordenado mientras que el Frente Amplio no estalla en mil pedazos —como ya habría sucedido— debido a la nueva legislación sobre las bancadas.

Pero la continuidad de Fuerza Popular no solo se puede explicar por las nuevas reglas establecidas para los partidos en el Congreso. El extremismo antifujimorista alentó una alianza entre el Gobierno y una coalición mediática anti que buscó convertir al fujimorismo en una mayoría decorativa. En la práctica fue el intento de vetar a una mayoría real. Ante esta situación el fujimorismo reaccionó monolíticamente, entendiendo que si esa estrategia pasaba comenzaba la dispersión naranja.  En este posicionamiento también está la explicación del que el fujimorismo hasta hoy haya logrado mantener la unidad de la mayoría legislativa.

Pero no solo eso. El posicionamiento del fujimorismo también ha rescatado la idea de que el poder proviene, principalmente, de la política y del sufragio. Hoy en los medios de comunicación parece entenderse que ya no se puede dictar la agenda del país y, de pronto, todos comienzan a exigir acuerdos entre Ejecutivo y Legislativo para organizar la gobernabilidad en el Perú.

Es innegable entonces que algo está cambiando con respecto a la idea de partidos y colectividades en el Perú. Sin embargo, ¿cómo así logró treparse Donayre al carro de Fuerza Popular, no obstante su condición de militante plena del transfuguismo en el Perú? ¿Alguien cree que algo así hubiese pasado en la comisión política del Apra del siglo pasado? Imposible. Las renuncias de Vilcatoma y Donayre revelan que Fuerza Popular tiene un largo camino para transformarse en una representación política estable. Una cosa es hacer política desde el Congreso y otra muy diferente desde la sociedad, el único lugar en donde los partidos logran permanecer.

Si el fujimorismo no organiza un estado mayor más allá del inner circle de la jefatura partidaria donde, incluso, se cuestione al líder; si no se construye comités en bases y provincias, en las que se ejerza la democracia, y si no se trabaja en el cemento ideológico que alimenta el partido, entonces  no logrará convertirse en el segundo partido plebeyo en la historia del Perú. El Apra seguirá siendo la única colectividad que representó a los sectores populares, en el siglo pasado.

 

Víctor Andrés Ponce

Fotografía: Semana Económica