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El radicalismo antifujimorista al acecho

Columna del director

El radicalismo antifujimorista al acecho

6 de Enero del 2017

Teorías conspirativas que debilitan a la democracia

A estas alturas es innegable que existe un sector del radicalismo antifujimorista que, sin ningún sentido de responsabilidad democrática y republicana, suelta a todos los vientos la peregrina tesis acerca de que existiría una intención del fujimorismo de vacar la Presidencia de la República. Semejante aproximación es irresponsable, antidemocrática y sin asidero alguno en la realidad. El último argumento planteado es que si el caso Lava Jato afecta a la figura presidencial, el fujimorismo utilizaría esta situación para organizar la vacancia presidencial. ¿En qué se fundamenta? Nadie lo sabe.

Mientras la administración PPK lanza el impulso desregulador (del Estado) más impresionante luego de las reformas económicas del fujimorato en los noventa, y la mayoría naranja del Legislativo empieza a considerar la posibilidad de reformas constitucionales tan trascendentes como el bicameralismo, el radicalismo antifujimorista perpetra columnas que ya no deben pertenecer a la industria del análisis político, sino a la simple agitación antidemocrática.

Pero lo más lamentable de todo es que se trata del mismo radicalismo antifujimorista que ha pretendido copar sin éxito a la administración PPK para empujar al Gobierno a una confrontación sin sentido con la mayoría del legislativo, como si los asuntos de la República tuviesen que ver con broncas callejeras. Todo tiene un límite y quienes defienden la libertad deben saber cuándo es hora de confrontar a estas tesis antidemocráticas

¿De dónde nace la tesis de la supuesta estrategia de vacancia presidencial? Es evidente que el radicalismo antifujimorista ha pretendido utilizar el hecho de que la administración PPK sea una de las más débiles de las últimas décadas para argumentar a favor de estas interpretaciones conspirativas en el espacio público. Y la inercia de la polarización de la segunda vuelta ha llevado a creer a algunos que el consejo del antifujimorismo radical sirve para enfrentar una supuesta emboscada fujimorista. El objetivo de los candidatos a rasputines es simple: evitar que pepekausas y fujimoristas converjan para organizar la gobernabilidad.

De alguna manera el radicalismo antifujimorista sueña con la profecía autocumplida, en el caso de que la administración PPK no se deje copar. El mensaje es más o menos así: si no te dejas copar por nosotros, las masas que te apoyaron en la segunda vuelta marcharán contra Palacio y el fujimorismo pedirá la vacancia de la Presidencia. Pero, ¿qué sucedería si Palacio se deja copar? La respuesta es sencilla: si te dejas copar, las masas marcharán exigiendo que se cierre el Congreso.

En cualquier hipótesis este radicalismo antifujimorista que levanta el programa de la exclusión del movimiento naranja de la comunidad política (¿cómo se puede excluir a una fuerza que representa un tercio o la mitad de los electores sin bloquear a la democracia?) empieza a convertirse en un nuevo senderismo de la exclusión, que prefiere poner en riesgo a las instituciones antes que reconocer el derecho de la mayoría legislativa.

Cualquier analista con dos dedos de frente sabe que si el fujimorismo juega a la conspiración liquidaría para siempre sus posibilidades hacia el 2021. La democracia no solo es forma y limitación del poder, sino también el cumplimiento fiel de los plazos constitucionales. Si se interrumpiera el período democrático para un posible adelanto de elecciones, entonces, no llegaría la hora del fujimorismo, sino de “el que se vayan todos” y de todas las propuestas antisistema. Siempre vale recordar que todas las fuerzas democráticas en la región que apostaron por interrupciones constitucionales terminaron devoradas por el antisistema.

Y siempre también vale recordar que Estados Unidos, la República por excelencia del planeta, nos enseña que ante la hipótesis de renuncias o vacancias (por muerte o enfermedad) del jefe de Estado, los sucesores institucionales cumplen los plazos constitucionales. Por angas o por mangas, entonces, el deber irrenunciable del fujimorismo es sostener y llevar a la administración PPK a entregar el poder en julio del 2021. Los partidos históricos actúan de esa manera. No hay otra.

Por Víctor Andrés Ponce