Los países que cometen el mayor error político d...
Las encuestas de opinión, pese al evidente juego del progresismo de registrar un tal M. Vizcarra en las mediciones –que comienza a ser desmontado por los hechos de la realidad– no pueden ocultar que dos candidatos de la centro derecha encabezan las encuestas. Y que es muy probable que Rafael López Aliaga de Renovación Popular y Keiko Fujimori de Fuerza Popular disputen la segunda vuelta electoral.
Otra de las evidentes regularidades que registran las encuestas es que la mitad de los electores todavía no define por quién votar, ya sea por la crisis de la política, la fragmentación electoral o el desprestigio de todos los actores de la vida pública. Sin embargo, las dos mencionadas regularidades, al margen de cualquier intención, se presentan en todos los sondeos y sirven para el análisis y la especulación.
Una primera pregunta que emerge es por qué dos candidatos de centro derecha encabezan las encuestas más allá de que no se trate de porcentajes definitivos. Una respuesta elemental es que la primacía se explica porque son los candidatos con más exposición. Sin embargo, podríamos elaborar una lista de diez candidatos conocidos que han tenido la misma trayectoria que los dos punteros.
Creemos que hay más elementos para el análisis. Es incuestionable que el trauma nacional que causó la elección de Pedro Castillo es un hecho que tiene que ver con las actuales tendencias. ¿A qué nos referimos? Hasta antes de la elección de Castillo, de alguna manera, existían diversos responsables y explicaciones de la crisis nacional. Por ejemplo, allí está la polaridad entre fujimoristas y antifujimoristas que llevó a Castillo al poder.
Luego de la devastación que causó el gobierno del chotano, la mayoría de la población –específicamente dos tercios del electorado– empezó a identificar el declive del país con la llegada de Perú Libre al poder, más allá de que la involución del modelo empezara con el gobierno de Ollanta Humala. Por ejemplo, luego de la violencia del autogolpe de Castillo, el sur del Perú no volvió a movilizarse ante los llamados de la izquierda. Ni una sola marcha fue posible, en tanto se comienzan a viabilizar algunos proyectos mineros largamente postergados.
La izquierda caviar y algunos sectores en los medios oficiales que solían tener protagonismo central en la formación de la opinión pública y que, incluso, explican el golpe de masas contra el gobierno constitucional de Manuel Merino y el propio triunfo de Castillo, han perdido cualquier predicamento. No hubo movilización de masas en Lima y Dina Boluarte permaneció en el poder a pesar de la guerra de fin de mundo del progresismo, hasta que el Legislativo optó por la vacancia.
¿Por qué mencionamos todos estos hechos? Porque creemos que la primacía de dos candidatos de la centro derecha en las encuestas no es una arbitrariedad. Es un aprendizaje de la sociedad y el respaldo de cualquier sector que apoyó a Castillo hoy es un demérito en política.
Considerando el huracán hacia la derecha que sopla en la América Hispana luego de los triunfos de Javier Milei en Argentina, de Rodrigo Paz en Bolivia, de José Antonio Kast en Chile y la soberbia intervención de los Estados Unidos en Venezuela para derrocar a una de las dictaduras más genocidas de las últimas décadas, no sería nada extraño que esas tendencias presentes empujen a una segunda vuelta entre dos centro derechas en el Perú.
Si bien es cierto que no se puede descartar que surja un outsider u otro candidato en el sector que no define su voto, vale precisar que hoy la sorpresa solo podría provenir de la derecha. Cualquier candidato identificado con el discurso de Castillo o la dictadura chavista, en el acto causa una distancia generalizada. Incluso hasta el propio antifujimorismo y el antivoto solo pueden prosperar desde los predios de la derecha.
En medio de la fragmentación y dispersión de la política, la tendencia acerca de que dos candidatos de centro derecha encabezan las encuestas es una noticia realmente extraordinaria. Si con el desarrollo del calendario electoral se consolida esta opción, en el acto, se resolvería la crisis de gobernabilidad, porque el protagonismo de las dos fuerzas en la segunda ronda incidiría en la conformación de las dos cámaras del Legislativo y solucionaría el grave vacío de poder que afecta a la democracia peruana. Es decir, todo sería absolutamente positivo siempre y cuando las dos derechas no se enfrasquen en una lucha fratricida, y que aprendan de los errores cometidos por fujimoristas y pepekausas en las elecciones del 2016.
VÍCTOR ANDRÉS PONCE
















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