Globalización

¡La espectacular captura de Maduro y el derrumbe del chavismo!

Una de las mayores operaciones militares luego de la Segunda Guerra Mundial

¡La espectacular captura de Maduro y el derrumbe del chavismo!
  • 05 de enero del 2026

En una de las operaciones militares más impresionantes desde la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos movilizó el 40% de su flota naval y más 150 aeronaves (F-18, F-22, F-35 y drones no tripulados) para destruir toda la capacidad operativa del Ejército de la República Bolivariana de Venezuela, considerado uno de los más poderosos de la región. Vale señalar que la aviación venezolana cuenta con los Sukhoi 30 y una de las mayores avanzadas de misiles, construida en directa colaboración con Irán. Ninguno de esos activos se utilizó por la sorpresa, la velocidad y las tecnologías empleadas en el ataque.

Los comandos SEAL de los Estados Unidos, luego de neutralizar la capacidad operativa de los aeropuertos y bombardear las principales bases militares, ingresaron a Palacio de Miraflores, en donde hubo un conato de resistencia de la guardia personal de Nicolás Maduro –todos de nacionalidad cubana–; sin embargo, ante la superioridad tecnológica de los comandos estadounidenses el dictador y su esposa se entregaron a las unidades militares de los Estados Unidos.

Las lágrimas de millones de venezolanos, refugiados en diversos países del mundo, por la captura de Maduro revelaba en algo la tragedia humanitaria que había desatado el régimen chavista en un país que, no obstante contar con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, había empobrecido al 90% de la población y había obligado a emigrar a cerca de un tercio de su población (destruyendo familias, vínculos entre padres e hijos y entre hermanos). 

En el pasivo de la dictadura venezolana no solo estaba el haber dirigido el mayor cártel latinoamericano de drogas del sur de América –el llamado “Cártel de los Soles”– sino también haber robado la riqueza (el petróleo) de una de las sociedades más prósperas de la región en las últimas décadas. Una de las expropiaciones más brutales de un pueblo en la modernidad, solo comparables a las estatizaciones en los ex países de la Unión Soviética.

América Hispana, pues, celebra la caída de la dictadura y valora el regreso del imperio democrático del siglo XX que nos salvó de las amenazas del comunismo y del nazismo. El mundo libre asimismo celebra el enorme poderío militar y tecnológico de los Estados Unidos, a varias décadas de distancia de cualquier país en la tierra, porque esa potencia militar, al margen de cualquier yerro, está al servicio de la libertad.

Durante la conferencia del presidente Donald Trump y el estado mayor de la “Operación Determinación Absoluta” el estilo personal, directo y frontal, del mandatario estadounidense pretendió ser aprovechado por las izquierdas del planeta para resucitar los anacrónicos antiimperialismos. Trump señaló que los Estados Unidos no iba a abandonar Venezuela luego de una operación larga y costosísima para que cualquier sucedáneo del chavismo vuelva a capturar el poder, sobre todo con la ayuda de la sofisticada inteligencia cubana. 

Y no le falta razón. Imaginemos que los Estados Unidos se retire y deje solo en manos de los venezolanos la conducción de la reconstrucción: ¿quién controlará los restos de las fuerzas armadas, luego de la fuga al exterior de los principales oficiales? ¿Quién controlará a la policía? ¿Cuántas milicias armadas existen en los pueblos o barrio por barrio? ¿Quién controlará el Estado, sus oficinas, sus registros y todos los puntos de partida para una reconstrucción? Es evidente que la inteligencia cubana. No hay nada del Estado que escape al control chavista.

Los Estados Unidos, pues, no puede cometer una irresponsabilidad frente a la historia, luego de esta gigantesca operación militar. La reconstrucción de Venezuela nos hará recordar al proceso que desarrolló el general Douglas MacArthur en Japón luego de la Segunda Guerra Mundial. No hay alternativa.

Por otro lado, en la conferencia de Trump fue chocante, sobre todo para los acostumbrados al pensamiento políticamente correcto, el señalamiento del mandatario estadounidense acerca de que las empresas de Estados Unidos retomarían el control de los campos petroleros de PDVSA –la petrolera estatal–, que fueron expropiados por la revolución chavista. En cualquier caso, la narco-oligarquía chavista controlaba el petróleo en connivencia con intereses de China, Rusia e Irán, y la pobreza de Venezuela avanzó sobre el 90% de la población.

Cuando las empresas occidentales conducían los campos petroleros de Venezuela los llaneros tenían el ingreso per cápita más alto de la región, y la sociedad estaba constituida por una abrumadora mayoría de clases medias. Y casi todos los latinoamericanos buscaban emigrar a Venezuela. ¿De qué se araña el progresismo entonces?

El problema del presidente Trump es que habla sin anestesias, pero suele enfocarse en la verdad. Y la verdad es que Venezuela solo tiene salvación luego de la intervención de Estados Unidos. ¡Viva la libertad en Hispanoamérica!

  • 05 de enero del 2026

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