La informalidad constituye el principal obstáculo para el desar...
En uno de los anuncios más importantes realizados tras la elección presidencial, Marco Vinelli, jefe del plan de gobierno de Fuerza Popular, confirmó que la administración que encabezará Keiko Fujimori desde el próximo 28 de julio tendrá entre sus prioridades la ejecución de los grandes proyectos de infraestructura hídrica que el país mantiene paralizados desde hace años, entre ellos Majes Siguas II, Chavimochic III y Chinecas. La declaración no solo marca una línea de política pública, sino que es una señal de confianza hacia uno de los sectores que mayores resultados ha producido en la economía peruana durante las últimas tres décadas: la agroexportación.
La prioridad otorgada a Majes Siguas II adquiere todavía mayor relevancia porque el proyecto ya ha sido incorporado al Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 del Ministerio de Economía y Finanzas, decisión que fortalece las posibilidades de destrabar definitivamente una obra largamente postergada. A ello se suma un hecho concreto ocurrido esta semana: la empresa japonesa PMO, responsable de la asistencia técnica del proyecto, realizó un road show internacional para convocar a empresas nacionales y extranjeras interesadas en ejecutar la puesta a punto de la infraestructura existente. Todo ello constituye una señal alentadora. Durante demasiado tiempo, Majes Siguas II ha estado paralizado, y hoy comienza a convertirse en el ejemplo de que es posible recuperar iniciativas estratégicas cuando existe voluntad política y una visión de desarrollo de largo plazo.
Majes Siguas II es un proyecto capaz de modificar el mapa productivo del sur peruano mediante la incorporación de aproximadamente 40,000 nuevas hectáreas agrícolas que se sumarán a las ya desarrolladas en la primera etapa. En una economía donde apenas una pequeña parte de la superficie agrícola explica el extraordinario éxito de las agroexportaciones, ampliar significativamente la frontera agrícola representa una oportunidad histórica.
Con una inversión superior a los S/ 7,700 millones, Majes Siguas II permitirá transformar extensas zonas áridas de Arequipa en un nuevo polo agroindustrial orientado tanto al mercado interno como a la exportación. La experiencia peruana demuestra que allí donde llegan el agua, la inversión privada y la tecnología agrícola aparecen también el empleo formal, la reducción de la pobreza y el crecimiento de las economías regionales.
Las proyecciones laborales son contundentes. Diversos estudios estiman que el proyecto generará más de 160,000 empleos directos e indirectos durante las etapas de construcción y operación. No se trata únicamente de puestos vinculados a la agricultura. El desarrollo de un nuevo polo agroexportador moviliza cadenas logísticas, transporte, servicios financieros, manufacturas, almacenamiento, comercio exterior y una extensa red de proveedores especializados que terminan dinamizando toda la economía regional.
Sin embargo, la experiencia de Majes Siguas I deja lecciones que el nuevo gobierno no debería ignorar. La excesiva fragmentación de las parcelas limitó la incorporación de tecnología, redujo la productividad y dificultó el acceso al financiamiento de largo plazo. Repetir ese modelo significaría desaprovechar una oportunidad extraordinaria. La asignación de las nuevas tierras deberá favorecer unidades productivas capaces de competir en los mercados internacionales, sin excluir mecanismos asociativos que permitan incorporar a pequeños productores dentro de cadenas modernas de valor.
En este escenario, las asociaciones público-privadas vuelven a demostrar por qué constituyen uno de los instrumentos más eficaces para desarrollar infraestructura estratégica. El Estado debe concentrarse en regular, supervisar y garantizar la seguridad jurídica, mientras que el sector privado aporta inversión, capacidad de gestión, innovación tecnológica y mantenimiento permanente de una infraestructura que históricamente el aparato estatal ha demostrado enormes dificultades para administrar eficientemente.
La utilización de tecnologías modernas de riego presurizado, monitoreo digital y automatización permitirá además optimizar el uso de un recurso cada vez más escaso como el agua. Esa eficiencia será determinante para garantizar la sostenibilidad del proyecto durante las próximas décadas.
Ahora bien, sería un grave error pensar que Majes Siguas II termina en los canales de irrigación. El verdadero éxito dependerá de desarrollar simultáneamente carreteras modernas, centros de acopio, plantas de procesamiento, cadenas de frío, infraestructura logística y conexiones eficientes con los puertos de exportación. Solo así Arequipa podrá integrarse plenamente al extraordinario proceso agroexportador que ya transformó regiones como Ica, La Libertad y parte de Lambayeque.
La decisión del nuevo gobierno de colocar nuevamente a Majes Siguas II entre las prioridades nacionales va, por ello, en la dirección correcta. Si el destrabe se consolida y las reglas de inversión permanecen estables, el proyecto no solo transformará la economía de Arequipa. También confirmará que el Perú puede volver a convertir el agua, la inversión privada y la agroexportación en uno de los principales motores de crecimiento y reducción de la pobreza.
















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