Durante los últimos meses, el Gobierno declaró de inter&...
El mar peruano es la despensa más generosa del planeta. En 2025, según el Ministerio de la Producción (Produce) y el Sanipes, el Perú exportó casi dos millones de toneladas de productos pesqueros y acuícolas valorizadas en US$ 4,115 millones, consolidando al país como el primer exportador mundial de harina de pescado y uno de los principales proveedores de pota, jurel y aceite de pescado para China, Corea del Sur y Estados Unidos. Ese mar generoso —que representa alrededor del 0.9% del PBI nacional directamente y sostiene más de 250,000 empleos en toda su cadena productiva— está hoy bajo amenaza.
La Comisión Multisectorial ENFEN, en su Comunicado Oficial N° 11-2026 publicado por el Instituto del Mar del Perú (Imarpe), confirma lo que muchos temían: el Niño Costero iniciado en marzo de 2026 se prolongará hasta el verano de 2027, con una probabilidad del 48% de alcanzar magnitud fuerte entre junio y septiembre, para luego mantenerse en moderado hasta diciembre. En paralelo, el Niño del Pacífico central se desarrollará hasta marzo de 2027 con intensidad fuerte hacia fin de año. Según proyecciones de Credicorp Asset Capital Management, el fenómeno podría costarle al Perú S/ 16,000 millones entre 2026 y 2027 —más del 1% del PBI—, con el sector pesquero entre los más golpeados.
La primera señal de alarma ya llegó. Para la primera temporada de 2026, el Ministerio de la Producción fijó una cuota máxima de captura de 1.91 millones de toneladas en la zona norte-centro —la más baja en una década, con una reducción del 36.2% frente a los tres millones de toneladas de la temporada equivalente de 2025—, y aun así solo se alcanzó el 25% de esa cuota antes de que el calentamiento del mar obligara a suspender la temporada. Luis Icochea, exdirector del Imarpe, advirtió en junio de 2026 que el calentamiento está desplazando la anchoveta hacia profundidades inaccesibles para las redes de cerco y reubicándola fuera de las cinco millas de protección costera, lo que hace técnicamente inviable cualquier pesca eficiente mientras el fenómeno persista.
Las consecuencias ya se sienten en la cadena: la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) estima que cualquier recorte o retraso en la primera temporada compromete el 1.5% del PBI, amenaza divisas y pone en riesgo los empleos de toda la cadena productiva. Además, Credicorp estima que el 35% de la pesca nacional proviene de las regiones de Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad —las mismas que concentran el mayor riesgo de impacto del fenómeno—, lo que convierte al norte del país en el epicentro de la crisis sectorial.
Ante semejante situación, el nuevo gobierno debería asumir medidas de emergencia. Por ejemplo, desarrollar una cadena de frío industrial: El Niño desplaza la anchoveta, pero impulsa la abundancia de especies de alto valor como atún, perico y bonito para la pesca artesanal. En enero de 2026, Produce reportó que los desembarques artesanales crecieron 50.8% y sus exportaciones 527%, impulsadas por pota, bonito y perico. Ese potencial se desperdicia porque la cadena de frío sigue siendo deficitaria. Asimismo se debe fomentar la diversificación de la flota industrial, incrementar el presupuesto de Imarpe para potenciar a los mayores niveles la vigilancia de la biomasa marina y desarrollar una política de protección social para los pescadores artesanales.
















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