Pedro Corzo

Un pororoca cubano

La juventud ya no le tiene miedo a la dictadura

Un pororoca cubano
Pedro Corzo
07 de marzo del 2021


Hace décadas –antes de que llegara la oscuridad a mi país, Cuba, leí en un libro de aventuras sobre la gigantesca ola que se produce en Brasil cuando confluyen las aguas del Amazonas con el Atlántico, conocida como “pororoca”. Desgraciadamente no recuerdo el título ni el autor, pero la descripción fue tan vívida que, a pesar de los muchos años transcurridos, lo recuerdo perfectamente; tanto que tengo la impresión que esa pororoca está al reventar en la Isla para arrasar con el régimen totalitario. 

Sin pecar de optimista, todo indica que el hastío del pueblo ante el régimen de oprobio que padece desde hace 62 años está manifestándose de forma mucho más amplia que en ningún otro momento del pasado reciente. Las muestras de descontento y rebeldía se aprecian en las calles, no solo en los hogares; es un malestar popular que podría desencadenar una tormenta de grandes proporciones, si se prende la chispa en la seca pradera cubana, como hubiera descrito el destripador Mao Tse Tung.  

Hasta los menos optimistas aprecian una poderosa ola surgida dentro de la población. Tal vez no tenga todo el contenido político, como dice el escritor José Antonio Albertini, que muchos deseamos, pero si muestra un profundo desencanto, el resultado de continuas cosechas en las que solo se recogen desesperanzas y frustraciones. La gente está harta de promesas incumplidas, de mentiras infinitas y de ser manipulada como marionetas.  

Al parecer el dique de contención de la tiranía está cediendo ante el empuje de la población. Particularmente de los jóvenes que, como siempre ha ocurrido en la historia cubana, han estado a la vanguardia en la lucha por la democracia. Sin embargo, es justo decir que esta generación ha debido tener un empuje muy propio y una conciencia muy firme;  porque contrariamente a sus predecesores,  nacieron y se formaron en un ambiente nocivo en el que la doble moral y la delación eran premiadas con privilegios y beneficios notables.  

También, todo indica que muchos de los padres del presente no les inculcan a sus hijos el miedo y la desconfianza, como se hizo casi norma en Cuba durante décadas. La complicidad con la dictadura de una buena parte de las generaciones precedentes, fundamentalmente la mía, ya fuera por su conducta servil o indiferencia, le facilitó al poder el control casi absoluto que logró ejercer sobre la población. Por suerte, hay numerosas excepciones que rompen esa regla.  

Además, es evidente que los jóvenes cuentan con más sentido común que sus progenitores, y están más ávidos de progreso y libertad. Por eso han decidido cumplir el mandato martiano, de que “la libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella o decidirse a comprarla por su precio”. 

Es edificante ver las manifestaciones de solidaridad de los ciudadanos contra personas que son atacadas por las fuerzas policiales. Una sensación que se acrecienta cuando se lee el informe del Observatorio Cubano de Conflictos que indica que en febrero último “se produjeron 159 manifestaciones públicas en la isla, motivadas por la represión y brutalidad policial, que lejos de amilanar a los reprimidos, provocaron más protestas”. 

Por otra parte, se aprecia también que varios sacerdotes han roto el silencio cómplice que, año tras año, salvo honrosas excepciones, han guardado ante los abusos de la dictadura. El hecho de que el clérigo Alberto Reyes Pías, Camagüey, publicara un mensaje en el que cavila sobre la esterilidad de la "revolución cubana" y sus gritos de "patria o muerte", y vaticina la llegada de la "primavera de una nueva Cuba", junto a las acciones de una juventud que exige los espacios a los que tienen derecho, son un reflejo de que las propuestas castristas han perdido mucha de su influencia en la población. Y que la represión puede contener las ansias de libertad de un pueblo por un tiempo, pero no todo el tiempo. 

La juventud, el ciudadano, está rompiendo el miedo. Ojalá lo hagan con la fuerza del pororoca y la grandeza martiana de “con todos y para el bien de todos”.

Pedro Corzo
07 de marzo del 2021

NOTICIAS RELACIONADAS >

UMAP o la esclavitud de la juventud

Columnas

UMAP o la esclavitud de la juventud

El realizador cubano Lilo Vilaplana y el incansable luchador contra el...

31 de marzo
Cierre de Radio Martí, anhelo del totalitarismo

Columnas

Cierre de Radio Martí, anhelo del totalitarismo

No es la primera vez que escribo sobre Radio Martí, una entidad...

24 de marzo
Un congresista estadounidense en la historia de Cuba

Columnas

Un congresista estadounidense en la historia de Cuba

  Hay personas que por su obra de vida dejan huellas indelebles ...

17 de marzo

COMENTARIOS