Carlos Rivera

Un político kafkiano en la plaza San Martín

Sobre el orador Anka, antifujimorista y defensor de Pedro Castillo

Un político kafkiano en la plaza San Martín
Carlos Rivera
05 de agosto del 2022


La última campaña electoral trajo una serie de personajes dignos de un exorcismo que les expulse el resentimiento. muy frecuente en nuestras pobres almas tercermundistas. La política era antes escuela, formación de cuadros y contienda de posturas en la que sus afamados representantes nos regalaban una exquisita retórica y gestos que enloquecían a la masa. A pesar de la información y conocimiento para todos los públicos (hoy en tiempo real podemos leer cualquier
paper de la más prestigiosa universidad del mundo o del think tank más importante), vivimos un tiempo de sancochados moralistas (ustedes los malos, nosotros los buenos). ¿Cómo pasamos de Barrantes y Bedoya Reyes a Bermejo, Tito Wanka (Edison Peralta) y a este singular Anka (ahora Kuntur) que ha hecho de la Plaza San Martín su feudo privado, donde discursea como un amauta que reparte manuales –y a veces patadas– a quien no piensa como él? 

La camarilla progre (todas juntas: la pituca, la radical y la intelectual) elevaron a Pedro Castillo como un digno representante provisto de todas las cualidades mesiánicas que solucionarían nuestros dramas históricos, como un país donde los pobres y marginados fueron vilipendiados desde la llegada de los españoles hasta nuestros días. Docente, campesino y rondero, así lo vendieron quiens que vieron en Castillo la suma de todos los valores, a pesar de ser un “sindicalista básico”, hombre sin horizonte político, sin formación ideológica que solo gritaba lugares comunes y que nunca podía mostrar las virtudes de sus saberes como educador o de magíster en Psicología Educativa, como declaró en su hoja de vida. Nos venden esa narrativa de racismo (que la derecha lo desprecia por cholo, indio) como una justificación a cada hecho de corrupción o de ignorancia de las cosas del Estado o de sus flagrantes mentiras, como la de la “chanchita” para los niños pobres, sus reuniones en Breña, su cuerpo de prefectos allegados a la Fenatep y su incapacidad para comprender como se gestiona un gobierno. 

Este Gobierno ha  parido atroces seres como el guerrero Anka.  ¿Quién es este espíritu andino que ha removido las redes y ha cautivado las masas ansiosas que lo esperan como los gatitos cuando ven su ricocat? Anka fue bautizado como Andrés Edward Huamani y nació en Lima en 1977(como vemos, chibolo no es, y ya bordea los 44 años) y fue candidato al Congreso con el número 19 por el Frente Amplio en las elecciones complementarias del 2019. Anka ha tomado vigor en estos tiempos tiktokeros, con un discurso de defensa acérrima del Gobierno de Pedro Castillo y su lucha titánica contra el fujimorismo. 

Para edulcorar sus palabras convoca a sus allegados y expone sus conocimientos que se supone son de carácter histórico, filosófico y sociológico. Su lenguaje es de plaza. No tiene capacidad de síntesis, no elabora una propuesta teórica o desarrolla estructuras de análisis o armoniza las diferencias en clara actitud didáctica que validen su discurso a pesar de decir siempre que ha leído mucho y conoce los enfoques y la teta del gato. 

Cuando el cómico ambulante Tornillo gritaba “¡hey!” en sus funciones lo hacía como un quiebre de humor para impactar a su auditorio. Eso era recurso campechano. Los gritos de Anka son chusquedad pura de atarantador. Dista de los mejores números de los cómicos ambulantes (a su lado Pompinchú es un filólogo de Oxford) porque lo suyo es apelar al odio histórico, al rencor de la clase oprimida contra los malditos invasores (blancos y malditos) no recurriendo nunca o los recursos variopintos como el de la ironía o la microhistoria. Se asume portavoz de todos los pueblos andinos y sus culturas. “Nosotros no somos cholos, somos andinos, opa” declara el sabio hombre de los Andes.  

¿Qué hace entonces este buen muchacho “héroe de la patria” como le dicen muchos? Es un experto en levantar populismos. Arrea frases simples pero con carga de revancha; sabe atizar los grupos y venderse como antifujimorista, antiminero, nacionalista. Ese es su gran negocio. Y claro que tiene sus lecturas y las enrostra contra su adversario de turno no como misiles de conocimientos, sino como insultos para la derecha que jura que lo quiere matar o lo persigue para secuestrarlo. Amenaza hacer cinco publicaciones que derribarán los grandes mitos de cómo nos contaban la historia. Él las describirá con el método científico, fuentes fidedignas y servirá como bitácora para conocer verdaderamente nuestro pasado. 

Es tan soberbio que cuando lanza cualquier perorata él mismo pide los aplausos, cuando estos debieran salir de los corazones espontáneos o de algún seguidor que lo solicite. Como digno hijo del “país combi” (título de un libro de Pedro Morillas) usa cierta astucia para ganarse adeptos y reta a debatir a sus críticos lo cual me parece bueno pero recurre a bajezas en clave de correctivos( “no has leído” , “yo te enseño, hermano” , “estudia”). Grita, como poseso, que ha estudiado mucho y cree que las lecturas son para golpear a los malditos liberales. 

“Todo aquel que apoyó a Keiko en segunda vuelta es fujimorista. Me preguntan si De Soto es fujimorista y claro que lo es. Todo aquel que crea que la inversión privada genera empleo es fujimorista…”. No es para la risa sino para la pena. Cuando debatió sobre el problema que viven en Venezuela lo redujo a un asunto de soberanía y que tanto Chávez y Maduro no son más que líderes entregados a su pueblo que tuvieron el valor de enfrentarse a la inclemencia de la política imperialista norteamericana. En el colmo de su delirio desafía a los propios venezolanos que están en nuestra patria a conocer su realidad. Ni Fukuyama fue tan arrogante con su fin de la historia.  

En el debate con el Capitán Perú* (diciembre 2020) le exigía que evidencie su “enfoque científico” sin lo cual era imposible reconocer las ideas del oponente. ¿Habrá sacado esta dogmática sentencia de los paradigmas de Thomas Kuhn, o la epistemología de ciencia de Bunge? ¿Era necesario recurrir a esa premisa de incongruencia cuando se discutía una postura hispanista con otra neoindigenista con claros ejercicios de materialismo dialéctico? ¿Habrá visto el debate entre Jordan Peterson y Slavoj Žižek o el de Chomsky con Foucault (diferentes en casi todo) y no los imagino a ambos pidiendo exhibir primero sus métodos y enfoques antes de continuar con el intercambio de ideas? 

En otros momentos de las réplicas de Anka pedía a su contrincante, Capitán Perú que citara la referencia bibliográfica y no podía atreverse a hablar sin fundamento. Se puso pedagógico y quiso educar al debatiente: “Se dice que el imperio de los incas fue un imperio según el historiador tal y no a título personal”. Pero él mismo se tiraba flores de los “muchos” autores que había leído, aunque citaba como la Biblia a lo largo de sus intervenciones solamente a Juan José Vega , Luis E. Valcárcel o Rostworowski. El uso barato de revisar nuestra historia porque a su entender nos enseñan en los colegios con los mitos (Mama Ocllo saliendo del lago, los hermanos Ayar) y carece de una verdadera orientación científica.

 El mundo en el que vive Anka es la alucinación y el resentimiento. Tal vez le pudo ir mejor como literato. En mi pobre escuela y colegio de aquellos años 80 nos referían dichas leyendas como lo que son ya luego entrábamos a desarrollar las diversas teorías o fuentes de interpretación que habían en los libros de Gustavo Pons Muzo o Arnulfo Ramos Bustos. ¿En qué colegios se enseñan, como dice este preclaro hombre peruano? 

Anka es muy valiente en mancha. Atiza a sus seguidores a patear o insultar a coro a todo aquel que señala como enemigo. Yo no tengo el verbo de Jaime Bedoya ni la fina ironía de Víctor Hurtado, así es que recurro a la vulgaridad de tomar las palabras de El Turry, insigne líder de la Plaza 15 de Agosto (en Arequipa) hace unos meses debatiendo con Anka en el programa “Con buena cara!”. Le dijo, sin mucha filosofía, ni exquisiteces científicas: “eres un lameculo” (Perdonen la palabra y prometo golpearme la espalda con ortiga).

 

* https://www.youtube.com/watch?v=5Mu6uWeIl4Y

Carlos Rivera
05 de agosto del 2022

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