Franco Germaná Inga
Sal y conoce tu camino
Sobre la importancia de viajar para el aprendizaje.

Vamos a empezar con pie derecho. La primera columna del año no será sobre política, ya que el actual escenario es deprimente y no le quiero malograr las fiestas a nadie. Por ende, he elegido un tema más ameno y que genera sentimientos positivos: viajar. Escribo estas líneas desde Venecia y se las dedico a todos los jóvenes en formación.
Viajar, es el acto de conocer nuevos lugares, entender nuevas culturas, aprender tocando y no solo leyendo. Además, es una actividad sumamente educativa y que posee numerosos beneficios para la formación de las personas. En primer lugar, es una manera didáctica de aprender. De manera complementaria a una educación teórica a través de la lectura, viajar provee conocimientos de primera mano a las personas. Ello es así porque las expone a un determinado entorno geográfico, histórico y socioeconómico. Por ejemplo, si se tiene que aprender sobre el legado de los Incas, además de leer libros, ¡pues qué mejor que ir a Machu Picchu y conocer gran parte de su historia!
Segundo, da una mayor perspectiva a las personas. Si alguien viaja bastante se dará cuenta de que no todo es como uno piensa que es. Las personas son como son en parte porque están influenciadas por el entorno en el que se desenvuelven; por ende, diferentes culturas tienen diferentes maneras de relacionarse con el mundo. Viajar permite conocer a personas e interactuar con ellas, lo cual puede volver a las personas más tolerantes.
Tercero, desarrolla las habilidades interpersonales. A menudo, el viajero se verá expuesto a situaciones en las que tendrá que preguntar direcciones, compartir cuartos y tours con personas que no conoce y quizás que ni siquiera comparten su idioma. Todo ello, fuerza al viajero a salir de su zona de confort, desarrollando habilidades interpersonales que le servirán en varios aspectos de su vida.
Por estas razones y otras más queda claro que viajar tiene beneficios; no obstante, las principales limitaciones son el costo y la seguridad. En primer lugar, es totalmente posible viajar con un presupuesto limitado, siempre y cuando se planifique con la debida anticipación para comprar tickets baratos y se hagan reservas en alojamientos compartidos. Respecto a la seguridad, tener siempre a la mano teléfonos de emergencia y estar conectado, viajar con gente de confianza y evitar riesgos absurdos son generalmente una buena fórmula para la protección del viajero.
En suma, los viajes deben ser fomentado desde temprana edad con visitas escolares. Luego, ya cuando se esté en una etapa adulta, que ello sirva para que las personas puedan encontrarse consigo mismas.
Venecia, 02 de enero de 2018
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