Aldo Llanos
Sacan el retrato de San Josemaría de la Catedral
Rechacemos la manipulación que polariza la fe

En pocas horas, la noticia corrió raudamente por las redes sociales, generando opiniones en algunos portales por parte de católicos que no son del Opus Dei. En estos se puede notar claramente un reclamo mucho más grande que el que representa el retiro del cuadro. Pero vamos a lo nuestro. Luego de leer dichos artículos, me atrevo a escribir esto como un simple miembro de esta Prelatura personal, desde la autoridad del que no la tiene.
Cabe resaltar que el cuadro en cuestión había sido donado a la Catedral de Lima al cumplirse treinta años de la visita de San Josemaría al Perú, y estando este ya canonizado. En dicho cuadro se plasmó el momento en el que el santo rezó ante el altar de Nuestra Señora de la Evangelización, encomendando los frutos de esa visita. Desde 1994 hasta este año el cuadro había permanecido en la parte lateral superior izquierda de la capilla de dicha advocación mariana. Sin embargo, la noticia que causó revuelo cuenta que el cuadro ha sido reemplazado por otro más pequeño (de la Virgen María), y que ha ido a parar, de momento –envuelto en papel Kraft– al suelo, apoyado en uno de los muros de otra capilla. ¿Debería adelantar un juicio al respecto?
Haya o no haya una información oficial por parte de las autoridades eclesiásticas competentes, caben múltiples posibilidades. ¿Y si lo sacaron para restaurarlo? En ese caso, como fieles devotos del santo se lo agradeceríamos, y como público católico también por el cuidado del patrimonio artístico religioso de nuestra catedral. ¿Y si lo sacaron para ponerlo en otro lugar? En ese caso, no tendríamos por qué incomodarnos porque este, al haber sido un regalo, pasa a estar sujeto a las decisiones del que lo posee a su conveniencia. En ese sentido, si el cuadro pasa a otra capilla o ambiente de la catedral, a embellecer cualquier parroquia peruana o a estar guardado sin nueva ubicación, es un tema que no depende de nosotros.
¿Qué nos diría San Josemaría de sí mismo? Pues lo que todo miembro del Opus Dei procura tener claro: “En la vida civil, también los hombres necesitan cierto pedestal, para que se vean mejor sus valores. En cambio, lo mío ha sido siempre ocultarme y desaparecer... Conviene que Él crezca y yo mengüe. ¡Y aun así...!” (Madrid, 1970).
Entonces, ¿no debemos rechazar nada de todo esto? Tampoco, pienso que sí hay algo que podríamos y deberíamos rechazar: cualquier intento de manipulación que personas que viven de la polarización de la fe quieran hacer de nosotros. Recordemos una de las últimas cosas que nos dijo un año antes de morir:
"¡Qué sembréis la paz y la alegría por todos lados! ¡Que no digáis ninguna palabra molesta para nadie! ¡Que sepáis ir del brazo de los que no piensan como vosotros! ¡Que no maltratéis jamás a nadie y seáis hermanos de todas las criaturas! Sembradores de paz y de alegría. ¡Con los brazos abiertos donde quepan todos: los de la derecha y los de la izquierda, los de enfrente y los de atrás ¡Todos, todos, todos! (…) Nosotros los cristianos hablamos de entendimientos, de cambiar impresiones para llegar a un acuerdo. Pero ¡de pelearse, de odiarse... no!" (26 de junio de 1974 en Argentina).
Que así sea.
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