Martin Santivañez
Popular es cristiandad
Posmodernas desviaciones de la conciencia nacional

Un partido popular reconoce el papel fundamental del cristianismo en la conformación de esa síntesis viviente que es el Perú. De hecho, un partido popular defiende al cristianismo porque considera que la religión es un hecho positivo y relevante desde el punto de vista social, y reivindica el rol formativo de la Iglesia católica en la construcción de la peruanidad. Así, el cristianismo es rescatado como un motor de integración y unidad por encima de las ideologías que solo aspiran a la división. Hace cien años Víctor Andrés Belaunde habló de varias desviaciones de la conciencia nacional. Hoy, con el bicentenario en ciernes, debemos actualizar esas desviaciones.
En primer lugar, el sectarismo ideológico ha pasado de proponer la lucha armada y el terrorismo a apoderarse de instituciones y medios de comunicación empleando la vía de Gramsci. Pero mantiene incólume su pretensión totalitaria, que busca apartar de la esfera pública a todo el que se oponga a la dictadura del pensamiento único. O eres de izquierda o debes desaparecer. No tienes derecho a opinar si no perteneces al espectro de las izquierdas. El sectarismo ideológico izquierdista persiste en esta vocación autoritaria y no cejará en su empeño de lograr una hegemonía cultural. Contra el sectarismo, la unidad de los cristianos es fundamental.
Precisamente por eso, porque reconocen en el cristianismo una fuerza antagónica, la segunda desviación de la conciencia nacional se plasma en un jacobinismo anticlerical de manual. En efecto, el anticristianismo ha dado paso a una decidida cristofobia. La política peruana convertirá a la religión en un eje de polarización importante para definir el posicionamiento político de cara a los futuros procesos electorales. La religión tendrá una prolongación política definitiva al momento de crear una plataforma electoral y un discurso de poder. En este sentido, el partido que opte por defender la religión mayoritaria de los peruanos tendrá la capacidad de unificar a un electorado mayoritario, consolidando un escenario de hegemonía capaz de regenerar la República y crear un Estado auténticamente funcional, dotado de un proyecto educativo de largo alcance, con una nueva posición internacional y con una vocación popular que sea eficiente en sus políticas públicas.
La tercera desviación es la desviación relativista. El ethos posmoderno está anclado en un relativismo evanescente. Este relativismo deconstruye la realidad hasta basar la acción política en un pensamiento débil que opta por relativizar todo principio absoluto. El consenso se transforma en la medida de la verdad y la democracia cae en el procedimentalismo vaciándose de contenido. La desviación relativista genera una política del relativismo que pretende crear derechos a voluntad y sin sus respectivos deberes. Así, el Estado de derecho se transforma en una prolongación de la libertad subjetiva, sin un orden objetivo referencial.
Estas desviaciones posmodernas (de la violencia al sectarismo, el jacobinismo anticristiano y el relativismo evanescente) provocan división, destrucción de la síntesis nacional y dispersión territorial. A esta dispersión, producto de la ideología, el cristianismo opone la política de la unidad, único y verdadero antídoto capaz de galvanizar al pueblo para enfrentarse al odio y la secesión.
Martín Santiváñez Vivanco
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