Martin Santivañez
Popular es bien común
La opción preferencial por los pobres

Un partido popular construye, apelando a la libertad responsable de sus miembros, un proyecto político común, un modelo concreto de sociedad. El bien común es el objetivo político de todo movimiento popular que aspira a convertir un país en un líder regional y global, y que tiene un modelo de bienestar que proponer al mundo. La comunidad política solo puede fortalecerse desde una perspectiva solidaria en la que todos son responsables del bien común en función a sus talentos.
Construir el bien común implica adoptar la opción preferencial por los pobres. Esta opción preferencial por el más necesitado convierte a un movimiento político en un motor de transformación social. La opción preferencial por los pobres pasa por identificar los sectores más débiles de una sociedad y trazar una hoja de ruta realista y capaz de solucionar las necesidades más urgentes. Esta opción preferencial por los pobres debe complementarse con la apuesta urgente por las mayorías. Un partido popular identifica correctamente los sectores representativos mayoritarios de una sociedad y encarna sus aspiraciones políticas, jurídicas y económicas. De esta forma propone y firma alianzas con gremios, grupos, sectores consolidados o emergentes que proyectan un anhelo mayoritario, no elitista. Un partido popular no representa a lobbies privados. Un partido popular no trabaja para elites ausentistas. Un partido popular encarna el interés público, el interés de la mayoría del país, que puede o no concordar con el de un grupo privado. Tal enfoque siempre está vinculado al bien común de la mayor parte de la sociedad.
Para eso se requiere una clase dirigente comprometida con este bien común. Una clase dirigente que aplique la razón de Estado, no el interés de clase. Y el bien común solo puede ser alcanzado por una elite que nazca del pueblo, que se nutra de él y que, aplicando el realismo político, consolide el lazo con la sociedad que representa. Una clase dirigente con pleno sentido histórico, consciente de su papel en la región y del rol que cumple el Perú en Latinoamérica. Esta clase dirigente peruanista es la encargada de liderar el proceso de regeneración de la política nacional. Para un correcto proceso de liderazgo, la clase dirigente tiene que identificar no solo el bien común, también debe delimitar el alcance de la enemistad pública, señalando de manera coherente el origen de las fuerzas de la secesión y a los autores de la hostilidad.
En tal sentido, construir el bien común implica combatir al enemigo público. La correcta identificación del hostil —esto es, del enemigo político— es una operación fundamental del realismo performativo. Enemigo político de un partido popular es cualquier movimiento ideológico desintegrador de la síntesis peruanista; enemigo moral es el elemento degenerativo y cosificador de la persona; enemigo jurídico el filo terrorismo destructor de las fuerzas del orden y enemigo filosófico la facción que defienda al colectivismo neomarxista o al relativismo falsamente liberador. La construcción del bien común implica la defensa de la dignidad de la persona. Y no es posible defender la verdadera ciudadanía si el Estado, conducido por una clase dirigente incapaz de identificar a los verdaderos enemigos de la comunidad política, abraza el buenismo de lo políticamente correcto, mutilándose de manera unilateral.
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