Aldo Llanos

Para superar la polarización en la Iglesia peruana

La propuesta del ágora “Fratelli Tutti”

Para superar la polarización en la Iglesia peruana
Aldo Llanos
28 de julio del 2022


Una de las etapas que me tocó vivir muy de cerca fue la corta vida de la prematuramente fenecida Universidad San José. Esta universidad fue un proyecto que pretendió absorber a la antigua Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima (FTPCL) y convertirse en el mediano plazo en una nueva universidad pontificia en nuestra diócesis. Las razones han sido de las más variadas, aunque fue notorio que se emprendió aquello cuando la tensa situación entre el arzobispado y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) llegaba a un punto muerto. Mientras esto ocurría, la polarización académica teológica se ponía de manifiesto con mayor evidencia entre los estudiantes de las dos casas de estudios destinadas a ello en la diócesis de Lima: la FTPCL y el Instituto Superior de Estudios Teológicos Juan XXIII (ISET). Órdenes religiosas (y el clero diocesano limeño) con un determinado perfil teológico destinaban (y destinan) a sus novicios a la primera. mientras que las órdenes religiosas con otro perfil, iban (y siguen yendo) a la segunda.

Es tan notoria esta división que en las actividades de unos nunca aparecen los otros. ¿Acaso no se contempla una lógica del encuentro en todas las actividades desarrolladas? Y de esto los laicos toman parte activa, sea porque ambas casas de estudios ofertan sendos diplomados en formación teológica para estos y/o porque el clima sociocultural y político en todo el mundo está también polarizado en la dicotomía “conservadores versus progresistas”. ¿Es acaso el mundo religioso el que impregna dicha dicotomía al mundo secular o es al revés? Quizás la respuesta a ello no sea tan clara, pero, de un modo u otro, los laicos somos llamados también a ser signo de unidad “respetando el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones e intereses legítimos”(1) recordando nuestro llamado universal a la santidad mediante “la acción libre y responsable en el seno de las estructuras temporales”(2).

Pero, ¿cómo se identifica un “conservador” peruano?, ¿cómo se le distingue dentro del contexto religioso católico de nuestro país?, ¿y el progresista? Pues bien, los bautizados quienes se asumen como “conservadores” tienen los siguientes rasgos en común:

  1. Espiritualidad centrada en el culto eclesial o liturgia de la Iglesia teniendo como máxima expresión de esta la vida eucarística y lo que conlleva (confesión constante y plan de vida espiritual fijada por normas y/o plan de vida). Su piedad es distinguible (la comunión la reciben en la boca y de rodillas, genuflexión y silencio, participación constante de las festividades religiosas del calendario.)
  2. Sus medios de información religiosa son básicamente Aciprensa, Religión en Libertad e Infocatólica.
  3. En lo sociocultural es un férreo opositor al aborto, la eutanasia y al “matrimonio” gay y valora mayormente el proceso de evangelización y la cultura hispana.
  4. En lo socioeconómico no tiene problemas en asumirse de derecha y no hace mayores reparos al liberalismo capitalista.

Por otro lado, los “progresistas” tienen los siguientes rasgos en común: 

  1. Espiritualidad centrada en el compromiso socio-pastoral. Suscribe en mayor medida la Teología de la Liberación. 
  2. Sus medios de información religiosa son básicamente Religión Digital y Servicios Koinonía.
  3. En lo sociocultural no se opone (y en no pocos casos “justifica” o suscribe) al aborto, la eutanasia y al “matrimonio” gay. Denosta el proceso de evangelización española y vindica con mayor fuerza, en contraposición, el indigenismo.
  4. En lo socioeconómico no tiene problemas en asumirse de izquierda y no hace mayores reparos al socialismo y a una mayor intervención estatal de la vida pública. 

Considero esto un problema (no sé si de mayor o menor importancia, pero sí un problema, al fin y al cabo), porque tal y como lo ha enunciado el Papa Francisco en “Fratelli Tutti”(3) numeral 198: “Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar”, y eso es lo que hace mucha falta en nuestra diócesis. El Evangelio es claro: “¿Acaso está dividido Cristo?”(4) dice San Pablo, en clara referencia a la polarización creciente en el seno de las primeras comunidades cristianas en cuanto a las formas de vivenciar la fe. Por ello, es necesario crear espacios de diálogo y escucha para reencontrarnos como Iglesia en el Perú, más allá de intereses o preferencias teológicas-espirituales legítimas. Lastimosamente estos espacios aun no existen de forma consolidada, aunque hubo un evento que sí demostró la eficacia de esto: el curso “Promoviendo una cultura de prevención y cuidado contra el abuso sexual de menores en la Iglesia”, llevado a cabo el 13 y 14 de noviembre del 2019 por cuenta de la Centro de Asesoría Pastoral Universitaria (CAPU) y en el que se dieron encuentro tanto “conservadores” como “progresistas” en torno a un problema en común y con la voluntad conjunta de encontrar soluciones ante semejante reto. El mérito lo tuvo la CAPU debido a que se cursaron invitaciones a todos los seminarios diocesanos, órdenes y congregaciones religiosas, a las oficinas diocesanas de educación católica y a consorcios educativos católicos. O sea, invitados todos. Los resultados aún no han podido ser cuantificados, sin embargo, el hecho de vernos las caras todos, implicó la experiencia de un “nosotros” en torno a la solución de un problema que nos aqueja a todos. 

Considero que, para ayudar a consolidar una cultura del reencuentro en nuestra Iglesia peruana, por así decirlo, debemos empezar a construir/gestionar espacios en los que puedan exponerse los problemas en común para buscar las mejores soluciones convergiendo nuestras mejores capacidades, experiencias de éxito y nuestra amistad. “Esto implica el hábito de reconocer al otro el derecho de ser él mismo y de ser diferente. A partir de ese reconocimiento hecho cultura se vuelve posible la gestación de un pacto social. Sin ese reconocimiento surgen maneras sutiles de buscar que el otro pierda todo significado, que se vuelva irrelevante, que no se le reconozca algún valor en la sociedad”(5). Para hacer efectivo esto existen algunos obstáculos de distinto orden:

  1. En el orden humano, la cerrazón psicológica en diversas personas de ambos bandos a entablar un diálogo y exposición de las propias convicciones en contraste con otras distintas (o discrepantes) con las suyas. 
  2. En el orden eclesial, el clericalismo por el que el laico es visto como un simple “apéndice” de las labores del consagrado cercenando sus fuerzas creativas, su propio razonamiento y su labor responsable en medio del mundo.
  3. En el orden doctrinal y vivencia del carisma asumido, la radicalización de las visiones particulares de entender la fe lo que conlleva al integrismo, al fundamentalismo, al rigorismo, al relativismo, al sectarismo y/o al liberalismo en la pastoral y el apostolado.

Sin embargo, esto también conlleva oportunidades tales como:

  1. En el orden humano, la posibilidad de compartir lo propio y hacerlo “entendible” al otro. P. ej., es muy fácil corroborar los numerosos sesgos y prejuicios que se tienen unos con otros al punto de asumir inexactitudes como ciertas lo que alimenta más la desconfianza mutua y el recelo injustificado(6). 
  2. En el orden eclesial, la oportunidad de hacer más viva la participación de los laicos en su vocación particular de santificación del mundo en medio de las realidades temporales.
  3. En el orden doctrinal y vivencial del carisma asumido, la disolución de las posiciones cerradas y autorreferenciales por medio de la fuerza misma del encuentro entre pares que deben llegar no con la convicción de convencer al otro, sino con la convicción de poder ser convencidos en todo lo bueno, bello y verdadero de la experiencia espiritual del otro. 

La propuesta de solución es la creación de espacios que deliberadamente y en un primer momento, debe convocar tanto a los sectores “conservadores” como a los “progresistas”. Esto sólo puede ser posible si lo encabeza la Conferencia Episcopal, el Arzobispado, alguna organización que lo asume de alcance internacional como la Academia de Líderes Católicos o, tal y como lo hizo la CAPU, por iniciativas particulares de uno u otro lado. La temática de fondo en estos espacios es precisamente, la búsqueda de soluciones a problemas en común para nuestra Iglesia local y nuestra vida en sociedad, en donde la participación y aporte de ambas vertientes, daría lugar a mejores y mayores soluciones. En virtud de ello, decidí llamar a este espacio, el ágora “Fratelli Tutti” que debería tocar los siguientes puntos:

  1. El aporte de la Iglesia Católica en la construcción de la peruanidad. Aquí se revisan las perspectivas que se tengan en torno al proceso de la primera evangelización, la educación cristiana durante el virreinato y la república y la construcción de la identidad nacional.
  2. El aporte de los carismas en la construcción de una Iglesia local reencontrada. Aquí nos damos a conocer unos a otros para saber presentarnos y conocernos. 
  3. La superación del clericalismo. Aquí se hace énfasis en torno a la vida del laico y su llamado a la santidad.
  4. La actividad política, el activismo y la DSI. Aquí se revisan las líneas de acción en sociedad teniendo como luz la DSI y se comparten las experiencias en torno a esto. 

Estos encuentros deberían darse una vez al mes durante un año para empezar y cada seis meses debería estar editándose un informe al respecto. Además, de ser posible, en presencialidad deben ser llevados a cabo en ambientes “conservadores” y “progresistas” intercaladamente. Los resultados de dichos encuentros deben ser publicados como material de difusión y/o trabajo. Las personas que participan deben vivir previamente una jornada espiritual en la que el centro sea el valor de la amistad cristiana. En efecto, y tal como lo señala Fernando Ocáriz (Prelado del Opus Dei a los fieles de la Obra) “La amistad tiene, además, un inestimable valor social, pues contribuye a la armonía entre los miembros de las familias y a la creación de ambientes sociales más dignos de la persona humana. “Por vocación divina –nos escribe nuestro Padre– vivís en medio del mundo, compartiendo con los demás hombres –iguales a vosotros– alegrías y sinsabores, esfuerzos e ilusiones, afanes y aventuras. En vuestro recorrer los innumerables caminos de la tierra os habréis esforzado, porque a eso nos mueve nuestro espíritu, en convivir con todos, en relacionaros con todos, para contribuir a crear un ambiente de paz y de amistad”(7). Del mismo modo, Arturo Sosa SJ, Superior General de la Compañía de Jesús remarca la importancia de realizar encuentros con miras a cultivar la amistad entre pares cuando dice: "La fraternidad no puede darse por sentada, no se da por decreto"(8).

Ante la evidente polarización religiosa que sufrimos en nuestra diócesis y la polarización sociopolítica de nuestro país, son necesarias acciones que nos permitan reencontrarnos y así poder ser “signos de unidad”. Estas acciones pasan por crear espacios de diálogo y escucha para poder conocernos y reconocernos para superar la vieja dicotomía “conservadores” – “progresistas”. Las perspectivas en cuanto a la vivencia de la fe y el desarrollo de los carismas en su concreción social, lejos de ser un impedimento (si es que son legítimos y se enraízan en el Evangelio, el Magisterio y la santidad de vida), proporcionan una mirada distinta a los problemas ya que la realidad misma es poliédrica y en cuanto se revelen más perspectivas, mejor conocimiento tendremos de esta para hacer posible el Reino en nuestro mundo. Por medio de una cultura del reencuentro, todo prejuicio y sesgo negativo es disuelto permitiendo lazos de amistad y concordia entre las personas que viven y cultivan un determinado carisma. Por medio de espacios como el ágora “Fratelli Tutti” propuesto, podemos dar testimonio al mundo secular que también requiere de experiencias exitosas como ejemplo para superar sus propias dificultades y polarizaciones que no construyen peruanidad alguna y más aún luego de alcanzar nuestro bicentenario. 

1) Fratelli Tutti, numeral 203. 
2) San Josemaría Escrivá, Conversaciones. N.59, 303 (1968)
3) De ahora en adelante (FT)
4) 1 corintios 1, 12.
5) FT, 218. 
6) Aún recuerdo vivamente cuando participé por primera vez (por cuenta propia) en una actividad en un ambiente “progresista” en torno a la figura de Monseñor Romero y tal fue mi sorpresa cuando uno de los ponentes se puso a hablar inexactitudes sobre la relación de Romero con el Opus Dei (prelatura personal a la que pertenezco) con tal seguridad que no sabía en ese momento si esperar hasta el final para abordarlo personalmente o ponerme de pie en medio del auditorio para señalarle todos los fakes dichos uno por uno.
7) Carta del prelado (1-XI-2019)
8) Webinar de la red AUSJAL (7-XII-2020)

Aldo Llanos
28 de julio del 2022

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