Aldo Llanos
Optimismo ante la crisis política
¿Quiénes en la oposición están dispuestos a aportar desde el optimismo?

La situación política del Perú va de tumbo en tumbo. La permanencia del presidente Castillo se ha vuelto insostenible, mientras que todo el oficialismo hace agua por todos lados día tras día. Por otro lado, la cosa tampoco está mejor en lo económico y en lo social. ¿Será posible el optimismo en estas circunstancias?
Pero la vía contraria solo es un camino a la perdición. Si los peruanos hubiésemos caído en manos del pesimismo ante cualquiera de las muchas crisis políticas que hemos sufrido, entonces el Perú sería inviable hoy por hoy. Y sin embargo, aquí estamos.
El problema del pesimismo es que no solo se trata de la experiencia del mal momento vivido, sino también del deseo malsano de que las cosas empeoren. En ese sentido, el pesimista la pasa mal él mismo, sino que no le importa que otros también la pasen mal junto a él. Esta acción, que denota el oscurecimiento del bien común en una sociedad, enmarca perfectamente el tristemente célebre lema que dice “el peor enemigo de un peruano es otro peruano”.
El pesimista, por lo tanto, no construye peruanidad, porque esto ya constituye un esfuerzo. Prefiere destruir. El optimista, en cambio, no deja de valorar positivamente el lugar que lo cobija, convirtiéndose en todo para todos. Para él, los otros no solo son compatriotas, sino también hermanos. Pero ambos caminos generan seguidores. Por lo que ser optimista conlleva una enorme responsabilidad.
En el Perú, el optimista ante la crisis política no puede ser un iluso, ya que el optimismo no emerge espontáneamente ni se compra a la vuelta de la esquina. Más bien se forja comprendiendo el pasado, conociendo el presente y proyectando el futuro, por lo que se consolida en el tiempo y va aparejado con la madurez personal. Para ser optimista eficazmente en medio de una crisis política se requiere una florida vida interior.
El optimista no supone que “todo va a estar bien” y tampoco suscribe el “yo estoy bien, tú estás bien y todos estamos bien”. El optimista de verdad partirá siempre de la aceptación del estado real de las cosas, por más desoladora que esta sea, ya que el caos y la desolación siempre les sabrán a alicientes para construir en medio de la crisis. Hacerlo en esas condiciones, permite reconocer que “como nada tenemos, todo lo podremos”
Pero hay más. El optimista ante la crisis política tiene la convicción de que construir tiene más mérito que destruir, ya que si todo hubiera sido construido no habría oportunidad de crecimiento interior alguno. El optimista aporta optimismo y trabajo para enfrentar la crisis, porque eso empujará a otros a aportar lo que de irremplazable tiene lo suyo, ya que todos hemos venido a este mundo para transformarlo con nuestro particular e irremplazable aporte. En efecto, nadie hace las cosas como nosotros podemos hacerlas. Habrá copias, imitaciones, sustitutos, pero nada de esto tendrá el sello indeleble de lo personal.
Y si hay mucho por hacer es precisamente porque Dios hizo de este un mundo inacabado e imperfecto para que el hombre lleve a cabo, con su aporte y optimismo, la tarea de trabajar para perfeccionarlo. Hemos sido llamados a aportar con optimismo, y también a hacerlo cada vez mejor. De aquí se entiende que el verdadero optimista siempre aparece en las crisis más graves, ya que en esas circunstancias hay mucho más que aportar y el aporte será cualitativa y cuantitativamente mucho mayor.
Entonces cabe preguntarse, en medio del contexto político peruano actual: ¿quiénes en la oposición están dispuestos a aportar desde el optimismo y no desde el pesimismo? ¿Quiénes en la oposición están dispuestos a surgir con un liderazgo optimista sobre todo cuando las crisis políticas recrudecen en vez de actuar con cálculo político? ¿Quiénes en la oposición están dispuestos a construir en vez de destruir en medio de la crisis política?
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