Aldo Llanos

Nicaragua, sandinismo e Iglesia católica

Dictadura nicaragüense arrestó a un obispo y siete religiosos

Nicaragua, sandinismo e Iglesia católica
Aldo Llanos
26 de agosto del 2022

 

La última arremetida del gobierno sandinista de Nicaragua contra la Iglesia Católica (apresar al obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez) ha remecido las redes sociales en torno al primer pronunciamiento público del Papa Francisco sobre la prepotencia del gobierno dictatorial de Daniel Ortega contra la Iglesia. En este, expresó seguir “con cercanía, preocupación y dolor” los recientes acontecimientos: El obispo Álvarez estuvo previamente recluido dentro del edificio de la Curia Episcopal por quince días antes de ser llevado a prisión domiciliaria, el arresto de cinco sacerdotes, dos seminaristas y un camarógrafo que documentaba todo esto, el calificar de “terroristas” a los 360 muertos por los que la Iglesia pedía justicia, el exilio del obispo Silvio Báez (a quién conocí personalmente cuando estuvo por Perú y de quien guardo el mejor de los recuerdos) en el 2019 por amenazas de muerte, la expulsión unilateral del nuncio Waldemar Sommertag en marzo de este año y el cierre de siete radioemisoras católicas y confiscación de sus equipos.

Para algunos, la respuesta les ha parecido muy tibia considerando que, para otros temas, el Papa ha sido muy directo y tajante. Sin embargo, vale la pena recordar que, un pronunciamiento público, no deja ver el intenso trabajo de la diplomacia vaticana en pos de encontrar una salida prudencial, es decir, que no conlleve nuevos o peores males a más inocentes. 

De todos modos, he aquí un ejemplo de lo que ocurre cuando un gobierno comunista llega al poder en sus relaciones con la Iglesia y si bien la jerarquía eclesiástica y los católicos con responsabilidades gubernamentales deben actuar con firmeza, pero también con mucha prudencia, a los laicos que la conformamos, sí nos corresponde hacer hincapié en la historia reciente para que nunca más se repita.

Luego del triunfo de la revolución sandinista en 1979, los comunistas establecieron una estrategia que se repite en todas partes: hacer un llamado a la “reconciliación política” para calmar las aguas y legitimarse. Bueno fuera que esa sea la real intención en pos de una transición democrática, sin embargo, no es más que una burda manipulación para ganar tiempo. Aquel año, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) promovió la creación de una Junta de gobierno y de reconstrucción nacional a la que se plegaron con nobleza, muchos políticos de centro-derecha en aras de la gobernabilidad. Pues bien, dicha gobernabilidad duró apenas un año al tomar el FSLN el control de la Junta y desplazar a quien no fuera del partido. 

Lo que sucedió después, se encuentra en el manual del perfecto dictador comunista: organizar una policía secreta encuadrada dentro de una milicia popular, la cual, era engrosada al restituirse el servicio militar obligatorio. La creación de tribunales militares con competencias civiles. Reescribir la memoria histórica reciente denostando a los rivales políticos y exaltándose a sí mismo. El hostigamiento, primero, y el secuestro, encarcelamiento y tortura, después, a todo crítico al régimen. Estatización de la economía. Recorte de libertades civiles e implementación de políticas de vigilancia y castigo. Ideologización de los contenidos escolares. Firmar alianzas de cooperación con Cuba. Imponer el partido único ilegalizando cualquier otro. 

Como todo esto es insostenible, para mantener el poder, el gobierno del FSLN recurrió a la “vieja confiable”: la represión y violación de los DD.HH. Desde el inicio de las revueltas en el 2018, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) van más de 328 muertos, 3 desaparecidos, 130 encarcelados, 10,000 indígenas desplazados y 88,000 exiliados. Como dijo el ex ministro del Interior sandinista: “la revolución no puede tolerar excepciones”, y la Iglesia Católica era, es y siempre será, una piedra en el zapato. En consecuencia, según el pragmatismo comunista, la hora de la Iglesia iba a llegar y llegó. ¿Cómo podríamos, como Iglesia, callar ante ello?

Dicen que un pueblo que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo, por ello, no podemos desentendernos de nuestro rol de contar la historia del comunismo a los más jóvenes y prevenir que en un futuro no muy lejano, lleguen al poder, y de esto se trata, de levantar nuestra voz profética. 

Aldo Llanos
26 de agosto del 2022

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