Carlos Hakansson
Las dimensiones del poder
Sobre los pesos y contrapesos entre las diversas funciones del poder
El poder es la capacidad de una persona, organización o comunidad política para tomar decisiones e influir a terceros para la comisión de determinados actos u omisiones. Ninguna sociedad organizada puede prescindir del ejercicio del poder que, en su dimensión formal, se manifiesta en regímenes políticos que se diferencian en cómo lo alcanzan, ya sea a través de la democracia, una revolución armada, al final de una guerra civil que toma las instituciones de gobierno, o una invasión extranjera que toma el control del país. De todas las formas mencionadas, solo la democracia es capaz de garantizar la periódica alternancia del poder, las demás suelen terminar en una dictadura o tiranía con vocación de perpetuidad. En ese sentido, si la democracia es una técnica de libertad, el constitucionalismo garantiza su conservación en el tiempo.
Si bien el poder es una realidad indivisible, el constitucionalismo promueve diferenciar el ejercicio de sus funciones básicas para evitar su peligrosa concentración, pero no impide que puedan cooperar para poder fiscalizar y dotar de legitimidad una decisión política que, de otro modo, podría erosionar progresivamente el régimen democrático. Se trata del reconocimiento, práctica y garantía de un ejercicio de la libertad bajo los límites naturales marcados por la razonabilidad y proporcionalidad. A los jueces se les asigna la responsabilidad de resolver los eventuales conflictos de competencia interpretando la Constitución.
El poder también posee una dimensión dinámica porque, cuando falla el constitucionalismo, es capaz de cubrir los espacios vaciados por las instituciones bajo diversas circunstancias políticas, económicas o simplemente fácticas. Por esa razón, la naturaleza de los pesos y contrapesos entre las funciones del poder (checks & balances) demanda la mutua observancia en el ejercicio de sus respectivas competencias y atribuciones; en ese sentido, le corresponde al ejecutivo observar una ley contraria a la política trazada por el gobierno, así como al legislativo controlar la aprobación de instrumentos internacional lesivos a los intereses nacionales.
Esta dimensión formal del poder se desenvuelve en un conjunto de instituciones dotadas de normas y principios reconocidos por la Norma Fundamental; un parlamento y un gobierno legitimados por un proceso electoral y garantizados por el Estado de Derecho. Sin embargo, existe otra dimensión del poder que podemos denominar como latente, oculta o silenciosa. No se manifiesta bajo un procedimiento reglado. Es la evidente participación de agentes externos con facultad de decisión para actuar desde fuera del Estado. Nadie los eligió en democracia, pero ponen en práctica un plan de gobierno procurando copar instituciones claves para dirigirlas a la distancia. Su coraza de protección es una red de desinformación bien articulada que, ante cualquier cuestionamiento oficial, es declarada falsamente como una amenaza a la libertad de expresión. Al final, el reto del constitucionalismo contemporáneo no solo es limitar al poder visible, sino alumbrar y someter a las reglas democráticas a todos aquellos que operan desde la sombra.
















COMENTARIOS