David Auris Villegas

Jorge Luis Borges, maestro del storytelling pedagógico

Borges hacía que sus alumnos fortalezcan su autonomía intelectual

Jorge Luis Borges, maestro del storytelling pedagógico
David Auris Villegas
26 de agosto del 2026

 

Hace unos días visité mi cafetería favorita y encontré a un grupo de colegas discutiendo con ardor. Al verme, me invitaron a la mesa y confesaron su tragedia: habían fracasado en la temida clase modelo de una prestigiosa universidad peruana. Denigraban el acartonado esquema mientras se tiraban de los pelos. Me pidieron un consejo. Apenas atiné a decir: lean Borges profesor. Sorprendidos, me preguntaron: ¿Y quién es Borges?

Y así, queridos lectores, la conversación con mis colegas se transformó en este artículo dedicado a Borges, quien no buscaba que el estudiante memorice, sino que piense. En Borges profesor, con notas de Martín Arias y Martín Hadis, descubrimos cómo Borges inspiraba literatura en la Universidad de Buenos Aires mediante su peculiar storytelling.

El storytelling hoy está de moda en el terreno educativo. Nació en el ámbito empresarial como estrategia para conectar la emoción del producto con el público. Aquí desmonto la arquitectura del storytelling pedagógico utilizado por Borges que, adaptándolo al contexto docente, puede transformar las clases en una experiencia memorable.

Borges ingresaba al aula, saludaba brevemente y, de inmediato, despertaba la curiosidad con una pregunta misteriosa o una frase que enlazaba la clase anterior con el tema actual. Así comenzaba su particular viaje pedagógico, repleto de motivación e intriga.

Luego contaba una historia inspiradora, fusionando literatura y realidad. De pronto, hacía aparecer al personaje, construía la escena e introducía un conflicto capaz de conectar con las experiencias de sus estudiantes. Las interpelaciones surgían entonces como conversaciones amenas: Borges dialogaba, escuchaba y citaba autores, evitando convertir la clase en una simple exposición temática o bibliográfica. Prefería que sus estudiantes descubrieran por sí mismos las fuentes y fortalecieran progresivamente su autonomía intelectual.

Los invitaba a pensar, cuestionar sus conocimientos y emerger de sus certezas mediante sorprendentes saltos temporales, como en sus cuentos. Mientras ampliaban su bagaje literario, permanecían con el apetito intacto de seguir aprendiendo por cuenta propia.

Al finalizar aquella memorable experiencia pedagógica, Borges, como encantador de historias y maestro del relato, se marchaba dejando flotando una pregunta. Esa interrogante se convertía en el acicate para el próximo encuentro y permanecía en la memoria de sus estudiantes.

Al concluir este breve recorrido, mis colegas habían transformado la desdicha en esperanza y triunfo. Sin despedirse, partieron a la librería por Borges profesor, resueltos a descubrir cómo convertir el storytelling en su poderosa herramienta didáctica. ¡Como podrán notar, la clase había funcionado!

David Auris Villegas
26 de agosto del 2026

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