Franco Germaná Inga
Fiebre por la blanquirroja
Sobre cómo una selección puede generar tantas pasiones.

Es lunes en la tarde y estoy haciendo cola en la oficina de administración de la Universidad de Edimburgo para recoger mi permiso de residencia biométrico, cuando repentinamente la chica que estaba detrás de mí, al ver mi pasaporte, me pregunta si soy peruano. Le respondo que sí, y me cuenta emocionada que ella también, y que recién había llegado a la universidad para estudiar un doctorado; resulta que incluso estaba en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas igual que yo. Para ambos era la primera vez que veíamos a un peruano desde que llegamos a esta ciudad y, como corresponde, inmediatamente empezamos a hablar del partido contra Colombia. Estando a un partido de clasificar al mundial después de 35 años, era un crimen ponerse a hablar de temas académicos.
La relación del hincha con la selección es de amor y odio. Siempre he visto todos sus partidos, me he emocionado y decepcionado. He criticado a quienes dejan de alentar a la blanquirroja; pero llegué a jurar nunca más ver un partido de ella después de que Uruguay nos goleara 6 a 0 en la era Chemo, tan solo para romper el juramento en la siguiente fecha de las eliminatorias. Soy de los peruanos que no perdonaría al Cóndor por fallarse ese gol contra Ecuador así me llamé por teléfono de rodillas, y que tampoco perdona a Zambrano por su expulsión ante Chile en la semifinal de la Copa América 2015; soy de los que no extraña a Pizarro, pero venera a Guerrero. Me he quedado afónico con el gol de Fano a Argentina y he llorado con el gol del Oreja Flores a Ecuador en Quito. Incluso ahora, en Edimburgo, he tratado de seguir a la selección. Y ya que la Churchill House —la residencia universitaria donde vivo— no tiene canales deportivos, buscando un lugar donde ver el partido pasado contra Argentina, me di con la sorpresa de que en Escocia los bares prefieren pasar un campeonato de dardos en lugar de las eliminatorias sudamericanas. Dios, perdónalos porque no saben lo que hacen. Felizmente al final pude verlo, desde mi sala común, gracias a que me lo transmitieron gentilmente por Skype.
Así como yo, millones de peruanos no pueden dejar de pensar en otra cosa que no sea el partido contra Colombia. De repente todos nos volvimos más patriotas, cantamos Contigo Perú a viva voz y salimos con camisetas a las calles. El martes no importará la política, que si el indulto, que si el voto de confianza, que si PPK va a la Comisión Lava Jato o no; nada, este martes el país estará paralizado. Eso es el fútbol, factor de unión e identidad. Ojalá Perú se clasifique, nuestro pueblo se lo merece.
Edimburgo, 09 de octubre de 2017.
Franco Germaná Inga
@FrancoGermana
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