Carlos Hakansson
En defensa de un Senado con representación regional
Senadores deberían ocuparse del desarrollo regional

La Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso viene discutiendo un proyecto de reforma constitucional que permita el retorno al sistema bicameral. La tarea de recuperar el Senado quedó pendiente en el tiempo y debe vincularse a una reflexión sobre los resultados del proceso de descentralización que requiere un estudio profundo; con dos décadas de vigencia han quedado expuestas sus deficiencias para un sostenido desarrollo regional. En ese sentido, la representación política en un Senado quedará reducida en una reforma cosmética si no responde a los intereses territoriales. Por eso, si el principio de representación política legitima las reglas constitucionales para legislar y fiscalizar, nos encontramos con el principio rector que legitima el ejercicio de todas las competencias parlamentarias.
Sobre la composición de ambas cámaras, el número de senadores debe dar prioridad al principio de igualdad entre las regiones; es decir, no importa el espacio territorial que ocupan, la riqueza de sus recursos naturales o el gran número de ciudadanos que habitan, sino la representación en términos de igualdad con las demás regiones del país. Dos senadores por cada región. Las propuestas de elección de senadores por distrito electoral único –en otras palabras, convertir a todo el territorio patrio en un solo distrito electoral para votar por candidatos de cualquier parte del país, no necesariamente de la región que deben representar– produce una composición etérea que termina por favorecer a los políticos más mediáticos a nivel nacional. En otras palabras, candidatos que hacen campaña por todo el país para ocupar un escaño en el Senado.
Pese al diagnóstico anterior, la coyuntura nacional revela una gran orfandad política, agudizada tras el impedimento de reelección inmediata de congresistas. Esto nos invita a pensar en soluciones intermedias y de tránsito. Por ese motivo, la composición mixta para el Senado podría ser una opción para estudiar: dos representantes por cada región; un senador electo por distrito electoral múltiple, y el otro un candidato regional.
La labor de los senadores sería discutir los problemas del desarrollo regional (regular sus competencias, mejora de infraestructura, adecuados servicios públicos) y el nombramiento y ratificación de altas autoridades (Defensor del Pueblo, Tribunal Constitucional, Contralor General de la República, la presidencia y directorio del Banco Central de Reserva, superintendencias, etcétera). Los diputados se ocuparían de la política doméstica (oposición, control y exigencia de la responsabilidad política al gobierno). Ambas cámaras se complementarán y revisarán la legislación de la otra, pero desde perspectivas diferentes. Los diputados desde una visión ciudadana, los senadores mediante una reflexión territorial.
Pero el efecto más importante de un Senado serán las futuras relaciones entre las regiones norte, centro y sur del país pues, compartiendo problemas y necesidades en cada zona, las regiones descubrirán que votando juntas conseguirán mejores resultados que separadas. De esta manera, la conformación de unas macro relaciones regionales sería el cambio de comportamiento que promueva su desarrollo integral e integración a través de compartir tanto intereses como necesidades. Un efecto que debe producir un Senado constituido por un diseño y composición que sea reflejo de una verdadera representatividad territorial.
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