Javier Valle Riestra

El viaje a las estrellas de Víctor Raúl

A 44 años de la muerte del líder del Apra

El viaje a las estrellas de Víctor Raúl
Javier Valle Riestra
04 de agosto del 2023


I

El dos de agosto se ha cumplido cuarenta y cuatro años de la partida del jefe y fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre (Trujillo, 1895 – Lima, 1979); por eso, quiero rendir homenaje a su pensamiento, a su lucha, su doctrina, su legado, su docencia y decencia moral, a su integridad y martirio de persecución; al peruano y político más ilustre del siglo XX. El día de su partida fue doloroso para el militante aprista y también para la nación, por eso repito lo que dije entonces: “Como en la tragedia shakesperiana, imito a Antonio y también pido la atención de mis conciudadanos en el funeral de nuestro César, pero no para sepultarlo sino para ensalzarlo. Ha muerto Haya de la Torre. Sí. Increíble. Aunque los pueblos que despierten soñarán junto a él, ha fallecido la fuente misma de la vida política del Perú del siglo pasado. Sin exageración facciosa podemos decir que perdimos al peruano más ilustre de todos los siglos, sea de la Patria mítica, sea de la Patria histórica. La vida del Perú se tejerá hasta que nos extingamos o desaparezca la escritura en torno a Víctor Raúl, hijo de Raúl y Zoila Victoria, nacido en casa de hijosdalgos de solar conocido. Caso extraño el suyo; el de alguien que deja un melgar profundo tras su tempestuoso paso por la tierra sin haber llegado al Poder”. 

II

Todos los hombres de la estructura caudillesca e intelectual de nuestro, por siempre, jefe, llegaron al gobierno. Allí están en el olimpo Lenin, Mao, Bonaparte, Bolívar, Trotski, Perón, Mussolini. Quizás él, esotérico, visionario, premonitor, lo vaticinó en su antológico discurso del 8 de diciembre de 1931 cuando dijo:

Quienes han creído que la única misión del aprismo era llegar a Palacio, están equivocados. A Palacio llega cualquiera porque el camino de Palacio se compra con oro, o se conquista con fusiles. Pero la misión del aprismo era llegar a la conciencia del pueblo antes que llegar a Palacio. Y a la conciencia del pueblo no se llega con oro ni con fusiles.

Y así fue. Desde esas frases hasta su partida en 1979 transcurrieron cuarenta y siete años y ni Víctor Raúl ni el APRA pudieron llegar a Palacio ni al Poder, salvo el espejismo de supralegalidad insular que fue la Constituyente (1978-1979). Todos esos 47 años estuvieron jalonados por el inclemente acosamiento a Víctor Raúl por los gobernantes y comodatarios del poder de entonces (Sánchez Cerro, Benavides, Prado, Bustamante y Rivero, Odría, Velasco, Morales Bermúdez) a quienes los enfrentó y afrentó desde las catacumbas de Incahuasi sin más armas que un mimeógrafo, panfletos y simbólicas molotov.

III

Pero, todos esos hurin cuzco y hanan cuzco de la historia peruana hacían antiaprismo policial mandando a los compañeros al paredón, al ostracismo o la lobera, intentando al mismo tiempo fingir aprismo social. Nos imitaron sin citarnos. Nos copiaron sin poner comillas. Por eso, la condecoración que impusieron a Víctor Raúl hace años en su lecho de moribundo, entrañaba más que una ironía una lección. Los vencidos, los perseguidores le otorgaron la Orden del Sol al vencedor yacente, al gran Mariscal civil que los derrotó mil veces con la palabra y con la pluma. Y muerto los seguirá venciendo porque desde su tumba Haya persistirá liderándonos y podremos decir de su póstuma conducción, lo que él dijo a los trujillanos al ser excarcelado del panóptico (1932): “Eso es lo que le faltaba a esta tierra y a este pueblo; le faltaba el soplo de lo cósmico, de lo eterno, de lo alto, de lo puro, y, como no lo tenía fue preciso pedírselo a los muertos; fue preciso que nuestros muertos se sacrificaran para que su aletear nos diera espíritu”. Relataba haber sabido en sueños desde su calabozo penitenciario los nombres de los seis mil compañeros fusilados en Trujillo. De la muerte habló también desde su prisión en la isla San Lorenzo (1923): “sólo la muerte será más fuerte que mi decisión de ser incansable en la cruzada libertadora”. Esta es la muerte que Haya nunca consideró fin, sino episodio. La muerte, la vida eterna, la magia, lo cósmico es lo que viene. Víctor Raúl, en “Ex Combatientes y Desocupados” –hablando de la tumba de Marx y del cadáver embalsamado de Lenin— nos dice que “la política moderna muestra que la fuerza de lo mágico debe renovarse” y que allí “está la ciencia de la moderna momificación para vencer a la muerte, detener la disolución y presentarnos al gran hombre eternamente fresco, permanentemente visible, siempre presente”. 

 

IV

Por eso, ante la calamidad de la política actual, el APRA debe hacer crujir los dientes de los prevaricadores, de los ladrones de fondos públicos, de los derechistas mafiosos, de los militaristas responsables de crímenes contra la Democracia. No venimos a amnistiar canallas. No venimos trayendo la paz ni a blanquear sepulcros. Venimos a dar guerra y a echar fariseos. Queremos un país limpio, un país libre, un país sano, un país moderno. Queremos acabar con los apóstatas que se disfrazan de apóstoles para predicar un evangelio seudoizquierdista luego de mil abjuraciones en orgías paganas con la burguesía decadente. No queremos ensayos socioeconómicos a costa del pueblo. Queremos hacer aprismo y eso comienza por la toma de conciencia de nuestro espacio y de nuestro tiempo. Las grandes masas esperan de sus nuevos conductores la verdad que siempre les dijo Haya. Y la verdad, sin academicismos ni retórica, es que los peruanos de hoy quieren libertades, trabajo, comida, colegios, servicios comunales. No hay hombre si hay hambre. Y no hay líder si no hay presente que se conjugue con un pasado. Si no hay consecuencia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que se piensa. El pueblo peruano, testigo del viaje de Víctor Raúl a las estrellas, estalló en lágrimas. En mi caso, hubiera querido que el antiaprismo profesional tuviese un solo rostro para escupirlo por sus culpas en esta frustración, en el truncamiento temporal de una obra. Igual le pasó a Moisés cuando Dios le impidió entrar en la tierra prometida diciéndole “dirige tus ojos hacia el occidente, el septentrión, el mediodía y el oriente y contémplala con tus ojos, pues no has de pasar este Jordán. Lo hará Josué”. ¿Quién será nuestro Josué? No lo sé. Quien lo sea no se empine sobre su mediocridad mortal.

Javier Valle Riestra
04 de agosto del 2023

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