Carlos Rivera
El policía literato
Reseña de la novela “La vieja Estela y sus cinco nueras”

Además de ser un destacado miembro de la honorable Policía Nacional del Perú (PNP) y transitar gran parte de su vida persiguiendo el crimen y el delito, Mauro Calle Bellido Cavila, en sus ratos libres, curiosas historias que abarcan maravillosas ficciones (de añoranza y fantasías) que las plasma con laborioso rigor estético y las comparte con sus seguidores. Hombre de orden, además de abogado y escritor. Aquí una pequeña semblanza de uno de sus libros.
Gabriel García Márquez pudo construir desde los fueros del mundo latinoamericano y su cosmos macondiano, una insólita literatura para compartirla con las gentes de todos los tiempos. Somos un continente rico en fantasías e historias, una tierra robusta de tradiciones y mitos. A ellas vamos cuando queremos soñar y transportarnos por esos maravillosos senderos de la invención expuesta en las supersticiones, la adivinación y la hechicería.
Al recibir un doctorado honoris causa Mario Vargas Llosa leyó una conferencia titulada Sueño y realidad de América Latina (Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008) y en ella nos habla de Antonio León Pinelo, autor de El paraíso en el Nuevo Mundo (acabada en 1650, pero que permaneció inédita durante mucho tiempo) quien situaba a nuestro continente como el paraíso terrenal ante los explícitos argumentos de su geografía, sus ensoñaciones y las relaciones histórico-ficcionales que se plantea para tan vasta empresa. Un continente repleto de magia y divinidad nos sigue sorprendiendo con sus misterios y los desafíos de su futuro.
En esa misma línea, Mauro Calle con La vieja Estela y sus cinco nueras, reconstruye la vida de una familia de taínos y una singular historia surgida al referirnos en esta pequeña novela una original aventura de cotidianidades alrededor de un personaje y su familia, que trascienden por su riqueza cultural donde tienen que lidiar con el entorno y los descubrimientos que les acontecen. Por ejemplo, sorprenderse de la naturaleza (“La noche en la selva está llena de peligros, escucharon algunos rugidos lejanos, que a medida que transcurrían los minutos, se sentían más cerca”) y los propios actos de nuestra humana biología (“Caminaba dando pequeños saltos pero no eran saltos, peor aún, sufriendo la natural secuela de haber nacido con los pies planos”).
Para que la historia funcione el escritor debe comprender y desplegar todo su arte en beneficio de la ficción. Cuidar las formas de una prosa que sea equilibrada y justa en su tono (la voz del creador), saber encontrar las sensibilidades de sus personajes y aclimatarlos al tiempo o las usanzas que acompañan su escritura. Mauro se aparta de su vena cuentística (nostálgica y traviesa desplegada en “Aquel niño que fui”) y ensaya una técnica de más aliento y con mayores atrevimientos descriptivos que le dan vigor a la novela corta. Sabe acomodarse al registro de una narrativa que exige los arrojos de una audaz arquitectura ficcional donde los planos psicológicos, detalles históricos, sociales o místicos ayudan a darle verosimilitud a este singular relato. Comprarse el pleito en adentrarse en el cosmos e innovar a través de un nuevo lenguaje que permita su sencilla lectura y satisfaga la curiosidad de todos los lectores.
Abundan en esta novela detalles históricos, es más, en las primeras líneas despliega una pequeña cronología desde la llegada de Cristóbal Colón en su primer viaje a Santo Domingo y verse cara a cara con los taínos y entrelazar sus razas dando lugar al nacimiento de una progenie mestiza que subsiste hasta la actualidad. Así nace, en ese contexto, el principal personaje y columna vertebral de esta novela, Estela. El autor nos relata las aventuras de los trascendentales personajes herederos de este tronco matriarcal a la que llama, “la vieja Estela”. Escribe:
“Hija única de un matrimonio que trajo al caribe 12 hijos, tuvo que lidiar tanto con la naturaleza como con sus hermanos, varones todos ellos, cada cual con su locura de supervivencia de aquella época. Estela, ni en el más alocado de sus vértigos, imaginaría que, en el otoño de su vida, llegaría a tener cinco nueras, progenitoras de su correspondiente prole que, a la larga, fue su consuelo en el cenit de su intrincada existencia”.
Poco a poco, Mauro no va sorprendiendo con esta pequeña novela, revelándonos los misterios de la progenie, enmarañados momentos que nos pueden causar carcajadas, revelar los parentescos y hasta hacernos delirar con las disparatadas descripciones de sus personajes, tanto como sus costumbres y los delirios por el amor, entre otras semblanzas. Uno puede leerla de un tirón o recostarse en la comodidad de un sillón y beberla a sorbitos. Como el gran Gabo que nos compartió su realismo mágico, Mauro nos regala un poquito de su magia, o de sus palabras.
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