Iván Arenas

El poder irreversible de las regiones

El poder irreversible de las regiones
Iván Arenas
15 de octubre del 2014

Que Gregorio Santos haya sido reelegido por amplia mayoría debiera ser aleccionador

Todo es ensayo y error. Lo mismo pasó a principios de la república cuando los caudillos militares en actitud cainita y mirando siempre al corto plazo casi partieron la unidad del Perú para convertirla en una confederación. Casi la balcanizaron o descuartizaron. Las regiones existen porque el propósito principal es la participación activa de los ciudadanos en la toma de decisiones locales. Si bien este objetivo ha sido pervertido por grupos gansteriles -los cainitas de hoy- para capturar el botín del presupuesto público que el milagro económico ha logrado, no hay vuelta atrás. Mirando al largo plazo, las regiones, y por ende la democracia peruana, se fortalecerán, pero evidentemente no así, sin institucionalidad. El aprendizaje es constante, fruto del ensayo y el error.

Que Gregorio Santos haya sido reelegido por amplia mayoría debiera ser aleccionador si queremos construir la promesa de la democracia republicana. Así como no existe mercado sin un estado que garantice condiciones mínimas para que los agentes económicos vivos se desarrollen, no puede existir democracia sin la participación de los partidos políticos a lo largo y ancho de la patria.

Pero no podemos olvidar que también hay un César Acuña producto de esta misma perversión. Si en algo se parecen ambos, Goyo y Acuña, es que representan sectores provincianos, cada uno con demandas propias a su entorno, intermediación que era responsabilidad absoluta de los partidos políticos que creen en una democracia sana, republicana, con equilibrio de poderes, respeto a la propiedad y lejana a las ideologías antisistema, antidemocráticas,  o al patrimonialismo que ahora impera.

Al final de la jornada hay la sensación de que algo hemos ganado: El debate de la reforma política institucional, del crecimiento sin reformas serias, de una clase media emergente provinciana sin ciudadanía política. Además la informalidad y la seguridad ciudadana han pasado a la agenda inmediata de analistas, politólogos y políticos dejando atrás esa tesis equivocada que sostenía que la política y la economía iban por caminos separados. Nos hemos dando cuenta, también, que sostener la democracia y el crecimiento económico es un reto aún mayor que el haberlos empezado.

Hablar de “crisis de las regiones” o querer desaparecer a los movimientos regionales de un plumazo es parte de la miopía y el diagnóstico fácil, simplista. En todo caso la “crisis”, o la entropía, permite ver mejor y resolver el problema sin la premura del aggiornamento limeño.  Y si algo de “crisis” existe es, en todo caso, la emergencia de las regiones con el poder suficiente para traer un nuevo paisaje social y cultural, un nuevo Perú. Entenderlo, allí está el desafío.

Responder las nuevas  preguntas de este siglo con fórmulas de antaño sería una equivocación como tantas en la historia republicana. Desde la óptica braudelina de “onda larga”, la descentralización eficiente y efectiva, al servicio de los ciudadanos de las provincias y distritos más alejados, llegará como la democracia se impone, a pesar de sus defectos. Por ahora solo nos queda, como señala un viejo adagio chino, cruzar el río sintiendo las piedras debajo de los pies.

Por Iván Arenas
(15 - oct - 2014)

Iván Arenas
15 de octubre del 2014

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