Aldo Llanos
El efecto Buzz Lightyear
Los padres deben estar informados sobre los contenidos a los que expondrán a sus hijos

Esta película de Pixar (Disney) estrenada el 16 de junio en nuestro país ha causado tal revuelo que ha llegado a incordiar a diversos actores del juego político de derechas, demostrando que esa unión –como oposición a Castillo y a la izquierda– está pegada con babas.
¿Qué disparó tal sucesión de reacciones? Un aviso que la cadena de cines Cineplanet colocó en la reseña de la película: “Contiene escenas con ideología de género”. Inmediatamente las redes sociales se encendieron, mostrando (una vez más) la polarización que en este punto contrapone a muchos peruanos.
Pero antes de que empiecen a tirarme flores o tomates, analicemos un poco la cuestión a modo de preguntas y respuestas.
La película Lightyear, ¿para qué público está destinada principalmente? Así se diga que es una película “apta para todos”, es evidente que el público objetivo es el infantil. Entonces, a sabiendas de que el film va a ser visto por muchos niños, cabe preguntarse si todo lo que puede mostrarse en este tipo de películas da igual. Si hubiera quién responda que sí, se le podría preguntar: ¿En virtud de qué o de quién? Ya que, por esa vía, toda moral o reparo prudente se invalida de plano por la dictadura del relativismo. Pero si se responde que no, entonces podemos preguntar: ¿qué criterios serían más válidos para establecer qué mostrar y qué no?
Pienso que un criterio para analizar cualquier escena en cuestión sería el del tándem querer/necesitar. Por ejemplo. ¿Un niño quiere o necesita entretenerse con contenidos apropiados para su edad? Es evidente que, aun queriéndolo, el niño necesitará primordialmente entretenerse con contenidos apropiados para su edad. De allí que no sea apropiado exponerlos a contenidos relacionados con violencia o sexo explícito, en atención a su desarrollo psicológico y moral.
La cuestión que encendió las críticas de la derecha religiosa y de los conservadores ha sido la escena del beso entre mujeres que conforman una pareja homoparental. Sobre estas críticas también se han elaborado numerosas respuestas por parte de la izquierda caviar y la derecha liberal. Sin embargo, podemos preguntar, intentando ser imparciales: ¿una escena de beso lésbico o mostrar a una pareja del mismo sexo, es lo que los niños quieren o necesitan? Que lo quieran en la película es muy difícil. Ningún niño va al cine especialmente para ver ese tipo de escenas. ¿Y lo necesitan? Tampoco. ¿En qué podría afectarles la ausencia de dicha escena?
Entonces, ¿por qué la han incluido? Intuyo el por qué: hay personas adultas que lo quieren/necesitan. Ya sean actores directos de esto, personas con atracción por el mismo sexo (AMS); o indirectos, personas que estiman mucho a los primeros. En el fondo, es un deseo de aceptación, de ser aceptados por sus afectos. Esta búsqueda de aceptación es muy comprensible después de tantos dramas que muchos de ellos (y los suyos) han tenido que pasar a lo largo del tiempo. Pero, ¿es necesario que, para lograr dicha aceptación, se tenga que poner este tipo de escenas en producciones destinadas para niños? ¿No hay otros modos de hacerlo sin invisibilizar el derecho de los padres de estar informados sobre los contenidos a los que expondrán a sus hijos?
Aquí se encuentra el verdadero reto que nos empuja a pensar en salidas que puedan tener en cuenta dicho deseo, sin necesidad de entrar en franco conflicto con lo segundo. Pienso que la polarización excluyente en este tema no beneficia en nada a los niños ni a sus padres; tampoco a las personas con AMS y a quienes los quieren. Más bien se ha dado paso, lastimosamente, a la ley de la selva, que solo beneficia a quienes sacan réditos políticos de esto.
Dado que, según el criterio mostrado, los niños no buscan estas escenas ni las necesitan, ¿hubiera ocurrido lo mismo si en la reseña de Cineplanet colocaba “contiene escenas LGTB” en vez de “contiene ideología de género”?
Todo esto me parece sumamente sospechoso. Cineplanet pertenece al grupo Intercorp, quienes hasta la fecha no se han caracterizado por ser muy conservadores en cuanto a su publicidad, sino todo lo contrario. Han utilizado la etiqueta “ideología de género” que se utiliza en la guerra cultural entre progresistas y conservadores. ¿Lo hicieron sin saber nada de esto o sabían perfectamente lo que hacían y lo que querían conseguir?
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