Franco Germaná Inga
EL APOCALIPSIS LAVA JATO

¿Hasta cuándo el Perú será usado como la cueva de AlÍ Babá?
¿Acaso no hay políticos y funcionarios honestos en todo el país? ¿O todos ellos entran siendo honestos, pero el sistema los malogra en el camino? Esas son las preguntas —injustas en muchos casos, porque sí hay gente decente en el Estado— que me he hecho durante la semana, al seguir de cerca los destapes del caso Lava Jato, quizás el escándalo de corrupción más grande de la historia del Perú y de América.
Decepción, indignación y dolor. Esos son los sentimientos que me surgen a flor de piel cuando, informe tras informe, me entero cómo alegremente las empresas brasileñas corrompieron a miembros de los gobierno de Toledo, García y Humala con la finalidad de obtener licitaciones. Ira es lo que siento al siquiera pensar que algunos de los expresidentes podrían estar involucrados; es decir, si se comprobara en el futuro que este fue el caso, ¿en qué manos llegamos a confiar las riendas del país en el pasado?
Sorpresa es lo que siento al ver que hasta ahora la Fiscalía no ha ordenado la intervención de las oficinas de Odebrecht en el país en busca de pruebas incriminadoras. ¿Alguien en su sano juicio cree que estas pruebas siguen ahí? Miedo, es lo que siento al leer cómo Teori Zavascki, el juez supremo del Tribunal Federal de Brasil, que presidía el juicio de Lava Jato, murió en vísperas de homologar las confesiones de ejecutivos de las constructoras implicadas, en un “accidente” aéreo en un avión en el que ¡oh, sorpresa! (nótese el sarcasmo), no había caja negra, por lo que no se podrán saber las causas del siniestro. ¿Seré el único que se siente de esta manera?
¿Hasta cuándo los peruanos nos vamos a resignar a que nuestro país sea usado como la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones? El caso Lava Jato se perfila como un verdadero Apocalipsis para cierto sector de la clase política. Hay todavía mucho pan por rebanar y sobre todo muchas personas por apresar; pero por más lamentable que sea este escenario, representa una oportunidad de oro para dar un salto cualitativo en nuestra política. En definitiva, un nuevo Génesis. Este deberá incluir nuevas caras, más transparencia y responsabilidad solidaria de los partidos políticos, en caso de que sus militantes sean hallados culpables en casos de corrupción. Esta medida hará que los partidos se esfuercen en buscar no solo buenos técnicos, sino también buenas personas; en caso contrario, el bolsillo del partido sufrirá las consecuencias. Estas tres medidas deben ser parte de todo proceso político bien intencionado de renovación.
Finalmente, como se habrán dado cuenta, el caso Lava Jato me provoca muchos sentimientos negativos. Salvo uno: la risa. Es lo que siento al imaginarme en la sombra a los peces gordos, rezando para que el pueblo se contente con los crustáceos que se han identificado como responsables. Caiga quien caiga, ya sean de izquierda, derecha o centro; del gobierno de Fujimori, Toledo, García o Humala; militantes o independientes; empresarios o políticos; poderosos o débiles; residentes o fugados; peruanos o extranjeros; así los malditos sean humanos o reptilíneos, responderán por sus actos.
Por Franco Germaná Inga
@FrancoGermana
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