Pedro Corzo
El 24 de febrero de 1895
A 126 años de la gran gesta de José Martí

Esta fecha dice poco a muchos cubanos. El Grito de Baire, el levantamiento independentista que organizó José Martí junto a otros patriotas en más de una veintena de localidades de la Isla, es un suceso al cual el totalitarismo ha decidido quitarle relevancia. Al igual que a otras numerosas efemérides que constelan nuestra historia Patria; como el 10 de octubre, el primer clamor efectivo por soberanía de los cubanos.
Fueron muchos los patricios que dentro y fuera de la Isla laboraron por años a favor de la independencia. El destierro fue vital para el 24 de febrero, pero la obra interna que coordinó Juan Gualberto Gómez fue determinante en la consecución del objetivo final.
El castrismo, desde el primer día del triunfo de la insurrección, intentó destruir todos los fundamentos de la nación cubana. Inició una campaña de descrédito contra los patriotas que gestaron y condujeron la Guerra de los Diez Años, una epopeya que reduce la insurrección capitaneada por Castro en la Sierra Maestra a una simple escaramuza.
La historia oficial del castrismo se ensañó en las figuras de Carlos Manuel de Céspedes y de Francisco Vicente Aguilera, e ignoró otras como la de Ignacio Agramonte. Se dijo mucho de sustituir la bandera nacional, aunque no el himno, porque de hecho fue suplantado por la Internacional comunista. Fue una operación orientada a restar méritos a las figuras más notables de aquella gesta, que después fue revelada con una consigna esgrimida por el propio Fidel Castro que decía, “Nosotros entonces habríamos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”.
Después de todos los esfuerzos oficiales para destruir el pasado, se percataron de que las tradiciones patrias eran fundamentales para sus propósitos. Entonces abandonaron el intento de borrarlas, y retomaron algunos sucesos trascendentales y figuras históricas que manipularon para su provecho. Hasta que definitivamente las abandonaron por completo, y dejaron de instruir y educar al respecto a las nuevas generaciones.
Los totalitarismos están inspirados ideológicamente. O simplemente están al servicio de un caudillo mesiánico. por eso demonizan el pasado para justificar sus depredaciones, a la vez que las reescrituras anuncian la llegada de un salvador.
Los medios de divulgación, rápidamente controlados por el Estado, junto a la ideologización de la educación, presentaron a la población un nuevo país que, apoyado en la intensa propaganda gubernamental dentro y fuera de la Isla, gestó y propagó la idea de que Cuba era un pantano al servicio de los intereses más mezquinos. Una mentira que le ha hecho un grave daño a la nación, porque aunque no era un país perfecto y había serios problemas sociales y políticos, distaba mucho de ser lo que el castrismo ha popularizado entre cubanos y extranjeros.
El castrismo entendió que solo la represión y un régimen totalitario le garantizarían el poder por décadas, y que era vital para sus designios recrear un vergonzoso pasado que lograra confundir y desorientar hasta a sus enemigos. Y para que estos últimos se vieran presionados a defenderse de una trama que no existió y de la cual serían acusados de haber sido cómplices. Esta tramoya ha sido verdaderamente eficiente en sus objetivos. Una realidad que han podido constatar los cubanos que han vivido en otros países latinoamericanos.
Una de las características fundamentales de estos regímenes es que reescriben la historia a la medida de sus intereses y omiten todo lo que no puedan manipular, tal y como hicieron con la historia republicana y con las festividades y conmemoraciones cristianas. Tengamos presente que tanto la Semana Santa como la Navidad desaparecieron del calendario oficial cubano por más de veinte años; efemérides que fueron restauradas por oportunismo político de la clase dirigente castrista.
Cuba y Venezuela están en un grave riesgo de perder su patrimonio nacional, el intangible, ese en el cual rendimos tributos a los acontecimientos fundamentales de la nación y a las personas que los hicieron posible. Por eso Hugo Chávez determinó cambios en la bandera y el escudo, y ha intentado apropiarse de la figura histórica de Simón Bolívar, tal y como hizo Fidel Castro con la de José Martí. Y es que las dictaduras ideológicas saben que una mentira repetida muchas veces es una verdad aceptada por muchos.
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