Alejandro Arestegui
(Des)Ilusión con los plebiscitos (I)
La mala propuesta de constitución en Chile y sus posibles consecuencias

Cuando se habla de golpe a la democracia en Chile la mayoría de politólogos y académicos de centro y de izquierda solamente hacen referencia a aquel 11 de septiembre de 1973. En aquella fecha el ejército chileno dio un golpe al nefasto gobierno del socialista Salvador Allende. Sin embargo, aquellos que tenemos una visión más amplia y sin sesgos debemos mencionar que el último gran golpe a la democracia y la estabilidad de Chile se llevó a cabo en octubre del año 2019; fecha en la que un psicosocial promovido por el resentimiento y ambición de las izquierdas más radicales condujeron a un proceso constitucional sin sentido que sigue siendo pagado por el contribuyente chileno.
Al cumplirse prácticamente cuatro años de este proceso que busca la redacción de una nueva constitución para la república chilena este domingo 17 de diciembre se votará un nuevo plebiscito de salida en este caso para votar a favor o en contra del nuevo borrador de constitución. Esta vez ha sido presentado por bancadas que en teoría son de “derecha” y que en teoría escribirían una modelo de constitución distinto al que presentaron los izquierdistas en el primero de los plebiscitos. No obstante, un grueso de los políticos y de la intelectualidad derechista está animando a los ciudadanos a votar en contra de este documento ¿A qué se debe esto?
A partir del año 2019 la izquierda impulsó un proceso constituyente que busca cambiar totalmente la constitución chilena de 1980, arguyendo que esta constitución se redactó en dictadura y que manifiesta toda la ideología del general Pinochet. No obstante, hay que aclarar que esta constitución fue ratificada con la vuelta a la democracia de Chile en 1988 y que sufrió grandes cambios con la reforma socialdemócrata de Ricardo Lagos en 2005. Tras los tremebundos y caóticos sucesos de fines de 2019, la izquierda radical en Chile logró su cometido y comenzó el proceso constituyente llamando a elecciones para elegir asambleístas constituyentes.
Como era de esperarse la izquierda ganó abrumadoramente los escaños en esta primera elección. El proceso de elaboración del primer borrador fue bastante engorroso y tomó mucho tiempo y dinero. El primer borrador de nueva constitución era abiertamente izquierdista, alarmantemente estatista y estaba inspirado enormemente por el posmarxismo cultural y las últimas tendencias del progresismo occidental.
La izquierda sufrió un gran varapalo el año pasado ya que el pueblo chileno rechazó con un tajante 61.89% el borrador que habían redactado en su mayoría los asambleístas constitucionales de izquierda. Ante esto se tuvo que volver a llamar a elecciones para elegir nuevos asambleístas constitucionales. En este caso la mayoría fue ganada por el Partido Republicano de Chile, el cual trabajó en conjunto con la centroderecha de Chile Seguro para elaborar un segundo borrador de nueva constitución para someterlo a plebiscito. Gran desilusión se han dado muchos chilenos al revisar que este segundo borrador que en teoría iba a ser mucho mejor que el primero no pasa de ser una tibia constitución socialdemócrata que sigue pretendiendo incluir al estado en muchas actividades que le incumben exclusivamente al sector privado.
La nueva propuesta de constitución es bastante neutra en ciertos puntos, es una constitución de corte moderno grandemente influenciada por las cartas europeas, no da reconocimiento ni primacía a la iglesia católica, pero otorga beneficios tributarios a todos los cultos y religiones. En temas como la eutanasia no se expresa tajantemente, dejándolo a esto al arbitrio de una ley concreta. La ley máxima en teoría protege la vida del concebido, por lo que estaría cerrando la puerta a proyectos de ley que aprueben el aborto legal y sujeto al arbitrio de la mujer.
El nuevo borrador de constitución no tiene un capítulo de régimen económico. Aunque esto último es algo bastante positivo, sigue conteniendo en su texto constantes menciones al estado, al aparato público y a programas estatales para numerosos rubros. La teoría del “estado social” es un régimen jurídico legal propio de la posmodernidad y cuyo término puede ser interpretado ambiguamente, muchas veces en pro de un crecimiento desmedido del estado. El banco central sigue siendo autónomo sin embargo sigue con algunas funciones que los liberales cuestionaríamos bastante (como ser prestamista de última instancia).
En cuanto a algunos artículos que en lo personal me parecieron alarmantes y debemos de revisarlos debido a su mala redacción, dispondré de una lista para la próxima semana, en la cual sabremos si este borrador será aprobado o no. No obstante, queda otra amenaza latente. Estaba dicho que el gobierno actual no impulsará una tercera asamblea constituyente en caso de que este segundo borrador no sea aprobado. Sin embargo, no se irán con las manos vacías. Existe una cláusula que permite realizar reformas constitucionales al parlamento con tan sólo 4/7 de quórum, que prácticamente es una mayoría simple para realizar modificaciones importantes a la constitución vigente. Como siempre la casta política ve la forma de seguir ganando. Mientras tanto Chile sigue a la expectativa y el que fuera uno de los países con mayor proyección de crecimiento, no solo América Latina sino en el mundo, sigue estancado por culpa de la incertidumbre política. Gran desilusión.
Por último, que este nefasto proceso constituyente chileno nos sirva de lección a todos aquellos peruanos que desean cambiar la constitución. Muchas veces un grupo reducido pero violento y bullicioso termina perjudicando a todo un país impulsando un proceso constitucional a todas luces ilegítimo. Debemos de mantenernos firmes en defensa de la actual constitución, esto no quiere decir que se puedan realizar reformas importantes. (Considero por ejemplo que se debe eliminar la figura de economía social de mercado para pasar a una economía mucho más liberal). Todo esto, obviamente, debe pasar por una participación asertiva y continua de la ciudadanía. Sin embargo, muchas veces lo dejamos al arbitrio de los políticos, muchas veces gente sin escrúpulos y como James Buchanan lo adelantó, el sistema político ofrece incentivos perversos a quienes entran en él.
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